Alguna vez, quise romper el hielo; saludarle y hacerla sonreír,

regocijarme con su voz y envolverme en su presencia angelical.

Alguna vez quise detenerme y tomar su mano,

sentir la seda en su piel, disfrutar de su calor.

Alguna vez, quise mirarla a los ojos,

ver su interior, contemplar el fuego y bañarme en él.

Alguna vez… lo intente,

pero su presencia me embrujo.

Cada parte de mi era hielo y mi legua solo era una más en el cementerio de las palabras.

No cruce las miradas, solo contemple el negro del suelo.

Un extrovertido, ahora un introvertido,

un león devorado, ante la presencia de la gacela.

Un simple mortal, sin poder hablar.