Dime una cosa… no, mejor no me digas nada, déjame a mi manchar el tierno papel, con tintura negra que sale de mis dedos. Déjame a mi hablar en palabras, describir en sentimientos… déjame a mi humedecer el rostro del corazón, con la sangre que se escapa.

No, mejor dime… no… calla mejor, no digas nada. Déjame a mí las excusas, déjame a mi inventar el mundo ideal donde nunca fallas, donde solo soy un insecto el parabrisas del vehículo que llevas al precipicio y va cargado con los mejores recuerdos.

Pero dime una cosa… no, mejor no… mejor… callas, así como lo hice yo. Guarda tus palabras en tu alma, deja que envenenen tu interior, deja que simplemente estallen en tu mente y se transformen en los terrores que hacen tus noches largas y tus mañanas agónicas, que se transformen en la respiración que incinera el interior y solo deja pensamientos que terminan en muerte.

Ahora sí, dime… pero dime una mentira, esa que siempre repetías. Pero esta vez, dila doble… miénteme dos veces en una frase, dime de nuevo aquello que creí y pensé sentir, dime la mentira de siempre, dímela sin pensar… como siempre lo hiciste, dime que me amas y que durara siempre.