Entrevista al escritor Iñaki Uriarte

Iñaki Uriarte (Bilbao, 1957) publicó su primera obra La piedra filosofal en 2007. En 2010 volvió con la segunda, Tierra Amarga, una novela histórica ambientada en las guerras de bandos que asolaron Vizcaya y otros territorios en la Edad Media. Un libro que está cosechando una muy buena acogida. Iñaki Uriarte es un escritor que está creciendo y MundoPalabras quiso reunirse con él en la capital vizcaína para hablar de Literatura. A Iñaki Uriarte le gusta explicarse en profundidad, y en cuanto se comparten unas palabras con él enseguida se da uno cuenta de que está ante una persona inteligente y con mucho que decir. Conozcámosle.

 

MundoPalabras: ¿Quién es Iñaki Uriarte? Defínase.
Iñaki Uriarte: Un simple aficionado a la literatura. Lector compulsivo desde la infancia y escritor novel llegada la madurez.

MP: ¿Por qué decidió dedicarse a la Literatura?
IU: No fue un acto consciente. Simplemente, con los 49 años ya cumplidos, me puse un buen día frente al ordenador para tratar de dar forma coherente a una serie de pensamientos abstractos sobre la esencia del cosmos. Al mezclar esta cuestión puramente científica con mis fantasías novelescas, nació el germen de mi primer libro, La piedra filosofal. El conseguir publicarla sin mayores problemas me animó a continuar escribiendo y sacar a la luz mi segunda novela, Tierra amarga.

MP: ¿Cómo recuerda sus inicios en la Literatura?, ¿fueron difíciles?
IU:  Mi primer contacto con la literatura fue en el ya lejano tiempo de mi niñez. Primero como mero observador de la pasión por los libros que se vivía en mi casa. Mis padres eran grandes lectores y mi padre gran amante de los libros, amor que yo he heredado por ese objeto rectangular compuesto en su esencia por papel y tinta. Pasar de mirón a lector fue costoso, implica un esfuerzo que pocos niños de hoy en día parecen dispuestos a realizar y que le costó a mi padre varios intentos. Pero aún conservo el primer libro que pude terminar: Kopoli, el reno guía. Una novela de aventura y amor a la naturaleza.
Solo muchos años después se me ocurrió la peregrina idea de pasar a papel mis fantasías, y no fue en absoluto difícil, todo lo contrario. Ha sido una de mis mejores experiencias, divertida y enriquecedora.

MP: ¿Cómo ha afectado la Literatura a su vida?
IU: Como escritor me ha permitido conocer a gente maravillosa con la que de otro modo jamás hubiera coincidido, a más de la felicidad inmensa que supuso la llamada del primer editor para comunicarme que estaba dispuesto a publicar mi novela y verla luego expuesta en las estanterías.
Como lector, la literatura me ha supuesto el poder viajar en tiempo, colarme en la piel de otros seres vivos, luchar en las batallas más cruentas y sobrevivir al Apocalipsis, ofrecerme retiro cuando lo necesitaba, alegrarme el corazón cuando estaba triste y permitirme el desahogo del llanto solitario cuando lo necesité.
Me vas a permitir copiar textualmente un párrafo de La piedra filosofal. Son los sentimientos del protagonista aislado en su biblioteca:
“Ninguno de sus libros le mostraba conmiseración si asomaba un sollozo a su garganta cuando recitaba con voz queda la “nana de la cebolla”, pensando en aquél niño que tantas veces soñaron juntos. Ni jamás uno solo de sus libros se rió de él si alternaba la lectura de “La venganza de Don Mendo” con carcajadas y medias sonrisas.
Eran los libros contenedores herméticos e intemporales de los actos y pensamientos de quienes hacía ya mucho tiempo dejaron de existir. Biografías de seres que jamás fueron. Guías de viajes irrealizables. La única manera de vivir las vidas de otros. Su único refugio cuando más hiriente sentía el vacío de su existencia.”

MP: ¿Se dedica en exclusiva a la escritura?
IU: En la literatura soy un mero aficionado. Un amante que gusta de jugar con las palabras, nada más. El pan diario he de ganármelo luchando en una comercial de maquinaria para el trabajo en la piedra.

