Centellante lucero de pacifica voz,

princesa de ensueño, luz sin resplandor,

que con sonrisa apartas la oscuridad.

Vibrante belleza que enfría el alma con el calor de sus ojos,

que hace temblar el cuerpo son solo guiñar el ojo.

No puedo resistirme, soy mortal,

no puedo eludir lo celestial,

la demoniaca tentación de un ángel salido del mismo averno,

que se presenta en mi camino,

que me cautiva cual marinero al escuchar su canto.

No puedo evitarlo, no lo resisto,

Simplemente me dejo llevar por el tiempo,

Por el destino, quizás.

Espera eterna, que asesina los años,

Pero el corazón palpita, como al inicio.

Legua congelada, solo se puede manchar el blanco del papel,

Con un canto desesperado, con un grito ahogado.