Podemos tener la historia más original y bonita jamás contada; podemos dominar la pluma con…
Nos gusta mucho una frase que afirma: «No hay segundas oportunidades para primeras impresiones». La primera impresión que se lleve de nuestro libro un posible lector que lo tome en sus manos para hojearlo va a estar basada (aparte de en otros elementos como la sinopsis o la portada…) en el comienzo que hayamos elegido para arrancar nuestra narración. Y no tendremos más que una oportunidad para captarlo, para engancharlo, para atraer su atención y conseguir que decida que le merece la pena continuar la lectura.Y es que las primeras frases con las que un autor decide comenzar su historia son claves para mostrarnos muchas cosas: el núcleo fundamental de la acción que desencadenará todo lo demás; la introducción de un misterio o suspense; la presentación del personaje protagonista; la muestra del estilo personal del escritor; el tema, tono o estilo que tendrá la obra…Por esta razón, una recomendación importante para conseguir atraer a nuestros lectores es huir de los datos y las descripciones superfluos (pueden desubicar y hacer perder el foco) y arrancar ya con algo que estimule al lector, que lo sorprenda, lo zarandee y despierte su curiosidad haciéndole sentir ese deseo infatigable de leer sin cesar hasta descubrir o encontrar las respuestas que necesite.
La muerte, el amor, las emociones, el misterio… son recursos muy presentes en los comienzos de los mejores libros que han pasado a la historia de la literatura. Quizá por eso García Márquez, quien llegó a reconocer que podía tardar meses en escribir las primeras frases de sus novelas, decidió abrir de la siguiente manera Crónica de una muerte anunciada: «El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo».
«Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita».
La metamorfosis de Kafka: algo totalmente diferente, misterioso, sorprendente…, que hace que el lector inevitablemente se pregunte qué está pasando y cómo se va a resolver dicha situación: «Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo».
Esperamos haber aportado algunas sugerencias de utilidad para comenzar vuestras novelas. ¿Cuál es para vosotros el mejor de los comienzos que habéis leído? Gracias por ayudarnos a difundir este artículo compartiendo en vuestras redes.
