El camino va y viene, y la ruta siempre es la misma. Los mismos arboles pueden rodearte y el mismo cielo bañarte, pero la estrella que contemplas, en cada ir y venir, brilla con mayor intensidad.

Camino traicionero de vaivenes maliciosos, de brujas escarlatas de belleza sin igual, de embrujos de amor, de corazones asustados, de celos y de amor. Camino espinoso que hiere los pies y doblega las rodillas con sus visiones.

Camino vestido de negra brea, que te mueve hacia el sendero, donde sabes que se encuentra, donde sabes que puedes verle a lo lejos, donde puedes por un segundo imaginar, su aroma y su suavidad. El calor de su interior, el brillo que derrite el corazón.

Camino que a pesar de los años, sigue siendo el mismo, la misma ruta, la misma estrella, el mismo embrujo… el mismo deseo, el mismo sentimiento. No hay razón para declinar ante el incansable tiempo, en el cementerio de sus horas, podrás tener a la princesa que tanto tus sueños añoran.