Entrevista a Ricardo Mena: la verdad sobre Shakespeare

Ricardo Mena Cuevas (Málaga, 1975) es especialista en Comercio Internacional y Derecho Marítimo por la Universidad de Southampton. Pero no vamos hablar en MP de su currículum académico, sino de su faceta como escritor y, muy especialmente, de su último libro Ver, comienza, un ensayo minuciosamente documentado que amenaza —entiéndase en sentido positivo— con romper el conocimiento que tenemos sobre quién fue en realidad Shakespeare. En palabras del propio autor se trata del “libro que descubre la verdadera identidad de Marlowe, Shakespeare y Spenser.” No esperemos más, sepamos ya qué nos ofrece Ver, comienza

MundoPalabras: Estamos deseando que nos cuentes detalles de Ver, comienza, pero antes háblanos un poco de ti para ir calentando motores. ¿Quién es Ricardo Mena, el escritor?
Ricardo Mena: Gracias por invitarme. Ricardo Mena es un filósofo ante todo. Él se considera así. Y si tengo que precisar más, diría que Ricardo Mena es un filósofo de la escuela de George Santayana.
 
MP: Antes de Ver, comienza, ¿has escrito en otros géneros?
RM: Muchos. Internet pueda dar fe de mis atrocidades literarias.

MP: ¿Disfrutas más escribiendo relato o ensayo?
RM: Ensayo. La escritura filosófica y de investigación va más conmigo.

MP: Tiempo para Ver, comienza. Ya hemos explicado a nuestros lectores que en tu ensayo se descubre la auténtica identidad (sin menospreciar a Marlowe y Spenser) de Shakespeare. Explícate, porque esto suena muy fuerte…
RM: Es simple: Shakespeare fue un nombre de guerra. En casi la mitad de las obras de teatro (y en los Sonetos) apareció como Shake-speare, Agita-lanza. Su pluma era su arma. El autor quiso relacionar este nombre de guerra para promocionar la carrera de su hijo Southampton al trono de Inglaterra desde 1593 con Venus y Adonis. No lo consiguió al final, porque el rey fue Jacobo I, pero a cambio tenemos la belleza y la tragedia de los Shake-speares Sonnets de 1609.

MP: ¿En qué te basas para aseverar que Shakespeare no es quien creemos?
RM: En 90 años de tradición oxfordiana y en cientos de pruebas que no paran de aumentar y confirmar el acierto del descubrimiento hecho por Thomas Looney en 1920.

MP: ¿No te parece que arriesgas demasiado? ¿No tienes miedo de que los historiadores puristas se te echen encima?
RM: Hay que aceptar las críticas. Siempre. Y luego seguir haciendo lo que te gusta.

MP: Tenemos entendido que hay otros autores que aseguran lo contrario. ¿Por qué supones que tienes razón y ellos no?
RM: Porque aparte de que una gran autoridad como es la Enciclopedia Británica para la cultura anglosajona favorece a Oxford como contrincante principal del hombre de Stratford, éste, además, era iletrado, como su padre lo fue y como lo fueron sus hijas. ¿Te imaginas al mayor genio de Occidente viviendo diecinueve años (desde 1597 a 1616) con dos hijas analfabetas en el mismo hogar sin enseñarles a leer siquiera para que puedan disfrutar de las obras de su padre? Las hijas de Milton, al menos, sabían leer y escribir: gracias a ellas tenemos El Paraíso Perdido.

