Tiempo y vida, de Lola Deán Guelbenzu

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Poemario

Prólogo de Ramón Alcaraz García

Mi encuentro con la poesía de Lola Deán no ha sido el habitual. Normalmente leemos a los poetas y sus poemarios, y quizás, si la vida y el azar lo permiten, escucharemos recitados algún día esos poemas que nos gustaron en el papel. Para mí, con Lola el orden ha sido inverso: primero la he escuchado recitar sus poesías, porque compartimos tertulia ya hace tiempo, y después tuve la oportunidad de leer su obra.

Escuchar recitado un poema nos suele dar la verdadera dimensión de lo que nos ofrece: el ritmo, la cadencia, el tempo, la intensidad, el estilo. La poesía de Lola Deán es firme y nítida, profunda y a la vez delicada en su forma, original. Su domino del verso, sus ‘tablas’ literarias, su experiencia y sentido del orden y la estructura, sin que ello reste emoción ni sensibilidad.

Tiempo y vida es un recorrido, una metáfora de la existencia, que ya se muestra en los títulos de las diferentes partes en que se divide: “Alborada”, “Mediodía”, “Atardecer” y “Plenilunio”. El poemario, desde su inicio, se abre y nos abre al asombro de lo nuevo y nos invita al descubrimiento. Busca la complicidad del lector y le ofrece un viaje juntos, al mismo tiempo, en ese instante de papel que une pasado y presente para abordar un futuro inmediato de letras, de palabras y de versos.

Decía un poeta que el niño de tu YO es un reciennacido eterno que no te puede seguir. La infancia. Buen inicio. Para entendernos y para olvidarnos. “La infancia son recuerdos…”, decía otro famoso verso. Etapa en donde todo es mágico descubrimiento, principio del juego de la vida tan rico en objetos y detalles, de ilusiones, de sonrisas y espinas.

Mediodía. Ya no hay frontera. Razón de los espejos, de miradas. Crecimiento. Cicatrizan recuerdos y se abre el camino hacia la calidez del alto sol que ilumina el porvenir.

La tarde es verde-azul, al calor de sus brasas se consumen las nostalgias, unos sueños se olvidan y otros crecen. Esperanza y compromiso. El camino transcurre al borde del acantilado, un abismo de sirenas y libertad. Y el rumor de una nana cambia el mundo. Aire de miel.

Luces apagadas y un sofá en el cuarto. “Ni una queja nunca aunque duela el aire”. Recuento de versos, recuento de instantes. Pero los años giran a la inversa, las manos abiertas. Júbilo y memoria. “El paso del tiempo surcado de arrugas como buen testigo”.

Yo siempre digo que la buena poesía es profundamente sencilla o sencillamente profunda. Te invito a adentrarte en este poemario y que te dejes llevar por esa mano amiga que te invitará en cuanto atravieses su umbral. La entrada a un camino de vida y de tiempo, de tiempo y de vida.

Para adquirir el libro en papel, por favor, escríbenos y te pondremos en contacto con la autora.

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