Mis sábanas húmedas y apretadas me estrechan las piernas, se aferran a mi cuerpo preguntándome ¿qué hay de ti? Aún extraño el olor húmedo y recalcitrante que dejabas en ellas.

Mi tiempo y espacio se lo llevó cualquier usurero que pasó por mi ventana mientras te veía partir. Es cierto, yo lo decidí y hoy no me queda más que desmoronar la cal de las paredes con mis dientes. Grito, lloro y gimo en las penumbras de mi alcoba con mis cabellos empapados de deseo por no saber si perdí o gané pero con la misma ansiedad de necesitarte tanto, siempre te espero, siempre, siempre te espero.

Una década con el ruido silencioso de mis pensamientos en desuso, tan inservibles como tus pestañas caídas al mirarme firmemente para darle vida a tu mentira.

Desgárrame la piel y desnuda mi alma, sé que exclama lo que le dabas, permanezco bajo el hipnotismo de tus caderas tan perfectas, sigo bailando en tu mano dando vueltas, allí me tienes, trastabillando entre tu linea del amor y de la vida cual chiquilla embobada.

No quiero ser más la cómplice de tus deseos sucios, de tus manos perfectamente adaptadas a las curvas de mi cintura. Aléjate con tus brazos llenos de seguridad, la sangre que corre por mis venas no te pertenecerá más.

Soltaré el listón de mi pelo y lo arrojaré al viento, abriré las ventanas y dejaré que tus ruidos se vayan, echaré a mi esperanza por ti y dejaré los inciensos prendidos para que no huelas más por aquí.

Eso haré…sin contar que siempre te espero, siempre, siempre te espero.