El cielo está gris,
a ella le da igual.
Toma su paleta.
Deja el celular.
Elige los tonos,
los pone en su lienzo,
empieza a soñar.

Su madre se acerca,
le guía la mano,
le enseña a la niña,
cómo colorear.

Ema tiene siete años,
no piensa en las letras,
ni leyes,
ni nubes,
ni sumas,
ni restas,
ni nada en el mundo,
que la haga cambiar.

Usa verdes, naranjas,
azules y rojos
amarillos y lilas,
el cielo oscurece,
a ella le da igual.

Ojalá que viva
para pintar sus sueños,
para ser siempre Ema,
la Ema descalza,
de la orilla del mar.

¡Ay Ema, Emita!
¿A dónde te vas?
Y Ema me mira
y sonríe traviesa.
Es que la llaman
por el celular.

Rossana Sala, Montevideo Uruguay.
22 de octubre de 2015