Hablamos con Benjamín Recacha

encabezadoblog1Benjamín Recacha es un escritor y periodista catalán, con dos novelas autopublicadas: El viaje de Pau y Con la vida a cuestas; coautor, junto al también escritor Toni Cifuentes, de Cartas a un escritor. ¿Cómo se escribe un best-seller?, que recoge un año de intercambio epistolar; y autor de la novela breve La cooperante, publicada por entregas en el blog cultural ‘Salto al reverso’, en el que colabora desde su creación. Acaba de publicar Memorias de Lázaro Hunter: los caminos del genio, novela breve en cuya adaptación gráfica trabaja su hermano, el pintor e ilustrador Fran Recacha, y está escribiendo su tercera novela larga, una historia policíaca que espera completar a lo largo de este año.

Hola, Benjamín, bienvenido a mundopalabras.es, nos encanta tenerte de nuevo por aquí (hace unos meses nos dejaba este interesante artículo).   ¿Cuándo comenzaste a escribir, Benjamín?

De niño. Recuerdo que en el cole me encantaba escribir historias de aventuras y divertidas, que luego leía a mis compañeros.

¿Y a publicar?

Hace tres años. Perdí el empleo que tenía por las mañanas y eso me dejó el tiempo libre necesario para acabar la novela que había empezado a escribir un par de años antes, El viaje de Pau. Al principio el reto fue completarla, pero una vez conseguido, me metí de lleno en la tarea de publicarla. Busqué editorial, pero como no recibí ofertas interesantes decidí hacerlo por mi cuenta. Y hasta ahora.

Cuéntanos algo sobre tu última novela, Con la vida a cuestas. ¿Qué podrán encontrar los lectores entre sus páginas?

Las historias de varios personajes que buscan su sitio en la vida. Algunos ya lo han encontrado, otros andan algo perdidos y otros no saben realmente si vale la pena intentarlo. Éste es el caso del protagonista, Alberto, quien, desde la desesperanza, inicia un viaje en el que irá encontrando motivos para volver a disfrutar de la vida.

Paralelamente, Lorena, una mujer como tantas, ninguneada por la sociedad y por ella misma, se dará cuenta de que el primer paso para vivir es quererse a sí misma.

No creo, sin embargo, que sea una novela intimista. Es obvio que el peso recae en los personajes, y que sus historias vitales invitan a reflexionar, pero también hay acción, aventuras, amor, mucho diálogo, e incluso una trama policial. Y, como ya sucedía en mi primera novela, buena parte de la trama se desarrolla en escenarios naturales preciosos. En esta ocasión, las comarcas leonesas de Babia y el Bierzo. Lugares maravillosos.

Todas tus obras son autopublicadas, ¿no has pensado nunca en contactar con una editorial tradicional?

Lo intenté con El viaje de Pau. En aquel momento desconocía cómo funciona el sector y quizás no hice un trabajo previo de selección lo bastante exhaustivo, pero la verdad es que no me arrepiento, porque ahora que lo conozco un poco mejor hay muchas cosas que no me convencen. De todas formas, no me cierro a publicar con alguna editorial que muestre interés por mi obra. Si te soy sincero, no creo que eso ocurra en un futuro cercano.

¿Cuál ha sido tu experiencia con la autoedición?

Muy positiva. Primero, porque me ha permitido superar el reto de escribir y publicar, algo que unos años atrás era impensable. Y segundo, porque he descubierto que hay lectores para mis obras. Autoeditar, en realidad, está al alcance de cualquiera. Las plataformas digitales permiten poner a la venta cualquier cosa, sea cual sea su calidad. Pero es bastante más complicado conseguir lectores que rebasen el ámbito familiar. Quiero creer que, gracias al trabajo bien hecho (siempre mejorable), poco a poco me voy haciendo hueco. Me siento muy orgulloso de poder decir que tengo unos cuantos lectores fieles, a los que no conocía antes de emprender esta aventura.

Precisamente, considero que el contacto directo con la gente, las complicidades que se generan, es uno de los puntos fuertes de la autoedición.

También hay cosas negativas, por supuesto. Por ejemplo, el tener que dedicar a menudo más tiempo a la promoción, a tener presencia en las redes sociales, que a escribir. Es necesario pero a la vez un hándicap, porque, como suelo decir, la mejor promoción es escribir bien. Sin libros no hay promoción posible, pero, claro, hay que darlos a conocer de alguna forma. No es fácil encontrar el equilibrio.

