Entrevista a Manuel de Mágina

Manuel de Mágina es un autor jienense nacido en 1959. Desde siempre ha sentido un gran interés por la escritura, tal y como nos cuenta en su web manueldemagina.com; sin embargo, no fue hasta al año 2011 cuando publicó su primer libro, Poeta sucumbiendo bajo un alud de ollas de acero inoxidable, con la editorial El desván de la memoria. En otoño de 2014 vería la luz su segunda obra, Saltitos, también gracias a la labor editorial de Ramón Alcaraz. Hoy lo entrevistamos en mundopalabras para conocer más sobre su relación con las letras y la opinión que le merece este agitado sector.

 

 

 

Hola, Manuel, en primer lugar, muchas gracias por aceptar esta entrevista. Saltitos es tu segundo libro publicado con la editorial El desván de la memoria. ¿Cómo ha sido tu experiencia de publicación?, ¿cómo les resumirías a los lectores de mp de qué trata tu obra?

Hola. Gracias a mundopalabras.es por interesarse por mí.

Mi experiencia de publicación con este libro ha sido extraordinaria; por lo larga, más de seis meses, y por la proximidad con la que he vivido el proceso de edición propiamente dicho. No hablo, para dejar esto claro, del proceso de escritura del libro, que se desarrolló a lo largo de los tres años anteriores, sino, respondiendo a la pregunta, solo de la edición. Y la verdad, echando mano de la metáfora del parto, es que no ha dejado de dar problemas. Problemas que siempre se han resuelto in extremis por la dedicación y la constancia del editor.

No me resulta fácil resumir el contenido de Saltitos, un libro de relatos cortos, puesto que no se trata de una sola historia, sino de doce. Para dar una idea, o entresacar rasgos generales que lo definan, diría que tienen en común, en cuanto a lo formal, el estar cercanos a eso que en términos audiovisuales llamamos comedia de situación. Este rasgo lo trabajamos desde un principio porque nos pareció que era importante para dar unidad, cohesión al libro. Luego, ya en lo temático, pienso que hay una notable diversidad en el conjunto; y que, si por algún hilo se les puede unir, es por ese intento, a veces sutil, otras violento, otras desesperado, de los personajes, de hacer que la vida se abra paso entre lo anodino de sus existencias.

 

En 2011 salió a la luz Poeta sucumbiendo bajo un alud de ollas de acero inoxidable, un poemario que, por lo que tenemos entendido, refleja la dificultad de encontrar entre la rutina diaria el tiempo necesario para una actividad creativa como la escritura. ¿En qué te inspiraste para escribir este libro? ¿Es Manuel de Mágina un poeta sucumbiendo bajo…?

 No, no; para nada soy yo el poeta que sucumbe. Primero, porque choca con mi concepción del concepto “poeta”. Pienso que nadie se puede atribuir ese apelativo, sin que aquello que llamamos “pueblo”, “cultura”, lo eleve a tal categoría sin discusión, y esto solo está reservado para los grandes. Los demás solo escribimos versos, o prosas poéticas, y a lo más que llegamos es a aficionados a la poesía. Que, por otro lado, no es baladí, si se piensa bien. Luego porque, como tú muy bien resumes, el tema de Poeta sucumbiendo… es la lucha del que escribe, como del que tiene cualquier otra aspiración artística (y aquí somos muchos), por desarrollar esa faceta fundamental de su carácter, ese campo de realización personal. La batalla que debe librar contra el medio que lo rodea, la familia, las obligaciones laborales, y, al final, contra sí mismo, por todos esos compromisos que hemos ido adquiriendo en el transcurso de nuestras vidas. Y para esto me inspiré en otra persona, en una personal real, por otra parte. En una persona de carne y hueso, y tan de carne y hueso. En Karinia. Karinia es una ama de casa, desempleada fuera del hogar, con hijos y un marido a su cargo. Una persona que debe lidiar seguramente con las circunstancias más adversas para echar adelante su sueño, para que no muera, para que se mantenga esa llama a toda costa —a veces a costa de mucho—, pero en lo que le va la vida misma.