MP: Para usted, ¿qué papel juega y ha jugado la Literatura en la sociedad y en la Historia de la Humanidad?
IU: Estoy convencido de que la esencia del ser humano es la palabra. Sin esta no podría existir el pensamiento abstracto y por lo tanto sería imposible el desarrollo de la inteligencia. Es necesario el construir frases para poder expresar y trasmitir las ideas, y solo de la palabra puede nacer la cultura.
El paso de la palabra hablada a la escrita supuso el mayor avance conseguido por la humanidad, mucho más importante que el descubrimiento de la máquina de vapor, la energía atómica o el nacimiento de la informática. Los hombres y mujeres actuales son lo que son gracias a la literatura, y esto no se puede decir de ninguna otra arte. La música, el cine, la pintura, habrán influido en su espíritu, lo habrán elevado del suelo, lo habrán modelado tal y como hoy lo conocemos. Pero sin la literatura, hablada o escrita, el ser humano no habría sido posible.

MP: ¿Cómo ve el futuro de la Literatura a nivel de su país y a nivel mundial?, ¿cree que los autores están obligados en cierto modo a cumplir las características de un bestseller para ver su obra publicada y con posibilidades de llegar a un número importante de lectores?
IU: Por suerte, cada escritor es un mundo por sí mismo. Hay quien prefiere escribir ensayo, poesía o divulgación y a quien le gustan los guiones o el teatro. También dentro de la novela existen diferentes gustos, romántica, existencialista, histórica… ¿Por qué no han de coexistir pacíficamente el Ulises de Joyce y El código Da Vinci de Brown? Soy de la opinión de que la principal función, la razón de ser de toda obra literaria, es el ser leída. Una obra maestra de la literatura, el libro mejor escrito de la historia, carecería de todo sentido si nadie lo puede llegar a leer.
No soy partidario de prohibiciones, tampoco de obligaciones. Creo que cada autor debe ser libre de escribir lo que realmente desee, aquello que realmente le guste, pero sin olvidar a sus futuros o posibles lectores. Salvo que escriba como mero divertimento, claro esta, sin ninguna pretensión de que lo lean. Solo en ese caso puede sacrificar al “dios de la alta y culta literatura” la diversión, el entretenimiento y la fantasía que un escritor “público” está obligado a ofrecer a sus lectores. Y que yo trato de proporcionar a los míos.

MP: ¿Qué es un escritor?, ¿tiene para usted esta profesión ese aire idealizado del que a muchos les gusta dotarle o lo ve como un trabajo más?
IU: Escritor es todo aquél que escribe. Toda persona que sentado ante un papel crea una historia, un poema, cualquier obra intelectual, es un escritor -por malo que pueda parecer a otros el resultado- y se merece el máximo respeto.
Supongo que para algunos el escribir puede ser un trabajo como cualquier otro. Pero para mí es pasar a papel mis fantasías y sueños, mis quimeras y mis pesadillas. A día de hoy, me resulta imposible el considerar la escritura como una tarea que se debe realizar por obligación, en unos plazos y con unas especificaciones concretas. Cuando escribo puedo ser capaz de sacar un capítulo en una jornada y luego invertir dos en sacar adelante un solo párrafo o tardar una semana en encontrar la frase que busco. Para mí es parte del encanto que tiene el escribir, ese buscar la palabra o la frase que mejor expresa aquello que sientes en tu interior.
Por otro lado, y sin pretender hacer comparaciones equívocas, también es verdad que en la literatura, como en cualquier otra arte o actividad humana, existen artistas, artesanos, profesionales y aficionados. Todos me parecen igual de respetables, salvo los snobs, a los que desprecio profundamente, y que tanto abundan en este oficio. Tanto entre críticos como entre los “escritores consagrados”.

MP: ¿Cree que se puede vivir de la Literatura? Lo cierto es que no parece que haya muchos que pueden hacerlo.
IU: Bueno, se me ocurren algunos nombres de personas que no solo viven de la literatura, sino que se han enriquecido con ella. Unos escribiendo y otros publicando o vendiendo los trabajos de los primeros. Esto demuestra que sí es posible vivir de ella.
Es cierto que, de los miles de escritores que en estas tierras hay, solo un mínimo porcentaje alcanzamos la gran fortuna de publicar nuestra obra. De los autores que consiguen ver su obra en las librerías solo una ínfima parte consigue extraer beneficio económico de su labor y realmente resulta despreciable la proporción de aquellos que pueden hacer de la escritura un medio de vida. Posible es, fácil no.

