-¡Sal de acá! ¡Corre a la montaña más alta desde donde puedas ver el río! ¡Ordénale que se detenga!- las recuerdo bien. Esas fueron las palabras de mi abuelo.

Yo era un niño. Acabada de cumplir trece años. Estábamos solos en su casa.

-¡Corre!- me insistió.

Desde el piso, donde dibujaba en mi cuaderno, lo miré incrédulo.

Extrañé a mis padres. Sentí ganas de pedirles que me expliquen qué es lo que pasaba. ¿Se sentía bien mi abuelo? ¿Porqué me habían dejado solo con él? Estaba muy viejo y caminaba poco.

-¡Sal de la casa! ¡Ve al río! ¡Sus aguas están furiosas! ¡Hazme caso!

Se puso de pie. Me señaló la puerta.

Era tan alto.

Había dejado de lado su voz gastada y dulce con la que siempre me hablaba, con la que me que contaba historias y juntos inventábamos aventuras cada noche.

Ese no era mi abuelo. No podía serlo.

Su mirada. Esa mirada nostálgica con la que al verme parecía soñar con el pasado y que brillaba al hacerme reír, al jugar conmigo, había desaparecido.

Y me levanté. Y me repitió que me fuera. Que cierre la puerta. Que suba a la montaña más alta desde donde pudiera ver el río. Que les exija a las aguas que se detengan.

Y mis padres no estaban.

Llegué a la puerta. Volví el rostro para ver una vez más a mi abuelo. Para que me diga que me quede.

Pero no lo hizo.

Asintió con la cabeza y me dijo adiós.

Volvió a sonreír seguro, tranquilo, pausado.

Recuperó en sus ojos la nostalgia, el brillo.

Allí estaba él.

Ese era mi abuelo.

-Confía en mí- me aseguró-. ¡Vete ya!

Y le hice caso.

Y corrí despavorido. Corrí con fuerza. Más de una vez tropecé y caí y me levanté y tomé aire y sentí mi corazón latir con rabia como si la vida y la muerte dependieran de mí y me ensucié con barro y no me importó.

Y alcancé la cima.

Y vi al río correr. Lo hacía con furia y no tropezaba, no se detenía y sin respirar y sin corazón se llevaba piedras y torres y campos y muros y llegaba a la casa de mi abuelo y fue entonces cuando le ordené, lo hice gritando, lo hice entre lágrimas: ¡DETENTE!

Rossana Sala
Lima, 27 de febrero de 2016 https://rodandoentrelineas.wordpress.com/