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Deseo sencillamente que me quieras, que me mires y hasta que me mientas.

Deseo tu castigo y la sorpresa.
La manera dulce de salir airosa de tus besos.
La ternura oculta del azote y el sentir en cada día que sigo siendo tu debilidad.
Yo deseo que a cada instante tus suplicios, tus lamentos, tus llamadas y silencios estén lejos del abismo de pensarse olvidados, y deseo fuertemente volver a ti, justo en ese momento en que debo aparecer y hacerte sonreir.

No busques más sentido a todo esto, no le busques menos, únicamente detente a pensar que sientes tú. 
Dime si tu deseas hacérmelo.
Juguemos.
Escurrirme por tus dedos.
Sentirme siempre en sueños.
Esculpir con las manos, lo que dice el pensamiento.
Vive lento, ama suave, quema siempre el deseo y echa rienda suelta, eternamente, al caótico sentimiento.