 

En cada uno de tus libros podemos ver dos títulos absolutamente diferentes: uno muy breve y otro extraordinariamente largo. ¿Cómo fue el proceso de elegirlos?, ¿lo tuviste claro desde el principio o eres de los autores que esperan hasta el final, una vez concluida su obra?

Para empezar te diré que lo tuve claro desde el principio en ambos casos, pero no sabía que estaba equivocado. Por otra parte, el hecho de que uno sea largo y el otro corto pienso que no es más que una circunstancia anecdótica. El título de una obra —esto lo dice todo el mundo y coincido en que es así— es muy importante a todos los efectos (aquí quien se encarga de los temas comerciales te diría que fundamental) y, sobre todo, como caracterización del libro, como elemento que le confiere su más acendrada identidad. Mi experiencia, en ambos casos, fue la siguiente: Primero creí tener el título adecuado y encabecé con ese epígrafe los trabajos que se fueron sucediendo. Una vez el proyecto tomó cuerpo, me di cuenta de que no era el idóneo. Entonces, comencé a trabajarlo; al final todo es cuestión de trabajo. A hacer una búsqueda intensa del título, preguntándole, si se me permite la expresión, al propio libro. Y en ambos casos, el propio libro fue quien me dio la respuesta. Pero todo esto, hay que remarcarlo, supuso un trabajo laborioso y constante durante mucho tiempo. Alumbrando y descartando, hasta conseguir el deseado. Diría, para resumir, que ahora, después de esto, me resultaría difícil titular un libro de una manera definitiva sin haberlo escrito previamente. Es, siguiendo con el símil, algo así como aventurar un nombre para la criatura sin saber el sexo con el que va a nacer. ¿Le llamaríamos Braulio si luego resulta una tierna niñita?

 

¿Escribes tus libros para un público concreto o no piensas para nada en el lector durante el acto de escribir?

No, para nada. Pienso, eso sí, en lo que a mí me gustaría o no encontrarme entre unas páginas escritas, en lo que amaría o detestaría como lector, como gusto particular, en eso no transijo lo más mínimo. Luego, a la hora de plantear cualquier historia, la historia me tiene que divertir, tomando diversión en el sentido más amplio de la palabra. Si no lo hace, no me interesa. Lo dejo (me voy —por ejemplo— a mondar patatas para un estofado. Esto no sabes bien lo que despeja la mente), lo archivo para retomarlo en otro momento o lo tiro a la papelera.

 

¿Tardas mucho en dar por concluida una obra?, ¿eres exigente?

Esto casi que no debería decirlo, porque supone de algún modo una vanidad que nadie que desee escribir en serio puede permitirse, pero te diría que sí, que mucho, mucha exigencia —lo cual comporta mucho trabajo— y mucho tiempo.

 

¿Cómo vive Manuel de Mágina el proceso creativo? ¿Sufres con frecuencia algún tipo de bloqueo creativo o, por el contrario, las historias suelen surgir con fluidez?

Mi proceso no puede ser más anárquico, errático, costoso e imprevisible. Eso cuando dispongo de tiempo. En realidad, me cuesta horrores ponerme delante del ordenador a escribir. Es como una tortura que, cosa extraña, una vez en ella, se vuelve dulce, apasionante, y me la hace adictiva. Hago de todo antes de ponerme escribir. Doy las vueltas que no puedes imaginar. Salgo al patio, como chocolate, veo Facebook innúmeras veces, miro el correo, consulto el tiempo meteorológico. Sin embargo, cuando no tengo ese tiempo, estoy estresado, frustrado; irascible, incluso, porque no puedo ponerme.

 

¿Tienes algún ritual, manía o hábito de escritor?

