Hace mucho, mucho tiempo yo tenía una hermosa y fuerte cola, brillante, ágil, me llevaba a donde quería a través de las azules y verdes aguas del océano de la vida. De un solo aletazo podía salir a la superficie y ver brillar el sol, reírme de los marineros, buscar brillantes tesoros y jugar con las otras sirenas.
Era poderosa.
Conoces el mito del canto de las sirenas? Pues hace 17 años un atractivo capitán entonó la melodía que me acercó a su balandro, y una vez a su alcance me susurró dulces poesías, me narró increíbles aventuras en países lejanos, me ofreció su corazón, su barco, su vida y me hizo caer en un dulcísimo ensueño en el que ya ni las olas, ni los tesoros, ni las otras sirenas brillaban tanto como el. Yo, una de las sirenas mas fuertes y poderosas unió su corazón y su espíritu a ese pirata del Caribe.

Pero el tiempo pasó y en alguna ocasión la brillante armadura de mi príncipe se empañaba, aparecían manchas oscuras que la afeaban, al principio solo unos diminutos puntitos negros y solo de vez en cuando. Y que hacia esta sirena? Sacrificar una de las escamas de su preciosa cola para tapar y así hacer brillar de nuevo la armadura. Pensaba que eso era el amor. Y creo que tenía razón, pero mi capitán no limpiaba su armadura, no se esforzaba para que no se estropeara ni tampoco se sumergía en las frescas aguas del mar conmigo para lavarla y para que las escamas de mi cola se fortalecieran y volvieran a crecer.

Y así pasaron los meses hasta que sin darme cuenta el brillaba y yo me oscurecía, además solo yo veía ese brillo, para el resto de las sirenas era evidente su cada vez mayor oscuridad y que yo me debilitaba empeñada en una felicidad que ya no sentía. Aún así, el era mi amor.

Hace tan solo unos meses mi pirata decidió explorar otros mares más cálidos, zarpo de mis brazos sacudiendo su pelaje y dejando a mis pies un enorme montón de escamas apagadas, sin brillo, sin luz. Las aguas en las que estaba sumergida empezaron a formar un remolino, mi mente se convulsiono, mi garganta se desgarro en un grito silencioso y oí (créeme que lo oí) un chasquido en el pecho que dio comienzo al dolor. Mis ojos se desbordaron añadiendo mas sal a mi amado océano y cuando moví mi cola, mi preciosa y fuerte cola, me di cuenta de que ya no me obedecía, era tan solo un amasijo de escamas sin forma.

Y aquí me encuentro, en el fondo, entre el légamo, arrastrándome con los ojos turbios por las lágrimas, sin encontrar el rumbo, con mi cola en carne viva.

Mis amigas sirenas me miran con pena, y yo siento vergüenza, si vergüenza por haber permitido que un humano mi haya anulado así. Y tristeza, una tristeza infinita que me oprime la garganta y no me deja respirar. Algunas de mis amigas quieren que vaya a visitar a la bruja del mar, que ella me ayude a lanzar un hechizo de dolor y sufrimiento a mi capitán. Pero no puedo, algo dentro de mi no desea esa venganza. Mi deseo es volver a ver esa mirada de pasión en sus ojos verdes, ver la media sonrisa de complicidad, sentir sus manos sobre mi y derretirnos juntos con tan solo un sutil roce de nuestras bocas.

Y si así lo hiciera? Que caballero tendría a mi lado? No el que conocí, no el que me enamoró. Vendría el pirata egoísta, el que me abandonó a mi suerte ignorando mi pena y mi dolor.

Intento pensar y no puedo, me encuentro entre dos paredes que se aproximan la una a la otra con fuerza progresiva. Mi cabeza: olvídalo, no es mas que un espejismo, no es bueno para ti. Mi corazón: le quiero, le quiero a mi lado.

Aquí sigo, llorando. No habrá ninguna poción que alivie este dolor? Las sanadoras dicen que solo el tiempo me regenerará, que la distancia romperá la cadena, que mi dolor se amortiguará. Creo en ello, pero de momento solo puedo pensar en el, recordar su voz, imaginar su perfil, no puedo hilar dos pensamientos seguidos sin que el aparezca y con el el sufrimiento. Que puedo hacer?.

