Eran los últimos acordes que acompañaban una melodía; reverberaba entre lisas paredes, parecían el fruto de la unión de varios mundos, efervescentes en esos minutos finales: próxima la serenidad.

Ausencia de tensiones, tacto inconfundible de mis manos en el mundo, caída lenta en un mar de ilusiones.

Vuelvo a la constante de mi voz llevado por las corrientes que siempre mecieron mi canción, solo un salto en las notas de esa inmensidad que ha sido mi pentagrama.

Barro que nos quiso libres; música en ese vals que bailamos justo antes de perder el equilibrio.

Y todo empieza.

Silencio