MP: ¿Qué es lo más gratificante de su afición?
IU: El que una persona a la que no conoces te pare en un bar para decirte que ha llorado al leer lo que has escrito, que le ha llegado al alma. Es una de las cosas más bonitas que me ha pasado nunca.
El ser capaz de trasmitir una emoción íntima a otra persona no solo me resulta gratificante, me parece algo milagroso, realmente mágico. Cuando un lector me comentó que se había “acojonado” leyendo la celada de tendería, o cuando una periodista me explicó que, angustiada por el miedo del niño en el primer capítulo, quería abandonar la lectura de Tierra amarga, pero no fue capaz de dejar el libro a un lado por que realmente estaba viviendo ese momento y no podía salir de él, no tiene precio.
El saberte capaz de transmitir sentimientos, eso es algo maravilloso.

MP: ¿Y lo más frustrante?
IU: El no conseguirlo. El luchar contra las palabras y no ser capaz de reflejar sobre el papel lo que sientes y es para ti tan evidente que puede llegar a doler.

MP: ¿Debe el escritor construir una Literatura capaz de llegar a todo el mundo o limitarse a escribir para aquellos que considera capaces de entenderla?
IU: Creo que cada cual debe luchar por conseguir su público. Tan digno de respeto es el ensayista que escribe un tratado sobre el bonsái, como un autor de novelas románticas. Para mí, el escritor realmente grande es aquél que consigue trasmitir sus sentimientos al lector. Solo eso basta. Creo sinceramente que es esa la función básica -y si me apuras única- de la literatura.
Por lo tanto, a mi modo de entender, el autor cuyo objetivo es el entretener y consigue que la gente lea su obra de una sentada, penando porque se termina, es mucho mejor escritor que aquél que busca engrandecer el espíritu del ser humano y no logra que nadie lea completo uno solo de sus libros.

MP: ¿Cree usted que el escritor tiene alguna responsabilidad con respecto a la sociedad o es sólo alguien que cuenta historias para entretener?
IU: El escritor es, antes que escritor, ser humano y por lo tanto tiene la obligación de dejar un mundo un poquito mejor del que se encontró. Con eso creo que cumple más que suficiente con sus obligaciones.
Por lo demás, repito lo antes dicho: me parece tan merecedor de admiración un bufón como un físico nuclear. Cada uno aporta su grano de arena, su pequeño esfuerzo para que la rueda de la humanidad siga avanzando. Uno descubriendo nuevas fuentes de energía, el otro haciendo que los demás puedan relajarse tras el esfuerzo diario.

MP: ¿Escribe para usted mismo o lo hace “pensando” en los demás?
IU: En primer lugar, para mí mismo. Si no me gusta lo que escribo no sería capaz de continuar con la novela, pero también me obligo a ser consciente de que quizás, en un utópico futuro, otra persona pueda leer lo que estoy escribiendo. Esto hace que modere muchas veces mis palabras y trate de encontrar un lenguaje lo más comprensible posible. Me esfuerzo por explicar a mis hipotéticos lectores lo que yo veo y siento al escribir una escena. Primero he de vivirla yo, pero si no soy capaz de trasmitir esa experiencia al lector ¿de qué sirve el esfuerzo de escribirlo?

MP: ¿Cuál es la obra de la que se siente más orgulloso?
IU: Tengo dos novelas escritas. La alegría que sentí cuando me dijeron que me publicaban la primera es una sensación irrepetible. Es el nacimiento de tu primer hijo, aunque sea feo. Luego, el segundo, más reposado, más maduro. Ya sabes que el hijo pequeño siempre es el más guapo…

MP: Díganos de qué personaje creado por usted ha sentido o siente auténtica predilección. ¿Por qué?
IU: Un padre quiere por igual a todos sus hijos. Es verdad que amo profundamente a Jon Ander, el protagonista de La piedra filosofal, un pobre hombre, cobarde y gris que pudiendo alcanzar el máximo poder elige ser feliz en su mundo, pequeño y pueblerino. Pero también quiero a Otxoa -un secundario de Tierra amarga- un hombre adusto y desengañado dispuesto a dar su vida por defender aquello en lo que cree, aún a sabiendas de que nadie se lo agradecerá. Frío como el acero que empuña pero capaz de sentir un cálido amor por su familia aunque sea incapaz de demostrarlo.

