Ella no podía saber en ese momento que el intenso latido de su corazón estaba siendo provocado por un pensamiento recurrente, rozando con la obsesión, que él tenía desde el momento en que la conoció. Su rostro, sus ojos luminosos, sus labios apetitosos se aparecían frente a él allá donde fuera, mientras trabajaba, hasta cuando llevaba un tiempo concentrado, zas, algo fallaba y allí la veía a ella con su eterna sonrisa y se le antojaba la mujer más perfecta que hubiera conocido. La distancia y el no saber cómo saltar los numerosos obstáculos infranqueables que los separaban lo tenían como loco. A ella, esa pasión absurda la tenía descontrolada. Ambos desconocían cómo el amor a veces entra en las vidas para ponerlo todo patas arriba.