Sé que floto en este silencio absoluto
que es el azul oceánico de la proximidad de tu espacio
dejando todo atrás para entrar en tu piel.

Los puertos de tu ternura descubren mi llegada,
dos vidas sincronizan el perfecto cristal
color rosado tocando la sangre que sale
por las aberturas de tu respiración.

Y parece que en otra vida fuimos uno,
entrelazados vagando por secretos caminos
cómplices solo nuestros, lejanas preguntas
carentes de deseo.

Amanece lentamente en este oasis que es tu boca,
invitado, respondo a calmar tu sed
de eternidades aterciopeladas.

Ya no es posible borrarte de mi mirada
si estoy tocando notas que te cuentan
cientos de noches desiertas de ti.

No ignoro que la próxima parada estará fría de ti,
sin poder sacarte de mis rincones con aquel vestido azul,
ausente yo tantas veces sin la guía de tus susurros.

En algún momento tendré que parar,
sin fuerzas para continuar sin tu aire,
y sentir el mareo de tu esencia
en la totalidad de los mundos posibles.

Quiero ser ese color que viste tus labios,
el aire que roza sin querer tu cabello,
el brillo que encierran tus ojos;
siempre invitando a despertar.

*poema basado en la novela “Solaris” escrita por Stanislaw Lem