El olvido vuelve a tocar a mi puerta y yo le atiendo sin dudar,

no me es indiferente su sonido seco y desabrido,

no puedo evitar correr hipnotizado por el frío,

por el silencio lleno de alaridos.

El olvido vuelve a tocar a mi puerta y sin vacilar,

le dejo ingresar,

abro mi hogar, mi habitación, cada rincón,

que se encuentre con el olvido que llena la oscuridad.

El olvido vuelve a entrar y yo solo le saludo, no le huyo,

ya no duele, ya no asusta, ya es común y cotidiano;

tan fuerte y tan frágil, que simplemente me brinda su pálida mano,

para confortar las lágrimas que alguna vez surcaron la sonrisa,

nublaron la mirada y dejaron ver,

que en algún momento hubo alma bajo la piel.