Hablamos con Pilar Muñoz

Entrevista a Pilar Muñoz Álamo

Entrevista a Pilar Muñoz ÁlamoHola, Pilar. Un placer tenerte en mundopalabras.es y poder conocerte un poco mejor. En primer lugar, sería interesante, si te apetece, que les dijeras a nuestros lectores quién es Pilar Muñoz y cuál es tu relación con el mundo de las letras.
Buenos días. ¡El placer es mío por estar aquí!
Debo decir que me cuesta definirme, nunca es fácil hablar de uno mismo. Diré que soy una apasionada de las letras que intenta construir historias reales, que las vive, que las siente y con las que pretende deleitar a sus lectores, al tiempo que trabaja y ejerce sus obligaciones como madre de familia, como tantas otras mujeres de este país.

Tu obra más reciente es «Un café a las seis», ¿verdad? ¿Cómo nos podrías resumir brevemente la esencia de esta novela?
Sí, así es. «Un café a las seis» es una novela corta pero muy intensa, de corte aparentemente romántico por la bonita historia de amor que la protagoniza, pero que esconde además todo un conjunto de reflexiones vitales a las que —apuesto— casi todos nos hemos enfrentado alguna vez a lo largo de los años y sobre todo en la madurez, como son las consecuencias de nuestras decisiones, la libertad de elegir, la presión social, los condicionamientos familiares que nos limitan, el poder del destino, el concepto de felicidad, la nostalgia del tiempo pasado, incluso la mayor o menor valentía con la que somos capaces de enfrentar el futuro.

¿Cuál es tu fin último con la escritura, Pilar? ¿Cuál es tu principal objetivo cuando te enfrentas a la página en blanco?
Sacudir al lector, removerlo, hacerlo reflexionar ofreciéndole distintos puntos de vista sobre una situación concreta —aparentemente ficticia, aunque en realidad no lo sea—, y hacerlo de una forma tan veraz que lo obligue a pensar y posicionarse sobre aspectos que, a pesar de estar presentes en su vida cotidiana, quizás nunca se ha detenido a observar y analizar con detalle.

Y con esta novela en concreto, ¿querías transmitir algún mensaje por encima de otro?
Que somos responsables de nuestras decisiones y, sobre todo, de nuestra felicidad, que debemos buscar según nuestro propio sentir, nuestra manera de ser, de pensar, de concebir la vida, sin dejarnos llevar en exceso por las convicciones ajenas, porque, de ser así, acabaremos viviendo de prestado, lamentándonos de por vida de lo que pudimos hacer y no hicimos, de lo que hemos hecho y nunca debimos hacer, incluyendo lo relativo al amor. Entre otras muchas cosas, he querido transmitir que no existe un concepto universal de felicidad, que no hay una forma única de entenderla. Que cada cual debe construirla a su manera, le pese a quien le pese.

¿Te cuesta o te ha costado alguna vez llamarte a ti misma escritora?
Me cuesta llamarme escritora. La escritura es un oficio que requiere tiempo, trabajo, esfuerzo, dedicación y, sobre todo, práctica y mucho aprendizaje; es un arte que va mucho más allá del simple hecho de usar palabras, hilar frases, contar de cualquier forma una historia… Son demasiados elementos los que entran en juego y debemos saber dominar antes de llamarnos así.

¿Cuánto sueles tardar en escribir una novela?
Depende de la complejidad y de algunas otras circunstancias. «Un café a las seis» me llevó seis meses porque ya partía de un relato de base que me facilitó el trabajo; «¿A qué llamas tú amor?» me costó unos nueve meses, junto a unos cuantos kilos perdidos por el esfuerzo —había un plazo que cumplir—; «Los colores de una vida gris» me llevó unos cuantos años. Cada novela es un mundo y hay que concederle el tiempo que necesite.

¿Eres una escritora de método o te gusta darle mucha libertad a las musas?
Básicamente, de método. Cuando me siento a escribir lo tengo todo pensado, trazado, estructurado, armado, de principio a fin. Pero conforme van cobrando vida la historia y los personajes, las musas se vuelven unas insurgentes de cuidado y, en más de una ocasión, termino cediendo a sus deseos de alterar parte de lo previsto.

¿Sueles quedar satisfecha con lo que escribes o te exiges demasiado?
Me exijo demasiado. Cuando pongo el fin definitivo tras innumerables correcciones, es porque me siento satisfecha, en caso contrario no lo haría. Pero ya no puedo volver a leerlo, porque si lo hago pasado un tiempo, continúo corrigiendo cosas.

