Entrevista a María Lara Martínez

DSC03895Estamos encantados de tener en mundopalabras.es a María Lara Martínez, historiadora y escritora con un currículo brillante tanto en lo académico como en lo literario. Es Doctora Europea en Filosofía, profesora, escribe en publicaciones de gran prestigio como Historia National Geographic o Muy Historia, ha formado parte del jurado del Premio Nacional de las Letras Españolas e 2012 y tiene varios libros publicados: El velo de la promesa, que ganó el Premio de Novela Histórica Ciudad de Valeria; Brujas, magos e incrédulos en la España del Oro (Alderabán, 2013); Enclaves templarios (Edaf, 2013), y Memorias de Helena (Alderabán, 2014), la novela con la que prosigue la saga de la corte del emperador Constantino.

María es una joven promesa de nuestras letras, por lo que hemos querido entrevistarla para que todos podamos enriquecernos con su experiencia y su visión de la literatura.

Hola, María, es un placer tenerte en nuestra comunidad literaria. Conociendo tu maravillosa trayectoria académica, lo primero que nos gustaría preguntarte es cómo consigues sacar tiempo para compaginar la escritura de novelas con las actividades propias derivadas de tu profesión. ¿Tienes algún hábito de productividad que puedas desvelarnos?

Me apasionan las dos facetas y, además, son vocacionales, pues desde muy pequeña tenía claro que me gustaba dedicarme a la docencia y a la escritura. La Historia une a ambas, así que es un deleite el proponerme cada jornada investigar a los personajes, explicar sus trayectorias y, por qué no, también es gratificante vestir con la imaginación su contexto. Eso sí con muchas horas de documentación. De este modo, a través del rigor y del carácter dinámico trato de hacer cercanas sus aventuras en relatos que intentan situar al lector en el escenario de los hechos, ya sea el palacio de Roma, la Judea de las Cruzadas o el vuelo de las brujas en Navarra.

Tu primera novela, El velo de la promesa, no solo fue galardonada con el premio antes citado, sino que también ha cosechado un enorme éxito llegándose a publicar ocho ediciones. ¿Qué puede encontrar el lector en esta obra? ¿Cuál crees que es el secreto para que una joven autora haya conseguido una valoración tan positiva por parte del público?

Disfruté mucho componiendo la novela. Me pasa en general con todos mis libros, por eso me tiene que interpelar fuertemente el personaje escogido. Recuerdo el día en que decidí escribir El velo de la promesa. Después de estar 6 años investigando en las fuentes de la Antigüedad Tardía en España y durante mis estancias en París y Harvard, una mañana de septiembre me desperté con el ferviente deseo de empezar a gestionar tramas en el Bajo Imperio: no se situó en mi mente otra protagonista distinta a Flavia Iulia Helena.

En el verano de 2011 fue una maravillosa noticia la concesión del premio y luego ha sido más que gratificante ir a las presentaciones, encuentros y veladas literarias sobre El velo de la promesa en bibliotecas, centros culturales, cofradías, etc. Esta Navidad, por ejemplo, la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara me pidió que la conferencia anual a todos los sacerdotes que organiza el obispo la impartiera yo sobre El velo y Memorias de Helena. Idéntica emoción a las entrevistas para medios nacionales, Gran Bretaña, Estados Unidos…, o las presentaciones en Castilla-La Mancha, Madrid, Galicia, Murcia o Andalucía.

¿Por qué tanto amor y devoción por el personaje de Helena? ¿Qué podrías contarnos sobre esta mujer en un par de breves frases para que entendamos el motivo de esa atracción?

Fue la primera conversa de la cúpula imperial. Nació en el paganismo y desarrolló a lo largo de su existencia una profunda tolerancia. Incitó a su hijo a que emitiera el Edicto de Milán en el año 313. Mediante este decreto se ponía fin a la persecución de los cristianos y nadie podía ser importunado por motivo de sus creencias, ya fuera seguidor de Isis, de Mitra, de Atenea, del Crucificado o escéptico ante el más allá. El repudio por parte del soldado Constancio Cloro (que en breve llegó a César) la sumergió en la depresión, mas gracias a manos amigas y a su natural iniciativa sus principios morales se vieron afianzados y, a pesar del dolor, mantuvo el optimismo y la sonrisa.

Después de El velo de la promesa llegó Memorias de Helena. ¿Qué encontraremos en esta segunda entrega?

Comencé a escribirla en enero de 2012 por voluntad propia (seguía enganchada a Helena) y por petición de los lectores que, cuando iba a los encuentros literarios, me sugerían que hiciera la continuación, pues querían seguir sabiendo más de Helena.