MP: ¿Está usted presente en su obra, en sus personajes?, ¿podemos intuir su personalidad?
IU: Cada uno de mis personajes, desde el clérigo más simplón al más cruel de los asesinos tiene algo de mi propio yo. Algunos expresarán situaciones que yo he vivido o decisiones que en su día tomé –acertadas o no-, otros son un reflejo deformado de mis pesadillas y demonios interiores, pero todos tienen algo de mí. Han de ser mis sentimientos, tanto los buenos como los malos, lo que sientan mis personajes. No me considero capaz de expresar una pasión si nunca la he sentido, por eso mis protagonistas –todos, hasta el último figurante de mis novelas- llevan una parte de mí, aunque sea deformada hasta hacerla irreconocible. Para reflejar los sentimientos de un asesino en serie no hace falta haber matado nunca a nadie, basta con mirar en nuestro interior, buscar nuestros más profundos odios y miedos, y encontraremos el terror y la brutalidad de la bestia que todos llevamos dentro. Incluso la bestia de Tierra amarga tiene algo de Iñaki Uriarte.

MP: Entran ganas de leerle… Háblenos de su última novela, Tierra Amarga.
IU: Es una novela histórica, esto es indiscutible, aunque con unas cuantas pinceladas de novela negra y de terror.
Tierra amarga transcurre en los últimos años de la edad media y dibuja con el máximo detalle la vida de aquellos jauntxos ya renacentistas, pero por encima de todo es una historia de aventuras, de asaltos a castillos, emboscadas nocturnas y duelos a espada. Son mis sueños de niño, las veces que me imaginé a lomos de un formidable bridón de batalla cabalgando contra el enemigo acero en mano, los que vuelan por entre las páginas de Tierra amarga. Con Tierra amarga he tratado de hacer vivir aquellas ingenuas sensaciones a los lectores adultos que hoy la tomen entre sus manos. Sentir la emoción de la lucha, el miedo a lo desconocido, el gozo de la victoria. Que el lector pueda revivir sus fantasías infantiles.
También quería contar como vivían y morían aquellos hombres y mujeres del medioevo, los que hicieron de esta tierra lo que es, pero sin sesudos estudios ni farragosos ensayos, de manera que me decidí por contar mis sueños de batallas y los amores imposibles, escribir sobre los sentimientos que el ser humano siempre a tenido y contra los que siempre ha luchado, el entusiasmo y el miedo, la pasión y la ambición, la familia y el odio, todo eso es Tierra amarga.

MP: Usted es una persona que ama la Historia y la Literatura. Pero estos son dos elementos que en ocasiones no se llevan bien. Hay quien opina que en novela histórica es obligatorio ofrecer el máximo rigor y ajustarse a los hechos sucedidos en el pasado sin apartarse un ápice de ellos; otros piensan, por el contrario, que la novela histórica es ante todo novela y por lo tanto puede y debe permitirse licencias. ¿Qué opina?                                                                                                                                      IU: Según la Real Academia, una novela histórica es aquella cuyo argumento alude a sucesos o personajes recordados por la historia -y creo innecesario insistir en que una novela es una obra de ficción- por lo tanto, me resulta hipócrita el que nadie pueda reprochar al escritor que se tome cuantas libertades considere necesarias para ajustar el guión de su novela a sus propias expectativas. Siempre y cuando no pretenda luego hacerlas pasar por realidades históricas.
Como ya he comentado, opino que el autor de ficción es libre de escribir lo que le plazca, sin que nadie se pueda arrogar el derecho de recriminarle falta de rigor histórico o científico. A nadie se le ocurre criticar una novela futurista alegando imposibilidades científicas, o despreciar una novela fantástica por que no cumple las leyes de la física; no es posible viajar en el tiempo, pero eso no deshonra la novela de H.G. Wells. Por eso me parece estúpido el reprochar a una novela histórica el que no se ajuste exactamente a los hechos tal y como ocurrieron. Quien busque rigor histórico debe buscarlo en un ensayo o en los libros de texto, no en una novela.
Bien es cierto que Tierra amarga está profundamente documentada, pero esto ha sido, exclusivamente, una opción personal. Simplemente, a mí me gusta que la ambientación, los pequeños detalles que circundan la acción, sean lo más ajustados posibles a la época en la que se desarrolla la novela. Me gusta conocer como eran en realidad, como vestían, qué comían, como vivían y como morían las gentes de aquella época, por eso he buscado hechos históricos donde ambientar mi novela y he tratado de dibujar con el trazo más fino la vida en la tierra llana y en las villas tardo medievales. Y todo esto no me ha impedido el tomarme ciertas libertades; es muy cierto que quemaron la torre de Basurto y asesinaron a un Leguizamón en Tendería, pero el cómo, el cuando y el porqué fueron novelados a mi antojo para hacer más comprensible al lector la realidad de aquella época.