¿Sientes temor a las críticas? ¿Alguna vez este miedo al qué dirán te ha paralizado?
Siento temor a no gustar. Creo que cuando escribimos una novela, cuando construimos una historia en la que ponemos lo mejor de nosotros, nuestro máximo deseo es complacer al lector. Y si eso no ocurre, no podemos evitar sentir cierta frustración, cierta desazón. Pero a las críticas como tales —siempre y cuando sean constructivas— no les temo, porque considero que de ellas se aprende, nos ayudan a evolucionar como escritores.
En cuanto al hecho de que ese miedo me haya paralizado, te contesto que no. No me ha paralizado, sino que me ha obligado a ser autoexigente y perfeccionista, a intentar por todos los medios ofrecer un «producto» de calidad que, en última instancia, pueda no gustar, pero no ser tachado de «malo», que es algo muy distinto.

¿Piensas demasiado en los lectores cuando escribes?
No, intento ser fiel a mí misma y a lo que quiero contar, a lo que deseo transmitir con mi historia. No me creo capaz de convencer al lector si antes no estoy convencida yo de todo cuanto escribo y de cómo lo escribo, y hay determinadas exigencias de determinados lectores con las que yo no comulgo y por las que no paso. No obstante, hay detalles, como por ejemplo un buen final, en los que tal vez sí me deje llevar un poquito más por sus gustos, pero no en la novela en general.

¿Cuál de tus obras te ha dado mayores alegrías? ¿Le guardas cariño a algún personaje en especial?
«Ellas también viven. Relatos de mujer». Fue mi primera obra y las experiencias, sensaciones y emociones que he vivido con ella, en todos los sentidos, se me han quedado grabadas a fuego, quizá por ser la primera y experimentarlo todo de nuevas, incluyendo la cantidad de comentarios positivos que me vinieron de vuelta de quienes lo fueron leyendo.
Todas mis protagonistas se me quedan en el corazón. Vivo con ellas intensamente, sufro con ellas, me emociono con ellas… Por estar escritas, además, en primera persona, me transformo —como si tomaran posesión de mí— y me descubro sintiendo como ellas hasta en los momentos en que no escribo; me dejan resaca después de cada pasaje, ja, ja.

¿Y mayores sufrimientos?, si es que sufres alguna vez escribiendo…
Algunos de los relatos de «Ellas también viven» con temas de fondo delicados. Son relatos intimistas en los que juegan un papel crucial las emociones y los sentimientos, además de que las situaciones son experiencias de la vida cotidiana demasiado reales. Ponerme en la piel de las protagonistas para transmitir —de la manera más intensa posible— lo que sentían me hizo sufrir. También me ha ocurrido con determinadas escenas de las demás novelas.

¿Qué piensas sobre la autoedición?
Pienso que es una vía alternativa a la edición convencional que ha venido a salvar a muchos escritores que no gozan de una oportunidad por parte de las editoriales tradicionales, o que no llegan a un acuerdo satisfactorio con ellas. Hace unos años, autoeditarse era sinónimo de mediocridad, de mal escritor o de novela de mala calidad. Hoy en día, afortunadamente, empieza a extenderse la idea de que lo comercial impera como criterio en la selección de obras por parte de las editoriales y que eso deja fuera buena literatura que no encuentra cabida en sus catálogos por no tener un público potencial tan amplio como ellos desean, o por el mero desconocimiento público del autor de la obra. De cualquier forma, también debo decir que, de un tiempo a esta parte, el uso indiscriminado de la autoedición por parte de cualquier autor —que vende sus obras sin las máximas garantías con que debiera— puede hacer de nuevo tambalearse esa buena imagen que se había conseguido por fin en este sector.

¿Qué es para ti un buen escritor/a? ¿Hay algún/a autor/a que tengas como referente?
Siempre que leo una novela desgloso el fondo y la forma a la hora de hacer mi crítica personal. Hay quienes dominan el fondo, es decir, saben construir y desarrollar una buena trama, estructurarla, dosificar la información, crear tensión, perfilar en profundidad a sus personajes y darles vida… Digamos que saben «novelar». Otros dominan la forma, por cuanto que conocen y utilizan el lenguaje con corrección, en todas sus vertientes, y dominan, además, las herramientas y los recursos literarios necesarios para que el lector se deleite con la lectura. Saben «escribir».
Para mí, un buen escritor, un escritor con mayúsculas, debe dominarlo todo, ambas partes al completo, porque una buena novela es un compendio de fondo y forma.
No tengo a ningún autor en concreto como referente. Admiro facetas concretas de muchos de ellos y a otros los tengo en una estima completa, pero son más de uno.

