Esperas… humedeces el cristal que refleja a medias tu rostro, con el aliento de unos pulmones desgastados de tanto sollozar… esperas… deslizas los dedos dejando su rastro, exclamando a la soledad ¡aquí estoy yo, no te dejaré entrar!… esperas… a través de los vidrios empañados buscas ver aquel rostro tan familiar, aquel rostro que acelera tu palpitar… esperas… escuchas las agujas del reloj que caminan sin cesar, volteas a verlas deseando que el tiempo sólo haya revoloteado en la fantasía de tu mente, esté tan exhausto que ya no quiera correr en la realidad… esperas… miras a la gente, ríen, caminan, corren y ¿él? ¿Será que el tiempo ingrato lo retuvo en cualquier lugar?… esperas… cierras fuerte la mano, tan fuerte que las uñas dejan su marca una vez más, sintiendo como la desesperación recorre tu vientre, con un ligero placer en tu entrepierna cuando la llega a rozar… esperas… aparecen sus cabellos rizados, en medio de tanta gente es lo único que alcanzas a ver, no es necesario ver su rostro ya sabes que se trata de él… !desesperas!… no sabes qué hacer, ir a su alcance y recibirlo con una orquesta sinfónica que sólo existirá en tu mente o puedes recibirlo sentada en el sillón de la tele, sientiendo un poquito de orgullo, siendo pretenciosa y que no se de cuenta de que no podías esperar más… ¡desesperas!… te sientas e imaginas cada paso que da hasta llegar, cada escalón que sube, hasta crees sentir la emoción que sentirá, ¿será como la tuya?… ¡desesperas!… hasta que sus nudillos tocan la madera de la puerta que también anhelaba su presencia… te apresuras… sólo piensas en el abrazo que estrujará todo tu pecho y te llenará de seguridad, cómo no pensar en lo bien que se sentirá… por fin… los tienes allí al frente, a él y al aroma de rosas y lavanda de alguien más.

Ahora el silencio se oye como susurro en las paredes, como si el tiempo las carcomiera por dentro, todo envejece, todo, hasta los sentimientos más cimentados como raíces en el suelo, cuando no se saben cuidar y se van enredando por cualquier lugar.