Hablamos con Miriam Beizana

Miriam Beizana Vigo, autora Marafariña y Todas las horas mueren

Miriam Beizana Vigo, autora Marafariña y Todas las horas muerenHola, Miriam. Un placer tenerte hoy con nosotros en mundopalabras.es, gracias de antemano por tu tiempo y por “charlar” con nosotros este ratito. 😉
Aunque suene a tópico, el placer siempre será mío. Muchas gracias por hacerme un hueco en vuestro espacio.

Si no estoy mal informada, tienes dos novelas publicadas, Marafariña y Todas las horas mueren, así como coordinas un fantástico blog literario “A Librería”. ¿Podrías explicarnos, en breves líneas, cuál es el argumento de cada una de tus novelas?
Dos novelas, sí. A veces me sorprender ver que he conseguido terminar (lo de publicar ya es otro tema) dos historias completas y cerradas. Hablar de su argumento es una pregunta de examen muy difícil para cualquier escritor, pero aquí he venido a hablar de mi libro así que…
Definiría Marafariña como mi novela más sincera, atrevida y personal. Una obra de ficción autobiográfica que nos cuenta la lucha de Ruth, hija de Testigos de Jehová, por entender los sentimientos naturales que nacen en sí misma al toparse en su vida con Olga, una nueva vecina en la aldea que da título a la novela, que acaba de perder a su madre. Diría que es la historia del anhelo de una joven por ser libre y por encontrar su propia felicidad dentro de las irrompibles cadenas de la restricción religiosa.
De Todas las horas mueren algunos lectores han dicho que es la hermana pequeña de Marafariña. Sin embargo, la mayor parte de ellos han apreciado más calidad y madurez en la misma, a pesar de que su extensión es más breve. Mi primera novela corta es un ensayo disfrazado de ficción, porque al contar la vida de la escritora Olivia Ochoa y de su Café en Fontiña abarco temas como la creación literaria, el amor, la soledad, el franquismo y, sobre todo, el paso del tiempo.

¿Qué tipo de blog es “A Librería”? ¿Qué podrán encontrar nuestros lectores en él?
A Librería nació en junio de 2016 junto con David Pierre (escritor y crítico) y Gemma Martínez (ilustradora) con el afán de crear un portal en Internet que abarcara los mejores clásicos y la literatura independiente. Buscábamos honestidad y hacernos notar. Aunque es cierto que nos resultó muy complicado crecer, ahora se ha hecho la magia y no nos podemos quejar del alcance que estamos consiguiendo. A nuestro equipo se unió con el tiempo Silvia que ha escrito críticas auténticas y muy interesantes. También mi hermana Tabita ha hecho sus aportes de vez en cuando. Recientemente hemos dado la bienvenida a Samantha, María y Xavi. En fin, que la familia crece.
Además, buscamos incansablemente la colaboración con esas editoriales pequeñas que necesitas ganas visibilidad. Hemos empezado a trabajar con Luhu Editorial, con Chiado, Editorial Cerbero, El Transbordador y Alas Ediciones; y por supuesto, con muchos autores autopublicados. La experiencia no puede ser más enriquecedora.

¿Te dedicas plenamente a las letras, Miriam, o compaginas esta pasión con otra actividad profesional?
Vivo de las letras, pero utilizo otros medios para lo que yo llamo lo material. Hace ya varios años llevo la administración de una pyme industrial, lo que no me permite disfrutar de todo el tiempo (ni energías) para la literatura que me gustaría. Anteriormente trabajé en la hostelería para poder ganarme el sustento. Digamos que siempre he sido una persona bastante obsesionada con buscarme la vida. Una lástima que de los libros, de momento, no pueda mantenerme al 100 %.