No. Primero, no me considero escritor, por razones parecidas a las que te decía antes para lo de poeta. Luego y en general, porque no soy de manías, aunque sí de hábitos, como cualquiera; pero no específicamente relacionados con la escritura.

 

¿Cómo ves el panorama editorial actual? Todos los días nos llegan noticias bastantes descorazonadoras sobre los hábitos de lectura, el cierre de librerías, etcétera, ¿crees que la situación del sector es tan dramática o atisbas esperanza para aquellos que desean publicar?

Pues la verdad es que no preocupa demasiado. Coincido con quien dice todo lo contrario, que hoy se lee mucho, más que nunca, hecho que no tiene por qué tener relación directa con la venta de libros. Me parece triste que se cierren librerías, pero todo esto no es más que el síntoma de que las cosas están cambiando y a pasos agigantados. La vieja estructura comercial del libro es la que se está desmoronando en un proceso imparable, aunque algunos la intenten apuntalar. Mañana todos compraremos nuestros libros por Internet, con muchas y mejores plataformas de las que han emergido hasta ahora a la caza de la oportunidad, especializadas temáticamente, y las librerías físicas o son centros que conciten la socialización en la cultura, se nutran de estas actividades aparte de la venta de libros, o dejarán de existir.

Para aquellos que desean publicar, nunca la situación fue tan favorable. Hay muchas maneras de poder llevarlo a cabo hoy en día, como no hubo en ningún tiempo anterior. Quienes vivimos antes de la era digital, tenemos clara constancia de ello. Y ninguna de las opciones que se nos ofrece es menos interesante o importante que otras. Pienso que la importancia no está en el soporte, sino en la obra en sí. Es la obra la que da la medida de la importancia, no el cómo y el dónde se publique.

 

¿Te gusta leer? ¿Papel o libro electrónico? ¿Compartirías con nosotros un par de escritores o libros que para ti sean imprescindibles?

Por supuesto que me gusta leer. Yo no sería quien soy si los libros no hubieran concitado mi interés desde que era un niño. ¿Papel o electrónico? Prefiero leer en papel siempre que puedo, pero al mismo tiempo doy gracias por tener la opción del libro electrónico. Y no solo de este, sino también de todo cuanto puede leerse en Internet. ¡Cuántas oportunidades nos da esto!

En cuanto a autores. Desde mi perspectiva actual, señalaría a Machado y a Juan Ramón Jiménez en poesía, y a Juan Rulfo y Julio Cortázar en relato.

 

¿Qué opinas de una plataforma como mundopalabras.es en la que se puede publicar gratis online y crear comunidad?

Bueno, es sin duda uno de los grandes formatos de futuro. No hay más que ver lo que ya llevan funcionando mucho tiempo en el mundo anglosajón. Bien es verdad que aún estamos en un momento inicial y esos formatos tendrán que adaptarse todavía más al vehículo comunicativo que es Internet y depurar sus enfoques y su filosofía particular, pero no cabe duda de que es algo con mucho campo por delante. Para la gente que desea dar a conocer sus trabajos, una extraordinaria oportunidad que se debería valorar en su justa medida. Tener abierta la posibilidad de hacerlo en cualquier momento y comprobar casi al instante cual es la reacción a tu escrito, cuales son las opiniones que suscita su lectura, un auténtico lujo.

 

¿Cuál es el mejor consejo que has recibido sobre escritura? ¿Te animas a dar uno propio a nuestros lectores?

No soy de consejos y no me gustan. He comprobado en propia carne lo demoledores que pueden llegar a ser. A mí, por si a alguien le resultan útiles, diré que solo me han servido de algo dos: trabajo, trabajo y trabajo, y escucharte a ti mismo.

 

¿Tienes algún proyecto literario nuevo a la vista que puedas contarnos?

Yo solo hablo de proyectos cuando el libro ya está escrito, más o menos fijado, listo para que se publique. Luego no tengo ninguno.

 

Muchísimas gracias y muchísima suerte con todos tus proyectos.

 A vosotros por la deferencia.

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