Nos terminamos, agotándonos
junto al lago helado
que formaron mis lágrimas
no derramadas.

Si puedo coger tu mano
no necesitaré engañarme
una vez más, dibujaron estas palabras
tus labios en la cercanía del aire.

Esa negra bruma quizá
pase de largo para nosotros,
permitiendo que las flores
que coronan tu presencia triunfen.

Música encuentro en las entrañas
del destino si cuando se rompan
las cuerdas de la ilusión
me rescatas con tus amaneceres.

Te oigo en lo diáfano de mis plegarias
esos días en los que esa oscuridad me niega
tañer la lira que ordena aquello
llamado fe, mi camino sin las voces de Dios.

Bésame donde muere mi tiempo
dando soplo de luciérnagas
en la grieta que deja escapar
tu espíritu a ese espacio que es mi corazón.

una voz sin música