Cuando la imagen del escritor vale más que mil de sus palabras

Hace unas semanas el periódico La Vanguardia publicaba un artículo en el que se resaltaba el comentario del autor Eduardo Mendoza, que se lamentaba de que el escritor ha pasado a ser un producto más del engranaje del marketing del libro si quiere que su obra se venda. Incluso la editora Sandra Bruna reconocía que tienen en cuenta el perfil de los autores a la hora de lanzar títulos al mercado.
Pero ¿por qué pasa esto? ¿Cuál es el motivo para que la imagen de los escritores haya pasado a ser tan valiosa en la promoción de sus libros? ¿Realmente es tan importante que el autor de moda sea, además de buen escritor, guapo, simpático y con estilo?
En el mundo del marketing, somos lo que parecemos
Para poder responder a estas preguntas realizaremos un pequeño ejercicio. Imaginemos que vamos al supermercado a comprar una pieza de queso curado de oveja, nuestro preferido. Nos encaminamos decididos a las cámaras de frío y nos damos cuenta, sorprendidos, de que la marca de queso que estamos acostumbrados a comprar no está a la venta. En su lugar, encontramos tres marcas nuevas que nunca hemos probado y de las que no tenemos ningún tipo de referencia. Sin tiempo para buscar en otro supermercado y sin ningún dependiente que nos ayude a decidirnos por alguna en particular, nos enfrascamos en el difícil proceso de elegir cuál de las tres marcas es la que mejor relación calidad-precio tiene. Sin embargo, nos encontramos con que, a simple vista, todas tienen las mismas características: precio, composición, calidad, cantidad y denominación de origen. No hay nada que las distinga, a excepción del envoltorio: dos de ellos vienen empaquetados en unos simples plásticos transparentes, en los que, además del nombre de sus marcas y unos simples logos, se enumeran los porcentajes de los ingredientes del queso, su procedencia, su calidad, fecha de consumo preferente, etc.
El envase del tercer queso también está formado por un plástico en el que viene impresa la misma información que en los otros dos, pero con la diferencia de que, además, muestra una preciosa imagen de un prado verde con ovejas pastando plácidamente. Es bonita, relajante, sus colores son llamativos y refleja la imagen que casi todos los habitantes de las grandes ciudades tienen sobre cómo debe ser una granja de animales.
Ni que decir tiene que existen unas altísimas probabilidades de que escojamos este último queso solo porque el embalaje nos ha cautivado. Puede que al llegar a casa y probarlo nos demos cuenta de que no nos gusta, pero la compra ya está hecha.
Salvando las distancias y teniendo en cuenta que la comparación solo sirve para este artículo, en los últimos años los escritores han pasado a ser los envoltorios de los quesos de nuestra historia.
El exceso de oferta de libros hace de la diferenciación de los autores una máxima
La aparición de las plataformas digitales de ventas de libros ha abierto el mercado a todos aquellos autores que antes no tenían posibilidades entrar en la restrictiva élite editorial. Amazon y Wattpad, entre otros, están a rebosar de autores que prometen haber escrito el libro definitivo que prueba la existencia de Jesucristo o que dicen haber redactado la obra de la que todo el mundo habla. Hay miles de escritores con estilos prácticamente idénticos, con argumentos similares y entre cuyos sugerentes títulos los lectores no saben qué escoger.
Por tanto, ante tal avalancha de autores de características literarias semejantes que buscan un hueco o que quieren mantener el que tanto tiempo llevan defendiendo, la única forma que tienen de atraer a los lectores para que compren sus libros es diferenciarse con su imagen o con una marca personal única e intransferible.
Porque no nos engañemos, aunque sea políticamente incorrecto, los seres humanos juzgamos un libro por su portada y ahora, además, por la de su autor.
Una impecable imagen del autor, esencial en las ventas de sus obras
Es por eso que en los últimos tiempos se ha vuelto vital que las agencias literarias y las editoriales trabajen de forma ardua en la imagen de sus escritores, que ya no son seres atormentados que escriben en buhardillas malolientes, sino que se han convertido, o deberían convertirse si quieren vender, en personas con estilo, guapos y glamurosos, que se pasean por las casetas de las ferias de libros sin sudar, posando sonrientes en las fotos con sus fans y creando arte en cada autógrafo que firman. Son estrellas de cine versión literaria.
Por tanto, la respuesta a la pregunta que nos hacíamos al principio de este artículo, la que cuestionaba por qué es tan importante la imagen del autor, es que desde el punto de vista del marketing y ante el exceso de oferta, solo aquellos productos (=libros y sus autores) que se distingan de los demás serán los que capten la atención de los consumidores (=lectores o compradores de libros) y tengan más opciones de ser comprados.
La foto de Aleix Saló, que ilustra la entrada, la hemos encontrado en esta entrevista.

Enviar comentario

2 × 5 =

Nuestro asesor de edición puede resolver todas tus dudas.
Déjanos tu correo


¡¡Es el momento de apostar por ti!!

Uso de cookies

En www.mundopalabras.es utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y por motivos funcionales y estadísticos. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí política de cookies. ACEPTAR

Aviso de cookies