¿Cómo te definirías a ti misma como escritora, Miriam?
Con cierto ego, diría que no existe nada en Miriam que no sea escritora. Y aunque sí que es verdad que soy una persona sencilla que disfruta mucho de cualquier conversación distendida y plagada de carcajadas, lo cierto es que cada pocos segundos mis pensamientos se abstraen del mundo real para posicionarse en mi propio mundo. Esto es un poco extraño, como si necesitara adquirir una bocanada de ficción para regresar al presente. Por momento agradezco tener un trabajo que me ayude a mantener los pies en la tierra y a desenvolverme en una rutina normal. De lo contrario me sería muy fácil perder el sentido común.
La Miriam escritora, de todas maneras, es más valiente y segura de sí misma que la Miriam a simple vista. Pero también es verdad que la Miriam escritora, por sí sola, sería muy débil y se rendiría con facilidad: necesita a la otra Miriam, a la que se mueve por las calles y la que se enfrente a los problemas con una fortaleza insólita. Creo que entre las dos logran un equilibro, cuanto menos, interesante.

¿Y como lectora? ¿Te apetece contarnos qué significa para ti la lectura?
Como otros muchos escritores, me considero antes que nada una amante de la lectura. Aunque he de confesar que una vez que decides dedicarte profesionalmente a la escritura, tu manera de leer cambia por completo y es muy complicado hacerlo solo por puro placer. Al leer tienes un compromiso contigo misma y con tu labor, subrayas frases para compartir en tu blog o para tomar ideas para tus propios escritos. Disfruto leyendo, o más bien me obsesiono haciéndolo, pero pocas veces me ayuda a descansar o desconectar. Esta es una de las razones por las que, por ciclos, abandono cualquier actividad literaria durante algunos días: termina agotándome. Pero, como si de una adicción se tratase (tal vez así sea) siempre necesito regresar a ella para encontrar motivos. Motivos en general, sí.

¿Has pasado por alguna etapa en la que no hayas escrito nada?, ¿cómo crees que sería tu vida si no pudieras escribir de forma prolongada?
La respuesta a esta pregunta está estrechamente ligada a la anterior. Ha habido una larga etapa de mi vida en la que quería escribir y no podía. Era incapaz. Fueron casi dos años y aún cuando lo recuerdo me invade una sensación de ahogo y frío muy desagradable. Lo peor de todo es que, durante ese período de sequía, la obsesión por escribir no hace más que crecer, lo que se une a una profunda sensación de fracaso que se convierte en un bucle tóxico entre musas y escritora.
Creo que, de todas maneras, es necesario relativizar. No ha sido la única ocasión en la que no he sido capaz de escribir, durante algunas semanas sigue ocurriendo. De todas formas a mis veintisiete años y con dos novelas en el mercado (algunas terminadas y un puñado de relatos) he aprendido a relativizar este oficio y a permitirme respirar. Para escribir necesito vivir, y para vivir necesito olvidarme de escribir por largos períodos de tiempo. A veces queremos pasarnos los días creando sin ir más allá, y eso termina convirtiéndose en una enfermedad de soledad y locura.
Tal vez por eso creé, junto con David, A Librería, para ocupar mi afán literario en otras facetas. Por eso escribo en mi página web y, también, por eso me dedico a hacer deporte a diario, a jugar con mis gatos, a ver a mis amigos y a pasar tiempo con mi familia. Enfoco mis aficiones en diferentes pilares: es necesario que esto de escapar de la realidad sea algo saludable, física y mentalmente.

