Vertiginoso pensamiento que me envuelve en la locura de la soledad. Piezas de mi vuelan por doquier. La locura se pasea frente a mí vestida de humo con un toque de satín.

La oscuridad me envuelve y la imaginación como neón en la ciudad del pecado, se enciende. Deseo inherente en la piel, que despierta con la cercanía más lejana, la mirada más profunda. Un poco superficial, un poco carnal, pero tan profundo que hace suspirar.

Remolino de pasiones, remolino destructor que daña el corazón. Incontrolable galopar que le lleva a confundir la realidad. Sueño entre sueños. Deseo de ser aquello que besa y ser el blanco profundo que le abraza. Robar su calor por un segundo y disfrutar del carmesí que se añora.

Locura envuelta en humo satinado, sigue frente a mí. Pensamientos de locura cruzan detrás de su rostro de princesa. No lo sé, tal vez… me gusta pensar que así es. Me gusta pensar que su realidad se cruza con mi sueño y su pensamiento se viste con mi deseo.

Desenfrenada locomoción llega a mi ser. La realidad otrora de la imaginación donde el sol baña la belleza y la oscuridad resalta la sensualidad. Sueño encarnado que te eleva al mismo averno. Amalgama perfecta entre la belleza, ternura y el frenesí del instinto animal.

Ahora entiendo las palabras, el deseo y el palpitar. Ahora entiendo, que no solo es tinta lo que mancha el papel, también es el miedo de caer en garras de la ciega locura que el mundo conoce y venera. Esas simples palabras que se dicen mucho y a la vez poco.

Vertiginosa locura que me deja en la oscuridad, en la locura, en la soledad del deseo por ser quien libere las alas que temen volar.