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Hermoso día aquel en el cual te levantas y haces lo que realmente te da la gana.
Tremendo el día en que despiertas y decides probar a decir aquello que llevas tiempo pensando.
Bestial el momento en que sientes que realmente estás en el sitio adecuado en el momento preciso con la persona ideal.
Y no hay muchos de estos. Y no aprovechamos realmente estas situaciones. 
Tal vez lo has hecho ya, y la verdad es que ni cuenta te has dado porque, no lo has sabido apreciar.
Dichoso aquel que recibe amor que es sincero, que te habla de corazón, que te busca sin motivo aparente, sin querer aprovecharse, ni vengarse de si mismo, sino simplemente sorprenderte con un cálido abrazo o un precioso beso.
Que hay poco de todo esto, bien lo sabemos. 
Que el expresarse abiertamente y a la cara, sin máscara y sin maquillaje, ya no se encuentra, también lo sabemos.
Y al final en mi opinión, queda la nada, un tremendo vacío, el que esta sintiendo la mayoría, el que, a nivel general, yo aprecio. 
Y creo que no es tan difícil.  Tal vez hasta yo no me lo aplico. Pero es tan sencillo como aprender a encontrarse uno mismo. Ese momento de soledad y planificar para todos los días siguientes de tu vida, un espacio para hacer lo que realmente te apetece. 
Y obligarse. Y realizarlo. Y empezar a quererse. 
Y a la vez, mientras aprendes a sentirlo, tener la capacidad de proyectarlo, con hechos, palabras, sentimientos. 
No calles nada, atrévete a expresarte mucho,  de cualquier modo consigue decir más te quieros, vamos a resentirnos menos. A ser claros, pero sin cloro, con argumentos, ser sinceros sin más por menos.