En el proceso de escritura, ¿qué es lo que más difícil te resulta?, ¿y lo más sencillo y placentero?
Empiezo por la pregunta fácil. Lo más sencillo y placentero es el arranque de una idea, cuando surge sin más, como una descarga eléctrica. Sale, sale, sale. Es delicioso, porque las líneas avanzan y enriquecen cada página. El proceso que nació con Todas las horas mueren fue precisamente así, y creo que es algo que se transmite al lector.
Con Marafariña puedo responder a la pregunta difícil. A mí lo que más me duele de escribir es sentirlo. Murakami dice en su libro De qué hablo cuando hablo de escribir que un escritor tiene que ser feliz mientras escribe, pero no estoy de acuerdo. Al menos no en todos los casos. Por lo general, escribir me ensombrece y me deja exhausta. Soy capaz de escribir durante semanas, hasta que mi mente merma y merma hasta caer en el agotamiento. Confieso que aunque me duela, las palabras no me dejan llorar, por lo que se produce en mí una especie de bloqueo sentimental del que me cuesta salir. Es extraño. Escribir es mi catarsis y, al mismo tiempo, mi escudo de hielo. Cada una de mis líneas está íntimamente ligada a mis demonios y mis anhelos. Más de una vez me han dicho que mi problema al escribir es que necesito desnudarme, y es verdad. Al final tu alma termina expuesta y abre heridas. Heridas que, por otra parte, se curan cuando llegan los lectores a cubrirlas con la generosidad que muestran al leerlas.
Otra parte complicada es la exigencia y la soledad. Por el momento no he conseguido llegar a un acuerdo con ninguna editorial, y la autodefensa del propio trabajo es complicada. A veces me pregunto seriamente por qué hago esto, si no es una pérdida de tiempo (he escrito una reflexión sobre esto en mi blog). Es difícil, de verdad, encajar, sobre todo al enfocarme en un género literario tan diferente y desmarcado de cualquier tendencia como el intimista. Es como saltar al vacío una y otra vez: nunca llegas al fondo. Jamás.

Si no estoy mal informada, Marafariña tendrá una segunda parte. ¿Cómo ha sido el proceso de crear una continuación?
¡Ay! En este punto la secuela de Marafariña está en manos de los lectores cero y ya comienzan a llegar las primeras opiniones. Estoy aterrada e impaciente. Y liberada.
Me ha costado mucho llevar a cabo este proyecto (han sido casi cuatro años enfrascada en él) por lo involucrados que se veían mis propios recuerdos en el mismo. Además, mi vida ha cambiado mucho desde que empecé mi ópera prima y dicha metamorfosis ha supuesto un reto para mí. Para empezar, que mi actitud ante lo que ha sucedido y me sucede en el día a día se ha vuelto positiva, desde hace tiempo sonrío con más facilidad y me siento más cómoda en la alegría que en la tristeza. Luché mucho por dejar a la Miriam más parecida a Ruth atrás, por lo que era un reto diario sacarla a flote cada vez que me sentaba a escribir.
No mentiré. Estuve tentada a dejarla en muchas ocasiones. Escribí diferentes versiones. En un día de crisis borré más de cien páginas irrecuperables. Estuve más de seis meses sin ser capaz de escribir ni una palabra. Pero volví, porque creo que Olga y Ruth se lo merecían. Y porque creo que esa historia sigue mereciendo otro enfoque, otra explicación. Al fin y al cabo, Marafariña es verde. Y ese es el color de la esperanza.
Por motivo de esto, de que ha supuesto una obra diferente, con otro enfoque y otro matiz. Una novela liberadora y puramente catártica, que ha buscado la hermosura más que la oscuridad, he decidido titularla de otra manera. Era necesario dejar la otra Marafariña atrás. En poco tiempo, diré cuál será en mi web www.miriambeizana.com… ¡Estad atentos!

¿Existe un tema central, un núcleo fuerte de tu literatura?
Soy una observadora de las personas, siento ternura por el ser humano y me gusta analizarlo. También me analizo a mí misma y lo que siento en cada momento. Me atrevería a decir que el tema central de mi literatura son, pues, estos sentimientos: el amor, la tristeza, la superación, el abandono, la soledad… Para mí, la literatura nace como un lenguaje que va más allá, que busca ahondar en lo que a simple vista no reparamos. Le otorga capas a la existencia, le otorga un sentido. Una fe. Como un Dios para un creyente, pero un Dios cercano que permanece a tu lado siempre.

