Lágrimas de extenuación, de derrota, de arrepentimiento; de un arrepentimiento profundo, solemnemente silencioso, lágrimas saladas diluidas en un infierno de agua dulce.

“Inés, soy Juan, tu editor, que ya sé que lo sabes pero te lo recuerdo, mañana a las nueve, n-u-e-v-e, en el hotel Ritz. Ponte guapa y por una puñetera vez en tu vida ¿podrías ser puntual por favor?” “Inés ¡Enhorabuena! Un pajarito me ha dicho (bueno, ha sido mamá) que has ganado el primer premio y..” “Inés, soy mamá ¿Cómo estás? Vi tu foto en una revista y te vi muy delgada ¿Ya comes bien hija mía? …” “Inés, soy Ana, perdona que te moleste pero cuando tengas un momento ¿te importaría llamarme? O ya te llamaré yo … Solo es que… Bueno…No es urgente, es que.. Perdona”
Inés apagó el contestador con brusquedad sintiéndose súbita y exageradamente asqueada , suspiró, se contempló largamente en el espejo situado encima de la mesita del recibidor y tras haber recuperado su característica serenidad , se dirigió hacia el piso de arriba para, a continuación, desnudarse, abrir el grifo, sintonizar la radio del cuarto de baño en la emisora de música clásica y finalmente sumergirse en aquella bañera repleta de agua caliente y espuma perfumada.“Mmmm ¡Qué bien!” se dijo mientras colocaba una toalla como reposacabezas. Una vez hubo encontrado la posición adecuada, y dejándose seducir por el segundo movimiento de la sonata para piano número 8 de Mozart, respiró profundamente y se relajó.
Inés abrió los ojos sobresaltada. Unas voces. “El requiém de Mozart” indentificó tras un momento de desconcierto con el corazón desbocado por el susto “Me habré quedado dormida” sonrió aliviada “ ¿Qué hora debe ser? ¿Estaré aún dormida?” se preguntó tras el tercer intento de querer sacar su cuerpo de aquella agua que ya empezaba a estar desagradablemente templada “Es muy típico soñar que estás despierta y no te puedes mover” Inés inclinó la cabeza hacia delante y la impulsó con fuerza hacia atrás. Sí, el cabezazo le había dolido a pesar de la toalla “Esto no puede ser un sueño” preocupándose seriamente intentando inútilmente acariciarse el golpe de la cabeza con la mano “ ¿Y si tengo una especie de parálisis?” se preguntó comprobando nuevamente que su cuerpo efectivamente respondía dentro del agua a las órdenes de su cerebro probando sumergir la cabeza para provocar algún tipo de reacción “Pero ¿qué me pasa? ¿por qué tampoco puedo?” sintiéndose víctima de una inexplicable fuerza oculta e implacable que no le permitía moverse de allí. Mientras tanto el réquiem de Mozart ya iba por el “Confutatis maledictis” acrecentando aún más su ansiedad “Y esta maldita música” Y , de repente, la música cesó.
Horas o, seguramente, minutos; la percepción del tiempo es impredecible en los momentos de angustia pasando del miedo al enfado, del enfado a la desesperación, de la desesperación a la resignación, a veces en este orden, a veces mezclados o alternados “Pero ¿qué significa esto? ¿por qué me pasa esto a mí?” formulando en voz alta la pregunta que ella tantas veces había menospreciado considerándola un ejemplo de soberbia y egoismo humano “¿Acaso las desgracias solo se las merecen otros? “ Recordó que le había respondido precisamente a su hermana unos meses antes tras que esta le dijera que la habían despedido “¿Por qué pienso ahora en eso ? Estoy atrapada inexplicablemente en una bañera y lo que hago es acordarme precisamente de esa estúpida conversación” “Sí, ya lo sé” le había respondido su hermana medio disculpándose “Es que me duele ¿sabes?” “¿Dolor? ¿Cómo te puede doler dejar de trabajar en esa fabrichuca de mala muerte a la que le has dedicado los mejores años de tu vida sin que te hayan reconocido nunca nada de nada ocupando siempre ese mismo puesto de segundona?” Fue recordar estas palabras dichas con todo el desdén del que ella era capaz (que no era poco) y notar en su piel un calor insoportable “¿Qué pasa? ¿Por qué el agua está tan caliente de golpe?” preguntó atemorizada “Ya te he repetido mil veces que no te metas en la bañera hasta que no venga mamá” escuchó como si hubiese regresado repentinamente a la infancia “¡Mamá!” chilló esperanzada “Mamá ¿estás aquí?” “Mamá” insistió está vez con un tono de voz suplicante recordando que era imposible que su madre estuviera allí “Mamá, tienes que venderte este piso tan grande e irte a un hotel de esos para gente mayor en los que te lo hacen todo” “¿Un geriátrico quieres decir?” preguntó su madre con expresión de desconcierto “No mujer, un geriátrico no. Mira, te he traído un prospecto para que le eches un ojo, hay piscina, jardín, jueves de bingo” “Aja” contestó su madre con los ojos humedecidos por una profunda nostalgia “Ay mamá¡ no te pongas así!” le respondió con impaciencia “Pronto no podrás valerte por ti misma y yo no tengo tiempo (y mi hermana tampoco, por mucho que insista que sí) para cuidarte, y además podrás llamarnos cuando quieras, cada habitación tiene teléfono propio ¿sabes? y ¡tele!” “Pero esta es mi casa, y la de tu padre, que en paz descanse” respondió su madre en un último esfuerzo de preservar su dignidad “Sí mamá” replicó tajante y fríamente “ pero es peligroso que vivas sola y yo no puedo permitirme estar preocupándome todo el santo día por ti, el pesado de mi editor me exige un libro cada año y mi hermana, ya sabes, ella dice que lo hará pero es un desastre que no sabe ni valerse por si misma. Además que no, que allá estarás de fábula, y he hablado con los de la inmobiliaria y me han dicho que venderán la casa por un buen precio” “Mamá” susurró entonces con una mezcla de vergüenza y tristeza “¿De qué va esto?” chilló de repente con rabia “¿Acaso es una especie de expiación?” sacudiendo con toda la fuerza de la que era capaz su cuerpo para salir de allí de una vez por todas “Sí, puede que no haya sido una persona ejemplar pero como la mayoría de personas normales que conozco y que han hecho algo notable en la vida. Yo no he matado a nadie. Yo no he robad …” “Inés” “¿Qué pasa?” le contestó a su compañera de piso sin desviar los ojos de sus apuntes de derecho procesal “Es que he escrito una historia y me gustaría que me dijeras qué te parece” “Ana, mañana tengo examen ¿crees que tengo tiempo para tus pamplinas?” “Sí, perdona, tienes razón, además es una tontería, seguro” recordando como a continuación su amiga Ana tiraba a la papelera la idea que ella más tarde le usurparía “Sí, pero su historia ocupaba cinco folios y mi novela doscientas páginas” se defendió gritándole a la nada “Ella no habría sabido hacerla grande y mi madre está bien cuidada y …” arrancando a llorar sintiendo de golpe todo el peso del remordimiento.

Horas, ahora sí, la oscuridad total y el entumecimiento de sus músculos ahogados en aquella agua peligrosamente fría lo corroboran. Quietud, silencio, lánguida espera hacia un final doloroso pero merecido.Inesperadamente una mano invisible e implacable le sumerge la cabeza a traición “Ya está” piensa sintiendo una gran paz interior y, de repente, la bañera completamente vacía mientras vuelve a escuchar nítidamente el réquiem de Mozart “Lacrimosa Dies Illa” Amén.