Hablamos con Alejandro Palomas

Foto de Alejandro Palomas

Foto del escritor Alejandro Palomas, Premio Nadal 2018

Alejandro es escritor, profesor de escritura creativa, traductor, poeta… Tras publicar Una madre, Un perro y Un amor (novela con la que ganó el Premio Nadal 2018), recientemente ha visto la luz un poemario, Quiero, editado por la Fundación José Manuel Lara.

Hola, Alejandro. Un placer inmenso tenerte en mundopalabras.es. ¡Empezamos! ¿Te resulta fácil remontarte a aquel momento en el que Alejandro Palomas se dijo a sí mismo, por primera vez, que eso de escribir merecía la pena? ¿Te apetece comentar con nosotros cuándo ocurrió?
Pues me resulta difícil porque no sé exactamente cuándo me he dicho que escribir merezca la pena; no he estado nunca seguro de ello. No lo vivo así, no me lo planteo, no sé hacer otra cosa, no sé vivir de otra manera, con lo cual no es una posibilidad, es siempre una realidad, no he contemplado otro camino, más camino que este.

¿Recuerdas también, con nitidez, cómo se inició tu pasión por la lectura?
Empezó desde muy pequeño, tenía una tía bibliotecaria que nos traía libros todos los viernes a los tres hermanos. Para nosotros el viernes era “que viene tía Nuri”; una especie de Papá Noel con un libro para cada uno. Además, mi tía los seleccionaba porque nos conocía muy bien, por lo que creaba la expectación. Y ahí empezó, ese juego, esa cosa lúdica de qué bien que viene el regalo, y el regalo era la lectura.

¿Necesita Alejandro Palomas escribir? En caso afirmativo, ¿para qué?, ¿qué lugar ocupa la escritura en tu día a día?
No exactamente. Necesito crear con la palabra, pero no sé si necesito escribir. Me gusta mucho jugar con las palabras, con el lenguaje, me gusta el lenguaje, pero no exactamente con la escritura. De hecho creo que cada vez me gusta menos escribir; me gusta más oír, me gusta más el lenguaje hablado que escrito, la musicalidad del lenguaje que la gramática, que la escritura como forma de lenguaje.

¿Siempre confiaste en Alejandro Palomas escritor? ¿Qué le dirías a un autor o una autora que nos esté leyendo en este momento desde la absoluta desconfianza en sí mismo y su escritura, a punto, quizá, de tirar la toalla?
Sí, siempre confié. He tenido muchas dudas en muchos aspectos de mi vida, en muchos ámbitos en lo personal, pero en lo profesional nunca. Siempre he tenido una vocación muy firme y nunca he dudado de que iba hacia donde iba.
No sé qué le diría a esos escritores, es fácil decir cosas, pero difícil acertar. Cada escritor/a es una persona, un enjambre de terminaciones nerviosas que vienen de un pasado, que forman vida, somos muy complejos todos y es difícil generalizar. Solo puedo decir que a escribir se aprende, pero hay que tener una luz especial, una luz en la mirada especial, no todo el mundo sirve para ser escritor como no todo el mundo sirve para cualquier otra cosa. Para ser escritor/a tienes que tener un ADN especial.

¿Sientes gratitud hacia tus personajes y la vida que trazan en tus novelas? ¿Tienen ellos una influencia positiva en el día a día de Alejandro Palomas?
Sí porque son muy generosos y me dan mucho. Supongo que yo también lo soy con ellos y eso me ayuda a mantener una muy buena relación con mis personajes. No me crean dudas, no me crean problemas, al revés, solucionan muchos de ellos, por lo cual siempre les estoy muy agradecido. Y sí tienen una influencia muy positiva en mi día a día, absolutamente, y eso es lo que me engancha de ellos, me dan mucha energía, cuando estoy escribiendo es cuando más energía tengo y cuando más generoso soy. Generoso en cuanto a generosidad y en cuanto a generar, genero muchas cosas, muchas ideas, genero mucho movimiento tanto mental como emocional.

De todas las obras publicadas hasta el momento, ¿cuál es la más especial para ti? ¿Y la que más trabajo te costó crear?
Sin duda El tiempo que nos une. Creo que es una obra que no sé si podré volver a escribir; siempre doy gracias por poderla haber escrito. Me parece maravillosa, hay otras obras muy buenas, pero esta para mí es especial: la niña de mis ojos. Y la que más trabajo me costó crear: El alma del mundo, porque es la que menos cosas tiene de mí, la más alejada del Alejandro más cercano, y a mí me cuesta mucho alejarme de mí para crear.

