Ni la zumba, ni el spinning, ni el trote pueden detener el paso del tiempo. Ni el botox, ni una jaladita, ni un parche por aquí y otro por allá. ¡Qué ladilla!

De tanto ser mamá gallina, aparecen las patas de gallo. El tiempo viene, pasa insoslayable, arrasa con todo, como el detergente de platos, como una tormenta tropical que deja la piel marcada, el pellejo arrugado y seco. Te deja la cara como chupando un limón.

¿Qué hacer ante esta situación calamitosa y astringente?

¡El espejo no ayuda! ¡Las fotos tampoco! Empieza a salirme el pelo blanco. ¡Auxilio! Gracias a Dios, puedo pronunciar con claridad esa palabra. ¡Auxilio! La repito para estar segura que puedo oírla. Todavía escucho. Lo que me conviene, pero lo hago.

Entre mi rostro maltrecho los dientes están completos. La cosa no es tan grave.

Todavía veo. Necesito anteojos, pero veo.

Pero participar en maratones, no puedo. Que me olvide de eso —   sentenció ayer el médico.  Que solo corra unas cuantas millas. ¿Y si necesito irme más lejos? ¿Qué cree? ¿Pero acaso no se da cuenta? Lo que pasa es que está pagando el haber trotado demasiado —recalcó con tonito de sapiencia y amargura. Yo jugaba básquet y ya no puedo —agregó. ¡Y a mí que me importa! ¿Pagando qué,  porqué, a quién y cuánto? (Las respuestas las tuve, claro, al salir de su consultorio y recibir la factura). ¡Que no me venga con eso!  ¿Qué tengo que ver yo con su básquet? Yo quiero trotar por las calles, salir feliz, sentir la lluvia, el sol, el viento. Llegar a la meta. Ver a los amigos. ¡Que me duela el cuerpo, el alma,  transpirar la vida! ¡Tener sed!

Que me tome las cosas con calma —me dicen. ¿Pero acaso no lo estoy haciendo? Proporcionalmente lo hago.

¡Qué ladilla! Hoy comienzo la fisioterapia de rodillas. Ya volveré a trotar.  

Escrito el diez de julio de 2009.

*Ladilla: Término de uso común, aunque poco elegante, en Venezuela. Se utiliza como sinónimo de fastidio…solo que más fastidioso. Por lo menos así lo entendí cuando vivía en Caracas.