¿Tienes una rutina diaria de escritura o te cuesta sacar tiempo para dedicarte a esta actividad?

Intento imponerme una rutina, pero no lo consigo siempre. Soy más productivo por las mañanas, así que procuro escribir al menos un par de horas. Pero depende de en qué ande metido en cada momento. Por ejemplo, desde mediados de marzo he dejado en pausa la novela que estoy escribiendo para poder editar y publicar Memorias de Lázaro Hunter: los caminos del genio, que ya tenía escrita hace casi tres años, antes del Día del Libro (ya sabéis que en Cataluña el 23 de abril, Sant Jordi, es el día grande del sector). Por las tardes doy clases de refuerzo escolar y por las noches no tengo la cabeza para crear ficción. A veces intento llevar varios proyectos en paralelo, pero me he dado cuenta de que no es productivo, así que he decidido ir cerrando temas antes de ponerme con el siguiente. Total, que espero el momento en que mi cerebro disponga de espacio suficiente para retomar la rutina de escritura.

¿Cuál es el proceso por el que decides que una determinada idea ha de convertirse en novela?

Con cada novela ha sido diferente. Quise que la primera fuera un homenaje al Valle de Pineta, el lugar del Pirineo Aragonés donde he pasado buena parte de los mejores momentos de mi vida, y durante el proceso de preparación descubrí que era mucho más que un escenario precioso, que escondía una historia trágica y heroica que merecía ser contada. Con la vida a cuestas partió de un reto: lograr construir una trama consistente a partir de la fuerza de sus personajes, todos con historias de vida bastante duras, y que, pese a todo, no fuera una novela dramática. Como con El viaje de Pau, me ayudó el poder localizar la acción en escenarios que me transmiten muchas sensaciones.

El punto de partida de Memorias de Lázaro Hunter: los caminos del genio fue una propuesta de mi hermano Fran que se aleja bastante del registro de mis otras novelas. Es un western, divertido y violento, en el que he dejado expresarse a mi lado más “gamberro”. Y algo similar ocurre con La cooperante, una novela corta que empezó como un relato y que fui alargando a través del blog literario Salto al reverso. En ella mezclo la sátira política con una trama de espionaje y negocios corruptos.

Por último, el proyecto en el que ando metido ahora también surgió de un reto: demostrarme si soy capaz de escribir un thriller consistente. Le cogí especial cariño a uno de los personajes de Con la vida a cuestas, el inspector García, y decidí darle un papel protagonista en una historia que cronológicamente se desarrolla unos años antes.

¿Sigues algún método o utilizas alguna técnica para construir la estructura de tus obras?, ¿y para describir a tus personajes?

Tengo que reconocer que soy un escritor poco metódico. Intento hacer esquemas, tomar apuntes, y todas esas cosas que no niego que sean tan necesarias. Pero es que mi cerebro siempre ha ido bastante por libre. Evidentemente, me documento y realizo el trabajo previo a meterme de lleno con el proceso creativo. Una novela no es algo que se pueda, simplemente, escribir. Pero la verdad es que tanto la estructura como los personajes se construyen en mi mente y van evolucionando ahí.

Con la novela que estoy ahora me obligo a ser más aplicado, porque hay demasiadas cosas a tener en cuenta: pistas, conversaciones, declaraciones de testigos, estrategias tanto de los investigadores como del asesino, detalles de los escenarios, etc., que si no voy apuntando sería imposible recordar.

Serías incapaz de escribir sin…

Me he acostumbrado a escribir con música. Si estoy en casa necesito ponerle banda sonora a lo que esté creando.

Lo que sí tengo claro es que ahora sería incapaz de escribir una novela sin boli y libreta. Con el ordenador me cuesta muchísimo más concentrarme.

¿Te cuesta o te ha costado alguna vez llamarte a ti mismo escritor?

No. Supongo que al principio la palabra me causaba respeto. Pero cuando acabé mi primera novela me demostré que, efectivamente, soy escritor, y tuve clarísimo que habría muchas más.

¿Qué es para ti un buen escritor/a?

Buen escritor es quien respeta el oficio. Quien escribe con pasión y honestidad, con la voluntad de dar lo mejor de sí mismo, de crear algo que desearía leer, y lo pone al alcance de los posibles lectores con un acabado profesional, convencido de que esa obra es el resultado de lo mejor de sí mismo.

