Me desperté temprano con un inmenso apetito al saber que la venganza sería mi desayuno.
Reuní a mi gente y aclare que la muerte era solo un paso necesario para conseguir el objetivo; frío, inteligente y calmado me quede en la retaguardia dirigiendo. Todo salía cual lo planeado, las bajas aumentaban, pero cada alma esfumada, saciaba mi apetito.
Todo había sido estudiado minuciosamente, el éxito estaba asegurado, vi morir a mis compañeros sin derramar ni una lagrima, observe sin contemplación como la gente se defendía del ataque y quedaba destruida sobre la tierra.
Una vez arrasado todo cuanto se podía, sonreí, toque un par de botones de mi celular para continuar con el juego, apague la pantalla y me dispuse a levantarme de la cama para bañarme y desayunar. Ya había tenido mi venganza.
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