Cuesta tanto voltear una página
cuando ésta es toda una vida,
cuesta tanto mirar al cielo,
parece señalarme la inmundicia en la que me pierdo,
al igual que tus palabras, se perdieron y se guardaron en algún lugar aquí en mi mente,
duerman profundamente, no despierten,
sólo si es para avisarme que el dolor se fue y no dejó una carta para mí.

Como las cuerdas de una guitarra
mi corazón parece temblar,
mi mente parece olvidar,
mis manos parecen tocar,
mis labios parecen probar,
mientras el olvido me obliga a decir ya no más,
me falta aliento para empezar.

Me asomaré, recogeré los recuerdos tirados en el piso,
me los guardaré donde menos duelan,
tal vez en mis suelas desgastadas haya un espacio para el que duela más,
y los que no, subirán hasta un lugar donde sólo ellos puedan estar,
¿en donde quieres estar?
¿quieres bailar conmigo toda una vida mía sin pisarnos?
¿o quieres ser parte de la histeria de mi historia?
Dímelo tú…
Dímelo tú, no necesitas prometerme nada,
sabes que con sólo un roce se enciende la chispa y ardemos en llamas,
eso es lo que necesita mi corazón para temblar,
mis manos para tocar,
mi mente para olvidar,
mis labios para probar,
el olvido se quemará en la sangre ardiente
y el aliento regresará en un soplo de felicidad.