¿Qué ha sido lo más difícil que has vivido hasta ahora en lo que respecta a la actividad literaria? ¿Y lo más gratificante?

Lo más difícil, sin duda, es resolver el rompecabezas de la distribución. Es el gran problema de la autopublicación en papel, y todavía no he encontrado una solución operativa.

Lo más gratificante es el contacto con los lectores. Comprobar que hay un buen puñado de personas que disfrutan con lo que haces y que te lo agradecen.

¿Recuerdas alguna anécdota relacionada con el proceso de creación de tus obras?

Lo más curioso que recuerdo es la manera como me fueron revelados los títulos y la resolución de las tramas de El viaje de Pau y Con la vida a cuestas: en la ducha y cepillándome los dientes. Resulta que el cuarto de baño es una magnífica fuente de inspiración.

Tu mayor temor en el ámbito de la escritura…

No creo que haya nada que me atemorice especialmente. Si acaso, el que mis obras pasen desapercibidas.

¿Cuál es el fin último que persigues al escribir?

Disfrutar, expresarme, dar salida a las ideas que se acumulan en mi mente y, sobre todo, ser leído.

Lo mejor de escribir para ti es…

Que me permite expresarme con total libertad. Y reconozco que me maravilla tener la capacidad de crear historias y personajes que, una vez creados, siento que forman parte de mí, que son casi reales. Algo así como recuerdos.

¿Hay algún escritor/a que admires hasta el punto de desear parecerte a él o ella?

Admiro a muchos escritores, no por lo que son sino por sus obras. Soy poco mitómano, pero me encantaría alcanzar el nivel de maestros como Delibes, Auster, Steinbeck o Tolkien.

¿Crees que se puede aprender a ser escritor?

Sí, desde luego que se aprende. Continuamente. Sin embargo, creo que la vocación es fundamental, como en cualquier otra disciplina artística. Porque sin vocación es difícil que haya pasión, y la pasión es lo que marca la diferencia. Se nota mucho cuando una novela carece de ella.

¿Sientes un cariño especial por alguno de tus personajes?

Citaría varios, pero me quedo con Diego, el abuelo de El viaje de Pau, un personaje entrañable; y Rosa, la escritora de Con la vida a cuestas, por su personalidad arrolladora. También estoy especialmente orgulloso de Cuervo Blanco, el anciano y enigmático indio navajo de Memorias de Lázaro Hunter.

¿Hay mucho de Benjamín Recacha y de su vida diaria en tus novelas?

Algo tiene que haber, es inevitable. Y defiendo que sea así. El arte es una forma de expresión, de reflejar inquietudes e ideologías. Me considero una persona comprometida, con unos valores muy firmes, y aunque no pretendo pontificar ni convencer a nadie, sí aprovecho mis novelas para reivindicar y criticar. Se hace evidente, por ejemplo, mi amor por la naturaleza, lo poco que me gusta la sociedad de consumo y la gente que se deja llevar o que espera sentada a que la vida pase. No sabría escribir sin implicarme emocionalmente y, por tanto, es inevitable que mis obras estén impregnadas de mi forma de ser.

¿Qué tipo de lector te consideras?

Supongo que soy un lector estándar. No compito por batir récords de lectura, pero siempre llevo un libro conmigo.

¿Prefieres algún género en especial?

No tengo preferencias. Lo importante es que el libro contenga una historia que valga la pena leer y personajes atractivos.

¿Eres más de librerías o de bibliotecas?

Me encantan las bibliotecas, pero reconozco que las visito poco. Paso más tiempo en librerías.

¿Papel o libro electrónico?

Papel, sin duda, aunque el libro electrónico me está resultando muy útil para descubrir obras y autores muy interesantes.

¿Eres capaz de dejar algún libro sin terminar?

Antes no podía, pero desde hace un tiempo he aprendido que leer un libro que no estoy disfrutando es perder la oportunidad de leer otros que sí apreciaría.

Si volvieras atrás en tu trayectoria como autor no repetirías…

Lo repetiría todo. Todo lo que he hecho forma parte de mi aprendizaje como autor. Está claro que he cometido errores y que podría haber hecho mejor algunas cosas, pero no me arrepiento de nada.

¿Le darías alguna sugerencia a quienes estén comenzando ahora su aventura de publicación o autopublicación?