De todos tus personajes, ¿hay alguno que ocupe un lugar predominante en tu corazón?
Muchos. Muchísimos, sobre todo Mencía, de El tiempo que nos une, creo que es mi mejor personaje. Amalia también es uno de mis mejores personajes, y Guille.

¿Sigues alguna técnica narrativa para construir tus novelas o simplemente escribes, tal y como van surgiendo las ideas?
Escribo tal y como me van surgiendo las ideas, de una manera muy intuitiva, lo que supone mucho sufrimiento y a la vez mucha diversión, es una experiencia muy intensa. No sé lo que va a ocurrir ni lo que voy a escribir el día siguiente, es como escribir sobre un lienzo a oscuras. También es muy agotador, pero cuando sale (hasta ahora tengo suerte de que sale) es irrepetible, porque tu momento es distinto del momento en el que has escrito lo anterior, tu estado de ánimo, tu evolución como persona, y entonces la recuerdas siempre como parte de un momento vital, y eso las hace totalmente únicas.

¿Disfrutas por igual escribiendo narrativa o poesía o te sientes mejor en alguno de ambos géneros?
Disfruto igual escribiendo narrativa, poesía teatro, guion; yo disfruto escribiendo, disfruto del trato con la palabra, de la musicalidad. No siento que escribo, siento que compongo cosas, melodías, obras que no son novelas ni poemarios ni guiones: son música. No sé bien cómo explicar esto, pero a pesar de no saber escribir ni leer música, tengo la sensación de que lo que más se acerca a lo que yo hago es componer música.

¿Habías soñado alguna vez con recibir el Premio Nadal? ¿Cambió esto mucho tu trayectoria como escritor o tu vida en general?
Sí, había soñado, pero también con recibir muchas otras cosas que no se han cumplido. Muchos de nuestros sueños no se cumplen y este sí. Mi trayectoria no estoy seguro, pero mi visibilidad, sí. Gracias al premio he llegado a muchísima más gente, he tenido acceso a un público mucho más amplio, he tenido más comodidades en la estructura, en el día a día literario y profesional. Si hablamos de un cambio interior no lo ha habido, sigo viviendo igual, escribiendo y sintiendo igual, de hecho no me acuerdo muchas veces de que me han dado el Premio Nadal. Los premios no marcan la vida de un novelista, lo cambian mucho más las novelas. Si las escribe como yo, te marcan mucho más las novelas que lo que consigues con ellas.

¿Algún ritual que te ayude a conectar con “las musas”?
No soy de ritual, no tengo. Cuando escribo estoy muy encerrado en mi casa, en el campo, y tengo un vida muy solitaria; normalmente la tengo, pero cuando escribo, mucho más. Una alimentación muy determinada, soy vegetariano, pero sí intento tener las comidas muy ordenadas, hacer mucho deporte, me cuido más. Normalmente me cuido mucho, pero más aún mientras escribo; intento que exista como una paz exterior que ayude a condensar la paz interior que necesito para escribir.

¿Cuál es, en tu opinión, la mejor definición que han hecho de ti como escritor o de tu literatura?
Alguien me definió una vez , en cuanto a mi poesía (algo que me gusta mucho), como el poeta del silencio, y eso me encanta, creo que es lo que más se aproxima a lo que soy.

La principal fuente de tu literatura es… Lo más cercano a mí, mi entorno, lo que más me toca, lo que me rodea.

Lo mejor para escribir es tener cerca… En mi caso, un perro. Me da mucha tranquilidad, me ayuda a expresar mucho el cariño físico, me salva muchas veces de muchas cosas.

Si tuvieras que elegir entre la risa o la escritura como herramienta terapéutica te quedarías… La risa.

Un personaje literario que te cautivara especialmente… Emmerent, de la novela La puerta, de Magda Sabo.

La novela que te hizo llorar… No recuerdo una que me haya hecho llorar, no lo recuerdo, supongo que habrá alguna. Me han hecho llorar algunas de las mías.

Lo que te hace más feliz… Ver felices a las personas que se nutren de mis actos para poder ser felices; saber que son felices las personas a las que quiero.

Lo que más odias de este mundo… El maltrato.

Una manía personal… Ponerle nombres a las plantas, por ejemplo, que las plantas siempre tengan nombre, porque si no, son simplemente plantas y para mí no lo son.

Muchísimas gracias, una vez más, a Alejandro Palomas por su cercanía y exquisita amabilidad. ¡Gracias!

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