Nacimos para estar siempre juntosDeseo vehementemente, con un afán excesivo, dejar por fin descansar mi cabeza contra las traslúcidas vestiduras plegadas de su pecho hasta que el más íntimo de mis pensamientos establezca que sin ella no hay razón ni motivo por el que seguir viviendo, y mientras exhalo el aliento exhausto contenido en mi pecho, alzo mis brazos rompiendo enérgicamente el aire que respiro, haciéndole ver que sólo ansío detenerme un momento en su ancha cintura para después dejarme caer durante un breve instante sobre la férrea tierra, golpeando violentamente mis huesos contra el suelo para recordarme que lo que lo que ahora mismo vivo no es un sueño, un anhelo que desaparecerá con el despunte de los rayos del sol al inicio de la mañana. Ese dolor que azota hasta el último nervio de mis huesos me hace saber que sigo vivo, porque ella es la razón por la que existo. Tambaleándose mi alma ya está, su embriagador perfume la delata, me revela lo que el corazón ya anuncia, lo que la razón ya sabe sin que nadie se lo explique, ella y sólo ella me hace descubrir que los siglos son sólo palabras y que los segundos que vivo para compartir a su lado serán siempre más duraderos e imperecederos que los milenios de cualquier imponente civilización. La veo venir, contoneando los pliegues de su indumentaria, creando el movimiento, para después dar forma a cada uno de los plisados que adornan su vestidura. Veo sus rodillas doblegarse, sus pisadas no se apresuran pero tampoco logran detenerse, está cerca, porque ya oigo el tintinear de sus joyas. Apenas puedo respirar, el aire se me entrecorta entre los labios, y mi lengua chasquea débilmente su nombre, me duele pronunciarlo, porque no hago justicia a la forma en la que todas y cada una de las sílabas con las que se forma deberían ser pronunciadas. Suavemente camina, transita sin darse prisa pero sin llegar a detenerse, quisiera que ya estuviera aquí a mi lado, pero es tan larga la distancia que de mis brazos la separa que ya no puedo contenerme por más tiempo, y herido y malherido ruego sin voz alguna en los labios que se dé prisa en llegar; mi batalla ya está acababa, mi cuerpo malherido ya no puede seguir peleando, mientras mi corazón sigue latiendo porque ella es la fuerza que me impulsa a seguir viviendo. Oigo entonces unas pisadas que resuenan cercanas a mí, pero que me son desconocidas: es el enemigo de mis enemigos, en cuyo rostro tiznado veo la sangre de mis viejos amigos. Voy a morir siendo ejecutado por el filo de su espada, nada podré hacer por evitarlo, y lo único que de verdad siento con todo mi ser es el hecho de saber que no puedo seguir manteniendo vivos estos sentimientos por mi amor, con este corazón que un día por amarla perdió el rumbo de la razón y el sentido.

¡Ah! Es ella, ¿verdad? La que extiende sus alas, la que me acoge entre sus brazos, la que me hace olvidar que ahora la sangre me ahoga mientras encharca mi boca e impide que diga su nombre. ¿Lo ven? Ya lo sabía, porque ahora que ya estamos juntos ante el umbral de la muerte, ella y yo no podemos vivir el uno sin el otro, porque nacimos para estar siempre juntos.