Muchas veces me preguntan si soy feliz estando fuera de mi país, si no extraño mi música, mi clima, mi gente….
… La verdad es que no lo soy tanto, los extraño muchísimo, tanto que cada mañana resulta un poco más fría, los domingos más solitarios y los momentos buenos menos importantes. Solo por la sencilla razón de que no tienes a tu lado, la gente con quien te gusta compartirlos.
La soledad y los recuerdos se hacen una carga pesada en los días malos, te deprimes un poco, sientes que te faltan las fuerzas y no ves las salidas. No es fácil estar lejos de casa, lejos de tu país, en lugares donde resultas tu ser el extraño, donde tus chistes no dan risa y tus afecciones no son comprendidas.
Pero la verdad es que cuando me plantee salir de mi Venezuela, YA EXTRAÑABA TODO ESO, todo eso y más, porque sobrevivir en ese país, mi país, se había vuelto tan difícil, que dejamos de lado esas cosas que te hacen extender las raíces y afianzarte en un lugar. Ya no eran posible la mitad de las acciones que hacia cuando niño, y mucho menos las que esperaba hacer como adulto.
Ya extrañaba a Venezuela cuando aún vivía allí, estaba perdida, incolora, secuestrada por el dolor, la inseguridad y la nostalgia persistente de los “exitosos” días del pasado, Ya te extrañaba Venezuela; por eso ahora comprendo que hiciste más fácil mi partida, que dejaste desplegar mis alas en tu horizonte, con ese leve de esperanza de sonreír a mi regreso.
Ya te extrañaba antes de extrañarte, ya te extrañaba cuando seguía posado en ti, porque tú no estabas, no eras y no te sentías como esa hermosa mujer a la que conocí.
Ya te extrañaba Venezuela cuando aún vivía allí….