MP: Hace algunas semanas pudo verse en los cines la película Anonymous, del director Roland Emmerich, en la que precisamente se trata el tema de la falsa identidad de Shakespeare y que viene de este modo a apoyar tu teoría. ¿Crees que lo que nos dice la película es cierto?
RM: Su médula espinal es cierta y está basada en hechos que yo y mucha gente experta respalda ya porque las pruebas y los documentos históricos nos han obligado a ello. Pero si alguien quiere saber cosas no debe ir al cine. El cine es arte, imaginación mezclada con realidad. El cine es puro teatro…

MP: Y después de Ver, comienza, ¿qué vas a ofrecer a los lectores? ¿Tienes algo pensado?
RM: Una novela en donde verteré mis demonios personales. Empezará con una puerta. Una puerta a la manera del Dante que desciende a sus infiernos…

MP: ¿Podemos saber al título?
RM: Naturalmente. El título será Prohibido entrar. La novela se quedará en microrrelato por lo que veo. Otro podría ser: No Llamar. Otro: Solo Personal. Las puertas son muy simbólicas. Los mismos libros son puertas. Si le dices a un lector en el título de tu portada algo tipo NO ENTRAR o NO TOCAR, tienes medio lector ganado. La tentación siempre está en el fruto prohibido. Por eso los libros de aventuras tipo El Secreto de Picasso, o La Biblia Secreta atrapan la atención. Yo les digo a los lectores de MP que escojan siempre el anzuelo de lo secreto y lo oculto. A la gente le encanta saber, como decía Aristóteles al comienzo de su Metafísica.

MP: Volviendo a Ver, comienza, ¿cómo fue el proceso de documentación y redacción del libro? En MP creemos que se trata de una obra titánica digna de elogio, sólo a la altura de las mentes más audaces (sin ánimo de adular).
RM: Empecé en Internet. Cuando agoté todo lo que pude en Internet, encargué un arsenal de libros. Y para el descubrimiento de Donne como Spenser igual. No hay secreto ni truco: tienes que querer leerlo todo…, que no se puede, pero el objetivo es ese: quererlo todo. Eso te impulsa bastante a esforzarte siempre.

MP: ¿Qué te parece más difícil, escribir ensayos o relatos?
RM: Relatos. Desnudarse cuesta. Y esconder nuestros demonios es fácil. Lo difícil es liberarlos y domesticarlos cuando han salido. Es algo no apto para cardiacos.

MP: Hablando de relatos, explícanos cuál es tu forma de trabajarlos. ¿Tienes algún método, realizas un borrador, creas fichas de personajes, o tienes alguna manía inconfesable que te ayude en el proceso…?
RM: No. Me pongo con una idea. Pero una idea que me ha llamado la atención. Que ha dicho: “¡Hey, que quiero salir!” Y entonces la pongo por escrito y veo cómo suena el primer párrafo. Yo me fijo en cómo suena. Si suena bien, lo dejo y sigo. Cuando he terminado de perpetrar el crimen, reviso cómo terminan todos los párrafos. Me fijo bien en cómo comienzan y terminan. Yo intento comenzar rápido y terminar con un epigrama, con algo sentencioso, tipo: “El amor le hacía odiarse” o algo así. Tienes que zarandear la mente del lector: generar su sorpresa. Por ejemplo. Si vas a terminar un párrafo y vas a poner algo como “Se trataba lisa y llanamente de dinero…”. Pues cambias esa frase hecha, ese tópico, esa convención, por algo tuyo que el lector no se espere, algo tipo: “Se trataba lisa y trágicamente de dinero.” Regla de oro: si suena bien, no lo toques, aunque te digan lo contrario. El otro día quería expresar cómo un personaje se muere en un relato. Una de las lecciones de San Juan de la Cruz y su Cántico Espiritual (obra que está a la altura o por encima de Shakespeare, Donne y Milton en musicalidad, en mi opinión, aunque el conjunto de su obra es escasa y eso le resta puntos…, San Juan de la Cruz es nuestro más grande poeta que ofrecer al mundo), como digo: una de las lecciones de San Juan de la Cruz es el movimiento. Fíjate cómo lo hace y tendrás la llave de una de las grandes técnicas narrativas: el ritmo, el swing, el movimiento.

