Me mordía los labios para no besarle, me incorporaba hacia el lado opuesto para no sentirle y aún así el deseo de ir rodando por el sofá con él me consumía. Aquellos deseos iban creciendo a cada intento mío de separarme de él.

Sentía unos nervios enormes en mi estómago, incluso ganas de coger una calada de sus carnosos labios para apaciguar aquellas mariposas que volaban muy deprisa dentro de mí.

Sabía, pero, que si sentía un mínimo de aliento suyo cerca mío, todo el esfuerzo para alejarme de él, sería en vano.