Que no tengan prisa, que sean pacientes y que concentren todo el esfuerzo en crear obras que valga la pena leer, cuidando todo el proceso al máximo. Ello incluye, por supuesto, la fase de corrección y edición, que es fundamental.

Sabemos que eres un firme defensor de la autoedición de calidad porque…

Porque la obra que lanzamos al mercado es nuestra carta de presentación y si no está cuidada al máximo repercutirá negativamente en nuestra carrera. Si uno publica una novela mal editada será complicado que lo tomen en serio.

¿Te sientes cómodo en el papel de promocionar tus libros?

Sí, porque estoy convencido de que son obras que merecen la pena, en las que he invertido muchísimas horas de trabajo honesto y profesional. Pero no me gusta ser pesado, por eso no insisto mucho. Además, la labor de promoción resta horas de escritura, lo que es un problema de difícil resolución.

 ¿Algún nuevo reto o proyecto literario a la vista?

La novela en la que ando metido me va a dar trabajo para unos cuantos meses, aunque también estoy pensando en la segunda parte de Memorias de Lázaro Hunter y en publicar otra novela por entregas, como hice con La cooperante, ésta una historia de ciencia ficción ambientada en Marte.

¿Dónde se pueden comprar tus obras?

En plataformas digitales como Amazon y Kobo, en una treintena de librerías de toda España (el listado está en mi blog personal y en el de los personajes de Con la vida a cuestas), y pidiéndomelas directamente a mí.

Últimamente nos gusta cerrar nuestras entrevistas con una pequeña batería de frases que requieren una respuesta muy breve, ¡vamos a ello!

Tu principal fuente de inspiración es… la naturaleza.

Para llamar a las musas nada como… escribir.

Tu lugar preferido para escribir… Un parque, cualquier lugar alejado de ruidos y rodeado de árboles.

¿Prefieres el día o la noche? El día. ¿El silencio o algún sonido de fondo? Suelo escribir escuchando música.

¿Alguna superstición? No.

Un sueño como escritor… Poder vivir gracias a la escritura.

Tu escritor/a favorito/a… Paul Auster.

Un personaje literario que te cautivara especialmente… El joven Gerry Durrell de Mi familia y otros animales; Tyrion Lannister, el astuto enano de la saga Canción de hielo y fuego; Amaia Salazar, la inspectora protagonista de la Trilogía del Baztán… Hay muchos, me cuesta quedarme con uno solo.

La novela que te hizo llorar… Más de una. De las últimas que he leído, Hijos de Atenea, de Mercedes Pinto.

Y un nuevo apartado, “muy personal”, para poder conocer un poquito mejor a los autores que pasan por mundopalabra.es:

Tu comida favorita es… Qué difícil quedarse sólo con una. Va, los macarrones gratinados que cocino yo.

Serías capaz de insultar si… Últimamente hay bastantes cosas en el mundo que me hacen insultar.

Tu ciudad favorita es… Las ciudades no me suelen gustar demasiado. Voy a ser poco original: París. También me encantó la parte histórica de Tallin, la capital de Estonia; Granada, y el verano pasado descubrí Vitoria.

Lo que te hace más feliz… La felicidad de quienes me rodean.

Lo que más odias de este mundo… La injusticia, la guerra, la falta de empatía, el racismo, la insolidaridad, la destrucción de la naturaleza… Tristemente, hay demasiadas cosas que odiar.

Una manía personal… No tengo la impresión de ser maniático. No sabría qué decir.

¿De qué te disfrazarías en una fiesta de disfraces?… Cuando era más joven me encantaba disfrazarme. Ya hace tiempo que he perdido la costumbre. No sé, de extraterrestre quizás.

Ahora mismo estás leyendo… Las uvas de la ira, de John Steinbeck, y por las noches, cuando se acuesta, le leo a mi hijo la trilogía de El señor de los anillos. Vamos por el segundo volumen, Las dos torres.

Gracias por todo, Benjamín, ha sido un placer conocerte mejor a través de esta interesante entrevista. ¡Gracias! 😉

Comentarios (2)

  • brecacha 5 Mayo, 2016 at 11:22

    Encantado, como siempre, de colaborar con vosotros. Es un placer compartir experiencias e impresiones sobre la aventura literaria.
    Muchas gracias por vuestro apoyo.

    • mundopalabras 9 Mayo, 2016 at 16:35

      Ya sabes que el placer es nuestro, Benjamín. Un abrazo y gracias por todo. 😉

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