¿Cuál es el verdadero motor que te empuja a escribir? ¿Qué persigues cuando te enfrentas a la página en blanco?
Lo hago para sacar cosas de mi propio interior que, de un modo u otro, pesan. También para compartir mi propio enfoque de ciertos temas (en Marafariña hablo de la represión religiosa, en Todas las horas mueren sobre el paso del tiempo) que me parecen trascendentes. Es innegable que los libros siguen siendo una herramienta, aunque también busquen entretener.
Existen muchos motivos por los que seguir adelante cuando la vida se pone insuperable. Para mí, escribir, es uno de ellos. Pero no sabría explicar la razón exacta, tal vez es superior a mí, nace de alguna fuente que no sé identificar. Me aferro a la literatura y ella se aferra a mí. A veces es imposible, a veces es doloroso, pero es imposible dejar de hacerlo.

¿Piensas mucho en tus lectores mientras escribes?
Lo cierto es que… ¡No! Jaja. La escritura íntima en su etapa más primaria me pertenece solo a mí, a mis deseos más egoístas e individuales. Soy una escritora propia y personal. Primero pienso y escribo lo que yo desearía leer, eso me permite hacer lo que quiero en todo momento.
Pero después sí, después toca pensar en ellos (son lo más importante, en realidad) en las mil y una fases de reestructuración y corrección. Creo que es vital separar una parte de la otra, es lo que hago para aspirar a escribir obras únicas.

¿Eres una escritora de método o te dejas llevar por la visita de las musas de una manera espontánea?
Me dejo llevar totalmente, sobre todo en la primera fase del libro. He intentado muchas veces ser organizada, crear fichas, esquemas, etc., pero mis musas son tremendamente caprichosas y se saltan todas esas reglas y tiempos que intento establecer. Soy pasional. Golpeo las teclas, febril, hasta perder la noción de todo. Tengo que confesar que las primeras páginas suelen ser un absoluto caos de sentimientos íntimos y palabras rebuscadas. ¡Mis fases de relectura son muy necesarias para que todo ese texto comprimido tenga coherencia literaria!

¿Tienes alguna rutina/manía/hábito a la hora de escribir? ¿Algún aroma o estímulo de cualquier tipo que te inspire?
Me gusta la soledad y el no tener nada pendiente. Que mis gatos estén cerca y que haya una taza de café bien calentita. De vez en cuando quemo incienso para obtener el ambiente de paz justo.

¿Sueles quedar satisfecha con lo que escribes o te exiges demasiado y tienes que publicar para no volver a releer y corregir?
¡Si hay algún escritor que quede satisfecho con lo que escribe que levante la mano! Creo que es imposible, aunque a veces me castigo demasiado o todo lo contrario. A veces me obceco en enamorarme de cierto pasaje que, en verdad, no debería de existir o no encaja con la trama. Otras no soy capaz de creerme que un capítulo es adecuado sin la opinión de mi mujer (que es mi primera lectora y la más cruelmente sincera).
Sí que es verdad que esa autoestima hay que trabajarla para lograr ser más efectiva y fría a la hora de escribir. He aprendido a encajar con mucha calma las críticas negativas y a relativizar las positivas, algo que me hundía las primeras veces. También, siguiendo el consejo de Rosa Montero, he dejado de buscar escribir una obra maestra para intentar alcanzar metas más humildes. Todo esto es un aprendizaje, y mantener una actitud serena es vital para cualquier artista.

¿Qué es lo mejor que te ha ocurrido con la publicación de tus libros? ¿Y lo peor o más desagradable?
Lo mejor han sido los lectores y amigos que me he encontrado por el camino. Si escribir es una actividad solitaria, yo he conseguido hacer crecer las personas que están a mi lado gracias a la publicación de mis novelas. Las redes sociales, los encuentros literarios, las reseñas y demás, me han permitido moverme en un círculo de personas apasionadas de las letras que me ha resultado muy enriquecedor tanto a nivel profesional como a nivel personal. Eso es, sin lugar a duda, el mayor tesoro.
Lo peor es que vender un libro es tremendamente difícil en este país… ¡de verdad! Y aun así, sin llegar a ser un bestseller, no me puedo quejar del alcance que he obtenido como autora indie.