MP: ¿Tiene en mente algún nuevo proyecto literario? ¿Se puede desvelar el título?
IU: De momento solo esbozos, algún párrafo suelto que puede dar lugar a una historia o morir antes de haber nacido. Nada que pueda llevar título aún.

MP: ¿Cuál es su forma de trabajar? Cómo crea la historia (¿toma notas, la esquematiza, realiza un borrador previo, etc.?), cómo da vida a sus personajes, cuáles son sus manías como escritor…
IU: Me gusta comprender a los personajes, necesito saber que tipo de calzado lleva y si le aprieta o no el pie. Esto supone que, muchas veces, me disperso en la documentación antes de ponerme a escribir y otras muchas me pierdo a mitad de un capítulo por buscar qué hierbas aromáticas podía echar la etxekoandre al puchero, pero insisto que cada cual debe escribir según sus gustos, y los míos van por esos extraños derroteros.
Por lo demás soy un diletante totalmente autodidacta, en algún caso puede ser que sea el personaje quien va dando forma a la novela en torno a su forma de ser, en otros es la historia quien va eligiendo sus personajes.
En La piedra filosofal nació primero el brujo, y fue al buscar la posibilidad de que realmente existiera un ser así cuando nació mi primera novela. En Tierra amarga, por el contrario, tenía claro que deseaba contar una historia de banderizos y fueron las necesidades de contar sus hechos las que determinaron los personajes que la pueblan.
En todo caso, una vez encontrado el germen de la novela se trata de desplegarla, ver hacia donde debe caminar y trazar un esquema de su desarrollo. En mi caso escribo una pequeña sinopsis del argumento que luego voy a desarrollar, dejando libertad a los personajes para modificar la historia según van creciendo.
En Tierra amarga, ya he dicho que quería contar una historia de banderizos. Por lo tanto, lo primero que hice fue buscar una serie de incidentes entre bandos que fueran lo más representativos posibles de la época y sus tecnologías. Así, seleccioné para mi novela el asalto a una casa torre, un combate a pie, otro a caballo, una celada en la villa y una emboscada en los caminos. Luego únicamente quedaba el unirlos entre sí mediante un protagonista común o dibujarlos como telón de fondo de una historia paralela. Me decidí por la segunda opción para que el protagonista de Tierra amarga pudiera ser alguien a quien le resultara extraño el modo de vida de los jauntxos vizcaínos, a la vez que parte de ella, y pudiera contar al lector todo aquello que le llamara la atención. Así nació Juan de Basondo, clérigo nacido en Vizcaya y criado desde su infancia en Valladolid. Luego solo tuve que dejarle solo para que fuera él quien descubriera al resto de habitantes de esta tierra, no por amarga menos amada.

MP: Existen autores que afirman sufrir con la escritura, bien porque no son capaces de escribir con el estilo que quieren o porque sus personajes “actúan a su aire” durante la historia, como si fueran seres ajenos a su voluntad. ¿Es usted uno de estos autores o, sencillamente, disfruta?
IU: Tierra amarga fue el trabajo de tres años y yo tengo poco de masoquista. Nadie me obliga a escribir y escribo simplemente porque me gusta. Es cierto que escribir supone un cierto esfuerzo, como puede serlo el correr por el parque o jugar un partido de futbol pero, para quien no vive de la literatura, es siempre un esfuerzo gratificante. Cierto que muchas veces me siento frustrado por no saber pasar al papel lo que quiero expresar y que la corrección de lo escrito puede resultar bastante irritante, pero es evidente que si no disfrutara escribiendo no lo haría. Creo que no tiene sentido sufrir por afición.
Respecto a mis personajes, yo les permito cierta libertad de acción y es el desarrollo de la trama la que va dándoles forma y personalidad. No tengo un esquema rígido, simplemente, coloco al personaje en una situación y dejo que sea él quien la resuelva, una veces según el guión preestablecido, otras es el destino quien decide su suerte. A mí eso no me hace sufrir, todo lo contrario, me divierte y apasiona el ver como un personaje inventado puede tener una cierta vida propia, ajena a la de su creador.