Es la mayor satisfacción que puede otorgar un libro al autor: el percatarse de que el destinatario se ha identificado con escenas o facetas del personaje, en este caso con Helena como adolescente que se asoma al mundo de los adultos buscando el amor, como madre abnegada, como abuela que se desvive por sus nietos en el siglo IV d.C….

En Memorias, la historia está narrada en primera persona del singular: habla Helena y se dirige a la 2.ª persona, al tú del lector, que la va a acompañar de nuevo por los 80 años que marcaron su existencia, con el afán de revivir alegrías y superar sinsabores, consciente de que todas las vidas al cabo resultan parejas en múltiples aspectos. Tiene también la obra un alto componente de autoayuda a partir del testimonio de esta mujer que nació tabernera en una aldea de Bitinia y, tras el amargo repudio por parte de Constancio Cloro, como madre de Constantino llegó a emperatriz de Roma. En El velo de la promesa moría y, en Memorias, regresa desde otra dimensión para unir el pasado con nuestro siglo XXI y atreverse a dar consejos de futuro. Desde el palacio del Sessorio, en Roma, la que fue su casa, espera el reencuentro con sus lectores para deleitarse en un amistoso periplo de Hispania a Jerusalén, pasando por Atenas y Egipto.

Quizá para alguien con tu formación no lo sea tanto, pero ¿es muy difícil el proceso de documentación en una novela histórica? ¿Qué les dirías a este respecto a posibles autores que se encuentren en esa fase tan determinante?

Es decisivo realizar una buena fase de documentación. La novela histórica se construye con personajes que existieron, con batallas que efectivamente tuvieron lugar. A estos hechos contrastables hay que sumar la ficción, porque las fuentes apenas hablan de los personajes hasta que saltaron a la esfera pública. Es sumamente divertido crear hombres, mujeres y niños de tinta, darles nombre y apariencia física, cavilar sus ropajes, organizar sus banquetes, ayudarles a salir de las intrigas… Mas, para conseguirlo, hay que documentar al detalle la cotidianidad en aras de conseguir la interacción más íntima que sea posible entre seres históricos e imaginarios.

En El velo de la promesa y Memorias de Helena uno de los personajes más queridos de la protagonista, su hermana Caerelia, es ficticio, sin embargo, todos estaremos de acuerdo en que alguien que nacía en el año 250 d.C. era muy probable que tuviera hermanos. Y por supuesto padres (Cecilia y Ulpio) y abuelos (Maronila y Hermocles). Recrear la relación entre Helena y Caerelia me resultaba mágico porque, a la par que debía empaparme de cómo eran las casas, de los métodos de enseñanza, de los juegos, de las oportunidades que tenían a su alcance las niñas en el Imperio, debía trabar entre ellas confidencias de hermanas universales en todo siglo.

¿Has pensado alguna vez cambiar de género o la novela histórica te atrae con demasiada fuerza?

Me dedico también al ensayo y a la poesía. A finales de 2014 se publicó mi libro de poemas, Poemaría, cuya presentación fue en el acto institucional contra la violencia de género en Guadalajara. Lo advertía hace un instante: me cautivan las letras y, por otra parte, al ser profesora de Historia siento la necesidad de que mis exposiciones resulten didácticas. Esto se puede conseguir con los tres géneros. El ensayo tradicionalmente se dirige a público especializado, pero todo depende del enfoque y del estilo, es posible sumergir al espectador en una historia sin conocimientos previos. La novela histórica permite demostrar que no somos tan diferentes de nuestros ancestros, salvando ciertas distancias el deseo se mueve en unos mismos parámetros. Con la poesía abordo las preocupaciones y tónicas de la vida actual con la remembranza de hazañas, la descripción de paisajes emocionales y los sueños de héroes que llegaron a serlo y de otros que, pese a su empeño, no saltaron a la inmortalidad.

¿Lees mucho? Igual que en la pregunta anterior, ¿solo novela histórica o te gusta también disfrutar de otro tipo de lecturas? ¿Cuáles son tus escritores favoritos? ¿Crees que hay algún autor o novela que debería leer todo aquel que comience a adentrarse en este género?

Leo todos los días y bastantes horas. Para escribir es obligatorio leer. Me gusta aproximarme a las fuentes primarias o a la instantánea que con su pluma los escritores dejaron de las pulsiones de su tiempo. Manejo a diario libros de los tres géneros citados, y de vez en cuando también leo teatro. Entre los autores cuyos títulos más selecciono podría citar a Lorca, Machado, Delibes, Ramón J. Sender, Buero Vallejo, Jardiel Poncela… No estaría de más que quien quiera dedicarse a la novela lea alguna de las piezas cervantinas, por ejemplo, una de las Novelas Ejemplares, El coloquio de los perros, te introduce vertiginosamente en el juego con los tiempos narrativos.