Lo que has ido logrando como escritora, ¿se parece a lo que soñabas hace algunos años?
Cuando yo era niña y soñaba con esto de escribir, no existía la autopublicación (no al menos a los niveles actuales) ni tampoco una gran industria digital. Mi prototipo de escritora de éxito era lo que veía en J.K. Rowling y cómo su historia había traspasado fronteras y llenado el corazón de millones de personas en todo el mundo. Por supuesto, yo aspiraba a que una editorial más o menos poderosa se fijase en mí y todo saliese como en las películas.
Poco a poco ese sueño fue adquiriendo un matiz más humilde, hasta el punto que me decía a mí misma “el día que una sola persona lea mi novela y le guste, yo sabré que esto ha valido la pena”. Si tomo este segundo pensamiento, creo que he alcanzado mi sueño con creces.
Pero es un sueño que, como un árbol, está lleno de ramas que crecen y crecen. Así que toca seguir en este camino para ir mucho más allá… ¡A ver qué nos depara!

¿Qué te gustaría conseguir como escritora en el próximo año? ¿Y en los 5 próximos años?
Por lo pronto, espero que 2018 (si todo sale bien) sea el año de mi nueva novela y que el púbico la acoja con calor. Pero creo que la secuela de Marafariña será un punto de inflexión en mi carrera de autora autopublicada. Y con esto respondo a tu siguiente pregunta: ya estoy trabajando en un nuevo proyecto, de cara a asentar las bases a dar el salto al mundo editorial.

¿Cómo te llevas con el marketing? ¿Te animas a compartir qué acción o estrategia te ha funcionado mejor para llegar a un mayor número de lectores? ¿Y aquello que no volverías a hacer jamás si pudieras volver atrás?
¡Ay, el marketing! Voy a empezar respondiendo a la última pregunta: si pudiera volver atrás, jamás usaría el marketing para promocionar mi primera novela. Y con marketing me refiero al primario, al del spam incansable, al de la repetición, al de compartir el enlace de Amazon de manera incansable, al de los RT sin ton ni son que me hicieron perder tantos followers de forma más que justificada… ¡Ojalá pudiera borrar esa faceta de mí!
Pero el marketing sí que es necesario. Aunque no hay que olvidar que yo quiero ser escritora, no una vendedora de libros. Es importante desmarcarse y mostrar que lo que de verdad quieres es que te lean, no vender. No estamos aquí para vender, no es ese nuestro trasfondo. Este tipo de marketing es más sutil, más difícil, más trabajoso… pero funciona mucho mejor, sobre todo a la hora de cuidar nuestra marca personal.
No he leído muchos libros sobre estrategia comercial porque es un tema que me agota y me abruma. Además, no dejo de encontrarme cosas que supuestamente hago mal. Es importante que cada cual, dentro de su tipo de literatura y el público al que quiera llegar, se marque su plan personalizado. El secreto es que no hay secretos ni claves de éxito. Hay trabajo, originalidad y calidad.
He aprendido muchas cosas del Manual de Autopublicación de Autorquía, aunque es verdad que la información es muy primaria, es un buen índice para comenzar.
El consejo primordial es evitar el spam y trabajar en un blog o en un espacio web enfocado al trabajo a realizar. Pero hacerlo bien, con paciencia y mimo. Y, sobre todo, no tener prisa. Todo llegará, si es que tiene que llegar.

¿Qué opinas sobre el estado actual del sector editorial? ¿Y sobre la autoedición?
¿Ha sido fácil alguna vez publicar con una editorial? ¿Hay algo más que mueva el sector literario fuera de los factores económicos? Soy muy pez en ese tema. Al intentar dar el salto al mundo editorial me he encontrado con pantallas opacas y respuestas negativas.
La autoedición es un arma de doble filo que, tristemente, está saturada y muy contaminada de pseudoliteratura. Lo más complejo en este aspecto es que no existe filtro (y, en cambio, el filtro para acceder a la editorial es demasiado infranqueable) y cualquiera puede hacerlo, lo que le resta credibilidad. Por otra parte, existen auténticas buenas obras dentro del mundo autoeditado que, de otra forma, jamás llegaríamos a leer.