¿Lees mucho, Pilar?¿Eres más de librerías o de bibliotecas? ¿De libro en papel o electrónico?
Sí, leo todo lo que puedo, aunque en las etapas en las que escribo, mi escasez de tiempo no me permite leer todo lo que quisiera. Y soy asidua a las librerías, más que a las bibliotecas.
En cuanto al papel o libro electrónico, me decanto por ambas formas, las combino. Aunque reconozco que las buenas novelas, los novelones dignos de recordar, me gusta tenerlos en papel. Por muy adaptada que esté ya a esta era digital, el papel sigue teniendo para mí un encanto especial.

¿Recuerdas cuál fue el libro con el que te enganchaste a la lectura?
Recuerdo los libros juveniles, entre los que estaban las novelas de Julio Verne, como mis primeras lecturas satisfactorias. Sin embargo, recuerdo expresamente dos novelas que me produjeron un impacto especial y que me abrieron el camino a otro tipo de lectura más acorde a la actual: «Edad prohibida» y «Los renglones torcidos de Dios», ambas de Torcuato Luca de Tena.

Imagina que te está leyendo ahora mismo un autor que tiene muchas dudas y temores con respecto a si publicar o no su libro. ¿Te gustaría decirle algo?
En principio, le daría la enhorabuena por tener dudas y temores, porque considero una equivocación lanzarse a la aventura sin pensar, seguros de tener un novelón entre las manos.
Después le diría que no tome esa decisión sin contar con profesionales o entendidos literarios que le den una opinión válida de su obra, además de aquellos otros que lo ayuden a corregirla a conciencia. El lector merece un respeto y en sus manos está ofrecerle una obra, como mínimo, depurada.

¿Te sientes cómoda en el papel de promocionar tus libros? ¿Qué es lo que te ha funcionado mejor hasta ahora para hacer visibles las obras que publicas?
No, no me siento cómoda promocionándolos. Creo que una premisa básica para convencer al lector de la compra de una novela es ser objetivo, y el propio autor de la obra poca imagen de objetividad puede ofrecer al hablar de ella. Con independencia de todo ello, los recursos publicitarios de los escritores autoeditados son muy limitados en cuanto a alcance y medios, y machacar siempre a los mismos con el mismo título me da un apuro terrible.
En mi caso, lo que mejor ha funcionado es el boca oreja de unos lectores a otros y la experiencia previa de los lectores con algunas de mis obras; afortunadamente, su experiencia positiva me ha abierto el camino para que leyeran las siguientes.

Últimamente nos gusta cerrar nuestras entrevistas con una pequeña batería de frases que requieren una respuesta muy breve, ¡vamos a ello!

Tu principal fuente de inspiración es… la vida cotidiana.
Para llamar a las musas nada como… una música apropiada. ¡O planchar!, acuden de momento, ja, ja, ja.
Tu lugar preferido para escribir… No hay ninguno en especial, me adapto a todo.
¿Prefieres el día o la noche?, ¿el silencio o algún sonido de fondo? La noche, con música instrumental sonando en mis auriculares.
¿Alguna superstición? Ninguna.
Un sueño como escritora… El reconocimiento positivo de los lectores y de los buenos escritores.
Un personaje literario que te cautivara especialmente… Jane Eyre, por citar uno de ellos.
La novela que te hizo llorar… «Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea», de Annabel Pitcher.

Y un nuevo apartado, “muy personal”, para poder conocer un poquito mejor a los autores que pasan por mundopalabra.es:

Tu comida favorita es… El cocido de mi madre.
Serías capaz de insultar si… fuera testigo de las fechorías de bestias sin escrúpulos.
Tu ciudad favorita es… Córdoba.
Lo que te hace más feliz… Ver felices y tranquilos a mis seres más queridos.
Lo que más odias de este mundo… La violencia.
Una manía personal… Cerrar las puertas de los armarios cuando voy a dormir.
¿De qué te disfrazarías en una fiesta de disfraces?… De mujer de los años 20.
Ahora mismo estás leyendo… «Después del amor», de Sonsoles Ónega.

Gracias por todo, Pilar, un placer “charlar” contigo este ratito en mundopalabras.es. 😉

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