Hablamos con Fernando Goitia

Fernando Goitia, autor de La Sacudida

Fernando Goitia, autor de La SacudidaFernando Goitia es periodista y jefe de Actualidad en la revista XLSemanal. Sus reportajes sobre el huracán Mitch para El País fueron galardonados con el Premio Lázaro Carreter. La sacudida es su primera novela.

Hola, Fernando. Es un placer tenerte en mundopalabras.es y poder conocer un poco más sobre tu primera novela. ¿Podrías contarnos cuál fue el germen de esta obra? ¿Y el momento en que decidiste que tenías que escribir La sacudida?

La raíz de todo está en mi infancia y adolescencia en el País Vasco. De haber nacido en otro lugar no habría acabado creando una historia con un etarra condenado a vivir con el peso de sus crímenes en su conciencia; un relato sobre la devastación que sigue a la violencia. Escribir sobre lo que viví mientras crecía, contar mi visión de todo aquello, siempre fue una especie de cuenta pendiente agazapada en mi cerebro. Un buen día, a mediados de la pasada década, tras haber explorado algunas tramas en busca de posibles novelas, imaginé a un fugitivo llamado Julio sobreviviendo al deslave brutal de la ladera de un volcán en los días del Mitch, y, de repente, algo se iluminó, encontré un camino; una historia en la que fueron encajando muchas de las inquietudes que me llevaban acompañando tantos años.

¿Cómo les explicarías a nuestros lectores, brevemente, qué pueden encontrar en las más de 300 páginas de esta novela?

Intensidad. Una puerta abierta a la mente de dos asesinos que hubieran preferido no ser lo que son; dos personajes sometidos a un torbellino existencial en medio del huracán Mitch, el más devastador de las últimas décadas.

¿Es La sacudida un thriller? ¿Una novela de personajes? ¿Cómo te gusta definirla?

No me gusta definirla. Creo que no encaja en un género concreto, si bien contiene elementos del thriller y es, sin duda, una novela de carretera, un viaje. Al escribirla nunca pensé en estas cuestiones, me limité a proporcionarle a la historia todo lo que me iba pidiendo. Supongo que todo esto se debe a que nunca he prestado atención a los géneros. Para mí todo se trata de literatura: o es buena o no lo es.

¿Cuánto tiempo te ha ocupado la escritura de esta novela?

La escribí en permisos que me tomé de mi trabajo en XLSemanal a lo largo de cinco o seis años. Dos veces al año me cogía una semana libre y me retiraba en solitario a escribir a un pueblo en la costa de Vizcaya. Sumando esas ocasiones, pueden haber sido unos cuatro o cinco meses en total.

¿La labor de documentación fue compleja o ya poseías de antemano toda la información sobre lo que deseabas transmitir?

Poseía mi experiencia personal en lo relativo al huracán Mitch –viví tres años en Nicaragua y escribí en el diario EL PAÍS numerosas crónicas y reportajes sobre aquel desastre– así como en lo relativo al País Vasco. Para crear al etarra arrepentido, Miguel, eché mano de cosas que son parte de mi experiencia o de experiencias cercanas. Crear a Julio fue un reto mayor. He conocido a exguerrilleros nicaragüenses y hondureños, gente que combatió en los años 80, pero nadie había situado antes una novela –no tengo constancia de ello, al menos–, en la insurgencia hondureña de aquellos días, donde Julio actuó como guerrillero.

¿Seguiste algún método para darle forma a esta novela? ¿Tenías perfectamente clara la estructura y la trama antes de escribirla o la acción y los personajes evolucionaron en algún momento de una manera diferente a lo previsto?