Entonces, por volver al tema de mi idea de mi personaje que se moría, digo que quería expresar eso que es la vida transformándose en muerte. Y como la vida es movimiento, como nos dice Aristóteles, puse una frase plena de movimiento que termina en parón, que es la muerte. El personaje muere así: “Se escapa y entra y se quema y se disuelve y pierde memoria y sentido. Se ha ido.” Un profesor de Lengua te suspende por esta frase; pero quizás un lector te lo agradece. Nunca hay que menospreciar el valor de una cópula.

MP: Para despedirnos, Ricardo, ofrece algún consejo a los autores noveles que están leyendo esta entrevista.
RM: Nunca aceptes reglas de nadie. De modo que creo que con esto ya sabéis lo que tenéis que hacer con mis reglas. Lo resumiré con una frase de uno de mis escritores preferidos. Dijo Chesterton una vez: “Debo mi éxito a haber escuchado el mejor de los consejos, para luego marcharme y hacer justamente lo contrario.”

Comentarios (8)

  • Ricardo Guadalupe 31 enero, 2012 at 18:54

    Muy buena la anécdota de Milton. Debido a su ceguera dictó los versos de El paraíso perdido a sus hijas.

  • Maria del Carmen Rourich 31 enero, 2012 at 22:56

    Las respuestas de Ricardo Mena hacen pensar que, a veces, es bueno hacer una revisión sobre la vida y obra de algunos escritores y personajes de la historia universal. Tenemos, así, otra visión que nos permite formar nuestras propias opiniones.
    Me pareció muy buena la reflexión final,al repetir las palabras de Chesterton.
    María del Carmen Rourich

  • Michele Delebonne 31 enero, 2012 at 23:33

    Muy interesante como en este sitio son tan idiotas y le hacen entrevistas a un “filosofo” que está queriendo matar el nombre de uno de los más grandes poetas. Shakespeare era lego, lo que no significa iletrado. Este sitio es repugnante. Suban entrevistas decentes, infelices. O sino, como dice éste vende humo: “Yo les digo a los lectores de MP que escojan siempre el anzuelo” porqué las grande obras obras maestras: “El Secreto de Picasso, o La Biblia Secreta atrapan la atención.” Homero significa: El que no ve. Y Aristóteles no se imagina ninguna conspiración… La verdad que quien dirige este sitio es una persona abominable. Mil más desprecios y maldiciones.

  • Michele Delebonne 31 enero, 2012 at 23:37

    Ah, otra cosa, “Este libro descubre la VERDADERA identidad”. Decir eso ya es muestra de ser muy pelotudo. La verdad siempre es de uno. Shakespeare sabrá.

  • MundoPalabras 1 febrero, 2012 at 12:14

    Muchas gracias, Ricardo y María por vuestros comentarios :). Michele, agradecemos y respetamos todas las opiniones, pero no vamos a tolerar exabruptos ni ofensas. Por lo tanto te rogamos que opines cuanto quieras pero que moderes tus formas.

  • Montse Acevedo 2 febrero, 2012 at 11:01

    Una entrevista realmente interesante.
    Saludos

  • MundoPalabras 2 febrero, 2012 at 11:33

    Gracias por tus palabras, Montse; nos alegramos de que haya sido de tu agrado.

    Saludos 🙂

  • Elangel 2 febrero, 2012 at 21:46

    Me parece muy pedante y autocreído este autor. Desvalorar a un personaje como Shakespeare de la forma que lo hace da que pensar que le queda al resto. Como a Borges, por ejemplo. La verdad que coincido con los arriba criticantes en que deberían valorar mejor a sus entrevistados antes de arriesgarse a publicarlos.
    Y, ya que estamos en tren de decir pavadas… divertamonos con un anagrama de este señor. El anagrama de su apellido es “name” (nombre en ingles) y que, dividiendo su nombre (name) podemos decir “ARDO -RICo” es decir, “me muero por demostrar que soy rico”. Con lo cual concluimos que muere y desespera por la fama este señor Menardo Rico o “llamenme Rico que Menardo” (jajajajaja)

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