¿Elegirías entre un libro en papel o un libro digital o combinas la lectura en ambos soportes? 

Leo en ambos soportes, pero confieso que más en el libro en papel. Se pasó del papiro al pergamino, luego vino la imprenta y reemplazó los códices que tantas fatigas ocasionaban a los monjes amanuenses y hoy no podemos resistirnos al imperio de las pantallas, mas el libro en papel tiene un valor añadido: el aroma de las hojas, la lectura pausada que ofrece, el recuerdo de la compra o del regalo, es el poder evocador de todo libro, además de por el contenido, por las circunstancias que lo colocan ante el lector que va a ser su dueño.

¿Qué piensas de la situación actual del sector editorial: descenso de ventas, cierre de librerías, bajas cifras de lectores…?

Opino que hay que fomentar la lectura desde la primera infancia y que las instancias públicas apoyen el mercado: no sé si el mejor resultado lo dará el IVA reducido u otro mecanismo de campaña promocional. Sólo la lectura y los libros permiten que la sociedad mantenga la mente abierta. Las experiencias que desarrollo sobre mis libros en centros educativos son entrañables para mí. Escribí El velo de la promesa y Brujas, magos e incrédulos en la España del Siglo de Oro para adultos. Luego, me llevé la sorpresa de que lo estaban leyendo en institutos y centros de enseñanza para adultos, incluso desde colegios me han llamado para realizar adaptaciones curriculares en las que tanto los alumnos de Primaria como yo lo pasamos genial, bien rescatando la niñez de la romana Helena, o narrando historias de duendes simpáticos en Castilla.

¿Qué haces cuando las musas no aparecen? ¿Eres víctima, con frecuencia, del temido bloqueo del escritor?

Siempre está ahí el temor, pero la página en blanco también ofrece su enseñanza. Cuando eso ocurre, al principio te asustas, después sabes que tienes que descansar un rato, cambiar de actividad un rato, dar una vuelta, desconectar y, en el momento más insospechado, la musa vuelve y te hace feliz con su aleteo.

¿Utiliza María Lara algún método para construir sus novelas?

En primer lugar, el personaje me tiene que interpelar. Me pasa con Helena, también con las brujas y con los templarios. Todos ellos pasaron en un abrir de ojos de la celebridad al odio, o viceversa y, sin embargo, eran los mismos. Me agrada también juntar la seriedad con toques de humor y gestos que conmuevan. Lo mismo podría decir del recurso en mis novelas a la combinación de varios registros de la lengua en función del parlante: el erudito y el habla popular.

Hace un tiempo se abrió en nuestro foro literario un interesante debate sobre si escribimos para nosotros o para los demás, ¿cómo lo ves tú?, ¿crees que el autor ha de tener en mente, de alguna manera, el perfil de aquel a quien desea dirigirse con la historia que crea?

Por supuesto, el escritor ha de construir la historia desde el presente, buscando el diálogo con el lector que, desde su interioridad, realizará una interpretación siempre distinta del texto. Es irremediable que, durante el proceso de escritura, no sobrevuele la imaginación del autor un público cautivo y, en mi opinión, eso es positivo. En Memorias de Helena, la protagonista retorna al encuentro de los lectores de El velo de la promesa. Y tampoco puede evitar el autor el verse de alguna manera proyectado en cierto personaje o en actitudes adoptadas. Caerelia tiene muchos puntos de conexión con mi hermana Laura. Tres vertientes que desarrolla el proceso literario en el escritor son el psicoanálisis, la fijación de los recuerdos y la catarsis. En definitiva, escribo para el lector y los personajes sacan de mí vivencias propias o experiencias ajenas que capto en la sociedad o que la gente comparte conmigo.

¿Tienes nuevos planes literarios?, ¿podrías decirnos si habrá una tercera parte de esta saga?

Me encantaría escribir la tercera parte de la saga, de hecho ya existen en mi mente varias ideas al respecto. Y, próximamente, se publicará mi nuevo libro, cuyo título adelanto como primicia para mundopalabras.es: Reconquista.

¿Les darías algún consejo a aquellos seguidores de mundopalabras.es que sueñan con publicar y que sus obras sean conocidas?

Que tengan ilusión y escriban sus pensamientos sin desanimarse. La novela es como un tapiz, el autor va cosiendo y atando nudos y, al final, resulta que ha hecho el libro. Son muchísimos días y noches de trabajo en fases diferentes (investigación, redacción, revisión, etc.).

Horas ante los legajos o el ordenador que, a la larga, se recuerdan con nostalgia y hasta se echan de menos.

Muchísimas gracias y muchísima suerte con todos tus proyectos.

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