¿Cómo eliges tus lecturas, Miriam?
¡Creo que me paso la vida buscando qué leer! Sí que es cierto que tengo la suerte de que, gracias a A Librería, nos llegan diferentes obras y catálogos editoriales para poder reseñar novelas al gusto, lo que nos permite descubrir diferentes géneros y estilos.
En el ámbito más personal, me dejo guiar por impulsos y por recomendaciones entre amigos que tienen gustos similares al mío. Ciertos blogs de reseñas literarias son claves para encontrar obras nuevas. Y, por supuesto, el divagar por librería enormes en busca de títulos desconocidos.

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado para esto de escribir?
Créetelo, pero no demasiado.

¿Hay algún libro siempre en tu mesita de noche? ¿Alguno que te acompañe cada vez que sales de viaje?
Hay muchos libros en mi mesita de noche, y en la mesa del ordenador. Y en la cocina. Y en el salón. Y en el coche. Y en el bolso. No dejo de acumular almas encuadernadas en busca de una eternidad para ser leídas. Y aunque prefiero el formato electrónico, últimamente estoy retomando la costumbre de leer en papel de vez en cuando.
Para salir de viaje normalmente me llevo el lector electrónico. En él hay títulos que no pueden faltar: siempre llevo una versión subrayada y llena de notas (digitales, claro) de Tomates verdes fritos, Nada, La campana de cristal, Al faro, Temblor…. También me acompañan mis novelas allá a dónde vaya, son como un amuleto.

Ahora mismo pueden estar leyéndote autores noveles que estén introduciéndose en la aventura de la publicación, ¿qué les dirías?
Que no tengan prisa, que se aseguren de mantener su sello personal sin intentar imitar el trabajo de otros. Que trabajen en silencio y despacio. Que disfruten de sus letras antes de enseñárselas al mundo. Que se permitan equivocarse, pero jamás rendirse.

Últimamente nos gusta cerrar nuestras entrevistas con una pequeña batería de frases que requieren una respuesta muy breve, ¡vamos a ello!

Tu principal fuente de inspiración es… La propia vida.
Para llamar a las musas nada como… Una caminata junto al mar o un buen disco de música.
Tu lugar preferido para escribir… En casa como en ningún sitio.
¿Prefieres el día o la noche?, ¿el silencio o algún sonido de fondo? Prefiero escribir de día y en silencio.
¿Alguna superstición? En absoluto.
Un sueño como escritora… Llegar al corazón de los lectores… ¡Y publicar con una editorial!
Tu escritor/a favorito/a… ¿Uno solo? Citaré a Elena Ferrante, por ser una de las más recientes en mi lista.
Un personaje literario que te cautivara especialmente… De los más recientes, Bittori de Patria.
La novela que te hizo llorar… El tiempo que nos une, de Alejandro Palomas.

Y un nuevo apartado, “muy personal”, para poder conocer un poquito mejor a los autores que pasan por mundopalabra.es:

Tu comida favorita es… ¡La pasta!
Serías capaz de insultar si… Dañan a una persona o a un animal en mi presencia.
Tu ciudad favorita es… ¡A Coruña!
Lo que te hace más feliz… El querer, en todas sus formas, maneras y colores.
Lo que más odias de este mundo… El odio y el decir adiós.
Una manía personal… Mordisquear un bolígrafo todo el tiempo.
¿De qué te disfrazarías en una fiesta de disfraces?… ¡Harry Potter!
Ahora mismo estás leyendo… De qué hablo cuando hablo de escribir, de Murakami.

Gracias por todo, Miriam, ha sido un placer enorme tenerte aquí en mundopalabras.es. ¡Gracias!

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