RecuérdameTal vez implicaba un uso verbal de duda, de un futuro improbable, las palabras tal vez generaban una asfixiante sensación de ahogo en el alma, una incomprensión de vocabulario para el lenguaje del amor que se profesaban, y una vuelta de tuerca en sus jóvenes mentes, una forma arisca y brutal de decir que lo que sentían en aquellos momentos no sería suficientemente fuerte ni real una vez que el día hubiese llegado a su final. Así que por miedo a perder todo cuanto sentían el uno por el otro, quedaron expuestos al paso de los días con los huesos anclados y los músculos agarrotados en aquel viejo banco de madera, astillado por el olvido, carcomido por el paso de los años, y dolorido por las inclemencias del tiempo. Se miraban no sólo para contemplarse sino también para no sentirse solos, porque aun sabiendo que se tenían el uno al otro tenían que lidiar con la emoción pasajera que deja tras de sí la distancia cuando uno dejaba de mirar a su compañero para contemplar el paso de las blancas nubes por las escarpadas montañas decoradas por los verdes pastos y los largos caminos que con una sinuosa rotura han dejado carreras en las medias de sus piernas. Exhalaban el frío aliento sin malgastar las palabras, porque no necesitaban emplearlas de viva voz, y sin embargo, los gestos que implicaban las caricias tenían un peso aún mayor en sus vidas, porque necesitaban los abrazos y la clamorosa sensación de sentir el cálido peso del otro sobre el hombro y los brazos. Volvían la mirada para verse y algunas veces tan sólo lo hacían para mirarse porque tenían tanto que observar que a veces se les olvidaba que la verdadera belleza vive reflejada en los ojos de quien te mira.