En mi mente colisionan los recuerdos con el vacío que veo cuando echo mi mirada hacia adelante. No me atrevo a mirar de lejos, vislumbro una sombría espiral que gira infinitamente y yo con ella. Veo un páramo desierto en el que no me puedo orientar. no creí que aun pudiera doler mas, pero si que puede.

Entiendo íntimamente el dolor de corazón porque alguien te lo ha pisoteado. No soy capaz de decir nada mas, solo que si pudiera me lo arrancaría para que pasara este dolor.

Cuánto tiempo ha pasado? Un mes? Dos?. No lo sé. El tiempo es algo que discurre entre mis dedos como el agua, cuento las horas en emociones, en sucesivas series de calma y dolor, de paz y tristeza. El dolor vuelve a inundar mi ser, la pena vuelve a estrecharme entre sus poderosos brazos hasta dejarme exhausta. Mis antaño hermosos ojos que miraban al horizonte claros y confiados buscando aventuras ya solo ven el brillo del cristal que de ellos se derrama.

Hace poco mi voluntad se impuso un tanto a mi desaliento, y mis hermanas sirenas trazaron un círculo mágico que con sus dulces cantos me ayudaron a subir a la superficie. El sol baño mi rostro, cambió el color de mis cabellos, las olas de este generoso mar prestaron algo de fortaleza a mi débil cola que recuperó por un momento su tersura y me elevé lo suficiente para que la suave brisa secara mi faz y pude ver, de nuevo, clara y limpiamente el bello atardecer sobre el horizonte.

Y así continúe durante un tiempo, nadando más cerca de la superficie que arrastrándome por el fondo, la opresión sobre mi pecho parecía aliviarse un tanto y hasta llegue a intentar entonar algunas notas con mi rota voz.

Pero hoy, hoy vuelvo a estar en la profunda sima abierta por el desamor. Mi amor, mi vida, mi sueño ha iniciado una de sus travesías que se ha cruzado en mi rumbo, y esta vez con la absoluta certeza de que no volveré a verle más. Y la pena ha vuelto, me ha atrapado y yo no tengo fuerza para resistirla, me dejo caer hasta el fondo que está más oscuro que la oscuridad. Me siento tan lejos de todo que no oigo ni a mis hermanas, sus palabras pasan a través de mi, se lo que significan pero no las entiendo, ni me importa.

El aire vuelve a pasar por mi garganta, aún no soy capaz de hinchar el pecho y llenar mis pulmones, pero ya no me cuesta respirar. Despierto de dulces ensoñaciones durante la noche, pero ya no hay dolor en el despertar, solo una sensación de nostalgia. Tengo casi todo el tiempo a mi caballero en mis pensamientos pero ya no me duele el corazón y su imagen se va difuminando al igual que la pena se va diluyendo en otros sentimientos que aún no soy capaz de explicar.

Me dejo llevar por la corriente que acaricia mi cuerpo y me envuelve como un amante solicito. Y eso me conforta. Siento la fuerza de la marea que dulcemente me acaricia y me susurra que me abandone, que es parte de mi, que me protege y me ampara y que me llevara a la isla secreta de las sirenas donde me recuperaré, y volveré a ser yo misma, una sirena de fuerte cola aún bella, más sabia. Y que mi amado pirata se irá empequeñeciendo cada vez más hasta que ya no sea más que uno de esos minúsculos dijes que se cuelgan de las pulseras y que con el tiempo pierden su significado y tan solo embellecen las muñecas de las sirenas.

Quiero creer a mi amado océano, que nunca me ha mentido. Así, no perderé mi esencia, no me dejaré caer al fondo más que para buscar los corales más finos y hermosos con los que adornarme, para llenarme los ojos con la pura belleza de los cristales de las cuevas submarinas, para deleitarme con el armonioso sonido de las criaturas marinas. Y cuando arribe a las doradas arenas de la isla secreta de mis hermanas lo haré entera, fuerte, segura y libre. Pero sobre todo contenta, con el firme propósito de no perderme de mí misma nunca más, no olvidarme de quién soy y buscar constantemente la alegría para compartirla con mis hermanas sirenas.