MP: ¿Qué autores han influido en su obra?
IU: Más que de autores, me gusta hablar de obras. Soy un lector bastante ecléctico, apasionado de las novelas de aventuras: la isla del tesoro, los hechos del rey Arturo…, también lector de clásicos: la Ilíada, el asno de oro… y he disfrutado sobremanera con Gulliver, tanto como con los cuentos de Poe; también he viajado en el tiempo y a lo profundo de la mente humana con alguna de las obras de Philip K. Dick, pero no creo que exista un autor en concreto que haya influido especialmente en mi forma de enfrentarme a la literatura. De verme obligado a elegir algún nombre, seleccionaría a Ibañez (el de Mortadelo y Filemón) o a Richmal Crompton (autora de las aventuras de Guillermo Brown), que fueron quienes me aficionaron a la lectura.

MP: ¿Un autor actual que le guste? ¿Por qué?
IU:  Me cuesta elegir un autor actual, por que no puedo encontrar uno del que me gusten todas sus obras. A una novela brillante pueden seguir decenas de absurdas historias escritas con el espíritu de un mal funcionario. Quizás sea un problema de esta sociedad, en la que todo debe ser rentable y los escritores no se libran de esta obligación. Parece que todos los escritores de éxito actuales están obligados a sacar sus obras a plazos prefijados, sin que se puedan conformar con haber escrito una obra extraordinaria. Si consiguen una obra maestra, se ven obligados a escribir su secuela (o su “precuela”, que es aún peor) lo que hace que su siguiente novela sea un mero objeto de comercio, nada que ver con la literatura.

MP: ¿Y uno que no le guste? ¿Por qué?
IU: Sánchez Dragó, me parece el prototipo de “escritor” del que antes he hablado, un publicista que solo tiene imagen para vender. Alguien para quien la literatura es únicamente una forma de ganar dinero, ni tan siquiera una afición o un oficio, simplemente el modo de aumentar su fortuna.

MP: ¿Qué opina del libro electrónico? ¿Desaparecerá el libro de papel?
IU: Soy un enamorado del libro como objeto físico, el olor a tinta y papel me parece que nunca podrá ser sustituido por una pantalla de ordenador. Pero tampoco podemos comparar las ediciones de regalo en los diarios, de mal papel encolado, mal impreso y peor encuadernado, con las cuidadas ediciones de lomos cosidos. Es cierto que una buena encuadernación no puede ocultar un libro estúpido o pesado, pero multiplica el sentimiento que producen las bellas palabras. Al ojear un ejemplar bien encuadernado, en buen papel, el solo olor que desprenden sus páginas ayuda al autor a trasmitir sus emociones hasta el lector. La complicidad amorosa que da un libro bien impreso jamás la podrá procurar una pantalla.

MP: Vivimos en un mundo en continuo avance tecnológico. Internet ha supuesto una revolución que también afecta a la Literatura al ofrecer la posibilidad de publicar fácilmente, lo que antes no sucedía. ¿Se le ocurre algún inconveniente?
IU: Mientras el leer exija un tiempo y esfuerzo por parte del lector, la literatura no será una afición de masas, esto hemos de tenerlo claro. En la literatura, jamás existirá algo parecido a Youtube, con millones de visitas a un clip de sonido o una performance.
Aunque es muy cierto que Internet puede ayudar en dar a conocer una obra escrita, ampliar su eco y hacer que llegue a lugares donde antes le sería imposible llegar a una edición modesta. Esta es su grandeza, y una inmensa oportunidad que no deberíamos desaprovechar.
Es cierto que hoy es mucho más fácil -y barato- el autopublicarse, pero el verdadero problema de un autor no es publicar, lo realmente difícil es dar a conocer su obra y distribuirla. Y para esto, Internet puede ser una herramienta increíblemente eficaz.

MP: Imagine que un autor novel le pide dos consejos: ¿Qué debo hacer para mejorar y crecer como autor? y ¿qué debo evitar para no fracasar en el intento?
IU: ¿Un neófito dando consejos al novicio? Que se sepa escritor, pero que sea siempre consciente de que nunca será el mejor escritor; y que insista en su empeño, pero con la suficiente flexibilidad como para aceptar que sus críticos también pueden tener algo de razón.

 

El escritor Iñaki Uriarte es también usuario de MundoPalabras. Pincha aquí para ver su perfil.

Para conocer el blog del autor, podéis visitar tierraamarga.blogspot.com

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