Solo te espero yo,
como sótanos abiertos
tocando abiertamente la luna.

Y es que ya no temo errar
si tu profecía
nunca da ese giro final.

Hace horas cambié ese gesto
que cuenta el recorrido
que tus manos dejaron en mí.

Atruenan verdades desgastadas,
ínfimas defensas agarradas
a la libertad que encuentro
en el paraíso que anuncian
tus muñecas, calidez femenina.

El tiempo se devora a sí mismo
mientras salvo las epístolas
que arman mi defensa.

Tuyas son las curvas del amor,
porque mis latidos no abandonaran
tus últimas palabras:
solo te espero yo.