Si supieras, allá donde estés, lo que sentí al saberlo…

Se me heló la sangre, sí, y no creas que estoy usando un recurso poético que probablemente a ti no te gustaría, no…, se congeló de verdad. Empecé notándolo en las manos que casi se bloquean por la rigidez y poco a poco esa sensación fue subiendo, recorriendo todos los rincones de mi cuerpo. Desconsuelo, incredulidad, verdad… Verdad con la máxima dureza que puede tener una noticia, cruda y cruel, pero cierta, como que ya no estás, no volveremos a verte, acabó todo para ti…

Apenas llegamos a intimar, pero te veía todas las semanas, formal, honesto, amable… Tratabas de educar bien a tu pequeño, ese niño que jamás podrá entender esto, inocente, confiado aún en la justicia de una vida que le ha arrebatado lo que más quería… ¿Qué pensará ahora el pequeño?, ¿en qué creencias basará su visión del mundo esta criatura? No, no hay nada que pueda aliviarle este dolor, ni explicaciones que le ayuden a entenderlo. Le tocó, ambos fueron elegidos para esta caída al abismo, esta bofetada brutal que no avisa, ni perdona… Te deseo, mi vida, la mejor de las suertes, de la mano de una mente fuerte y cuerda que te haga afrontar la desgracia desde el camino correcto; que luches y encuentres en su recuerdo el impulso para seguir sin flaquezas, como a él le hubiera gustado. Al menos me consuela que estarás preparado para próximos golpes, porque tú ya la has visto de frente, mucho antes de lo que te hubiera correspondido, ya no te podrá engañar…

Están investigando si pudo evitarse, quizá sí, quizá no, pero no dudes que ayudaremos a saber la verdad, uniremos nuestras fuerzas para apoyar ese esclarecimiento que, si bien no conseguirá devolverte el aliento, al menos pueda servir para que no se repita: este adiós repentino, sin despedidas, sin avisos, sin clemencia… Descansa en paz, amigo.