En qué punto del camino estoy, no he llegado al cenit de mi vida, pero ya veo las sombras del ocaso. No sé qué es el amor, quizás allá, en mi lejana niñez lo vi pasar fugaz, como aurora boreal en el invierno sombrío. Ahora el invierno está cerca; siento su aliento helado invadiendo mi corazón, destrozado por el otoño de una vida baldía. Una vida que nunca tuvo primaveras, por eso no dio frutos. Que el sol no brilló para ella, pues no tuvo veranos. No hay risas que me alegren la vida, hermosura vana, es la hermosura. Un don sin destino y que se apaga. Veo tristeza y dolor, porque la vida es eso, dolor y penas con relámpagos cortos de alegría. Pero no hay alegrías para mí. ¿Tendré felicidad alguna vez? ¿Conoceré el amor, dará mi vientre fruto? ¿Tendré refugio cuando llegue el momento, habrá calor cuando la nieve caiga en mi ventana? no lo sé. Solo siento rugir mi soledad, la pena asomando con el llanto, la esperanza en el alma y las sombras, los segundos.