Lo primero que se viene a mi mente es…

Una habitación a medio alumbrar por una lámpara colgante al ritmo de un vaivén, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, iba al ritmo de mis emociones en ese momento, sin saber en donde fijar exactamente mi mirada, sólo podía divisar una silla de madera un poco corroída por la desesperación mórbida de una termita, se encontraba justo debajo de la lámpara incansable en su movimiento, alguien pudo estar sentado allí, al escucharme llegar salió de prisa dejando bailar aquella luz que no parecía tener fin, no me podía imaginar nada más.

Sin salir de la habitación, al final, hacia el lado izquierdo podía observar una puerta de color marrón, un tanto desgastada, entreabierta, sentía como la rendija me observaba y exclamaba mi atención, pedía por mí y yo iba por ella, como si me hubiera hechizado, no sé como mis piernas se pusieron en automático y con cada temblor daba una pisada tras otra, de manera sigilosa, con la curiosidad a flor de piel, ni siquiera sabía si iba a terminar como el gato que murió a causa de lo mismo que yo sentía, estaba a punto de llegar y calmar mi ansiedad pero un ruido hizo que me detuviese, parecían trastes cayendo, me preguntaba si había alguien más asustado que yo en ese momento, más me valía pensar así para poder afrontarlo, extendí mi mano para tratar de palpar aquella puerta, sentía que bastaría con tocarla para llegar a saber que era lo que había detrás, la toqué, estaba áspera, tanto que si se pudiera tocar el dolor en el alma se sentiría exactamente como lo áspero de esa puerta. Con un impulso que salió desde el centro de mi ser la empujé, como queriendo que el que había hecho tal ruido note mi presencia, que me muestre sus cartas y definir el juego que jugaríamos. El olor que se desprendía de aquella habitación era como un bar que no había sido limpiado hace semanas, una mezcla de agua ardiente con cenizas de cigarro, no había humo pero parecía como si lo oliera.

Aquella habitación sólo era alumbrada por el resplandor de la luna que entraba por una ventana abierta que se encontraba al lado derecho, puse un pie delante de la habitación y sentía como mis pupilas se agrandaban cual felino en la oscuridad, tragué saliva mientras mi visión se aclaraba. Debajo de la ventana había ropa, como si no hubieran considerado llevarla al salir, ¿sería que algún vagabundo no había encontrado mejor guarida que aquel muladar? ¿si era vagabundo tenía la dicha de tener más de una muda de ropa para no llevar aquella? ¿qué era? ¿quién era?.

Me acerqué raudamente para ver si encontraba algún documento de identidad, tal vez lo conocía, tal vez podria tener algún indicio para ver ante quien podría enfrentarme. La ropa estaba ligeramente húmeda, constaba de una camisa crema, al menos parecía haber sido de ese color, estaba con manchas de alguna bebida alcohólica, era muy fuerte el olor, habia inundado toda la habitación, aunque no era lo único a lo que olía había otro olor más que no sabía descifrar. También había una corbata satinada, era de color aguamarina, un saco marrón y un pantalón del mismo color. En sus bolsillos encontré una factura de una ferretería, sólo eso, nada más.

Con el ánimo de irme, me encontraba un tanto confundida sin explicación coherente en mi mente, giré hacia aquella puerta pero algo llamó poderosamente mi atención, en el centro de la habitación se encontraba una galonera parecía ser de gasolina, estaba justo al frente de la puerta por la cual habia entrado, cómo no pude haberla visto. Hacia mí llegaba un rastro de ese líquido que rozaba con sutileza la punta de mis zapatos. ¿Qué había pasado allí? ¿Quién dejó su ropa abandonada? ¿Era de él? ¿ Era de alguien más? ¿Alguien se quitaría la vida o la de alguien más? ¿Querían deshacerse del edificio o de alguna evidencia? ¿Querían deshacerse de mí también?

Salí apresuradamente, detrás mío la puerta se cerró con tal insistencia de que me fuera, la misma insistencia que me atraía cuando llegué. La lámpara colgante había dejado de moverse, estaba quieta, al igual de impávida que yo. Cuando me dirigía a la salida escuché el crujir de un papel desgastado bajo mi zapato, el papel había sido arrugado con tal sentimiento que costaba devolverle su normalidad, la nota decía:

“Te veo hoy a las 8 p.m. ingresas por la puerta principal, él ya no estará. Ve con el traje del color que a mí me gusta y en el cuello vístete de aguamarina, para ti mi bello Adrián”

Actualmente soy un alma en proceso de restauración. Escribo de todo un poco, sobre todo algo que me abstraiga de la realidad. Sumérgete un poco en mi mundo, conócelo y descúbrelo junto conmigo. Siempre hay tiempo para vivir nuevas experiencias.

Comentarios (1)

  • mundopalabras 30 Septiembre, 2016 at 11:24

    ¡Bienvenida a nuestra comunidad, Carysa! Nos encanta que te hayas animado a compartir tu relato con nosotros, gracias y esperamos poder seguir leyéndote durante mucho tiempo. 🙂 Un saludo.

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