Empecé con un narrador en tercera persona que contaba lo que vivían Julio y Miguel. Había escrito ya cuatro o cinco capítulos, pero algo no me convencía; sentía una limitación, como que necesitaba más acceso al interior de los personajes. Comencé de nuevo, reescribí todo en primera persona y sentí que, entonces, ya sí, funcionaba; estaba dentro de la mente de los protagonistas. A partir de ahí todo comenzó a fluir. Decidí así la estructura de narradores alternos y quise diferenciarlos perfectamente, que se expresaran de modos distintos y de forma muy real. Ya que iba a llevar al lector hasta lo más profundo de Julio y de Miguel, debía mostrarlos tal y como son. ¿Que Miguel es un vasco que lleva años viviendo en Centroamérica? Pues que se note cuando habla. ¿Que Julio es un hondureño nacido en Nicaragua criado entre revolucionarios? Lo mismo. Nunca había escrito una novela, así que todo fue nuevo, inesperado…

¿Has llegado a sufrir en alguna fase de escritura de esta novela? ¿Te apetece compartir con nosotros qué ha sido lo más bonito y lo más duro?

Sufrir, yo no, pero hubo un tiempo, cuando todavía no estaba perfilada, en que dudaba de que fuera capaz de convertir aquellas ideas primigenias en algo más. A medida que avanzaba, aunque lentamente por falta de tiempo de calidad, me motivaba y me iba convenciendo de que sí, que sería capaz. De hecho, cada vez que retomaba la escritura, meses después de la anterior, releía y me costaba creer que yo hubiera escrito todo aquello. «Va muy bien, va muy bien. A ver, ¿qué capítulos vienen ahora?». Fue un aprendizaje.

¿Hay mucho de Fernando Goitia en La sacudida?

Mucho, no. Todo. La he escrito yo. Hay Fernando Goitia ahí para dar y regalar, jajaja… Pero, ojo, no es la historia de mi vida. Es una novela que he escrito apoyado en cosas que he vivido o conocido muy de cerca.

¿Te consideras un autor exigente? ¿Fue dura la fase de revisión final?

Lo soy. Suscribo esto tan manido de que «escribir es reescribir». Nada más acabarla empecé a pulirla. Las lecturas de varias personas fueron, en este sentido de gran utilidad. En primer lugar, eliminé al periodista que soy yo de la novela, ya que en ocasiones se imponía al novelista que yo no era todavía. Esta pugna fue clave para mí como desarrollo personal y como autor. Además, pulí el habla nicaragüense de Julio. Inicialmente era mucho más acusado, con pies de página que explicaban cada palabra o expresión. Eliminé todo eso por consejo del editor Alberto Marcos, de Plaza&Janés –la primera persona del mundo editorial que mostró entusiasmo por la novela–, reduciendo y mejorando la contextualización de los modismos locales a la caza de un equilibrio entre ser fiel a la realidad y facilitarle la lectura al lector español.

¿Recuerdas cuál fue el libro con el que te enganchaste a la lectura?

Recuerdo las novelas ilustradas de Bruguera: Salgari, Walter Scott, Julio Verne, Dumas… o las juveniles de Enid Blyton; pero los dos grandes libros de mi infancia fueron Al este del Edén, de John Steinbeck, que me leí dos veces, y Momo, de Michael Ende. Descubrí ambos gracias a mi madre, que me había comprado primero La perla, de Steinbeck, y cuya lectura me llevó hasta su gran novela. En cuanto a Momo, lo leí con diez u once años, y aquella niña reconocida por su capacidad de escuchar a los demás me marcó profundamente. Interioricé de forma muy profunda esta idea de escuchar, aprender, empatizar; y eso ha marcado toda mi vida.

¿Te gusta leer algún género en concreto o disfrutas con cualquier tipo de libro? ¿Papel, libro electrónico o ambos en sana convivencia?

Me atrae mucho la novela negra, pero como te comentaba antes, no busco mis lecturas en base a un género concreto. En cuanto al formato, prefiero el papel, pero tener un e-reader puede ser muy útil, sobre todo cuando viajas mucho, como es mi caso, y los libros se convierten en pesado equipaje.

Ahora mismo pueden estar leyéndote autores noveles que estén introduciéndose en la aventura de la publicación, ¿qué les dirías?

Todo depende de la fe que cada uno tenga en su manuscrito, pero que insistan y que exploren todas las opciones posibles. La Sacudida, por ejemplo, ha sido publicada en papel cuatro años después de haberla terminado.

¿Tienes nuevos proyectos literarios a la vista?

Sí, una nueva novela que, como me ocurrió con La Sacudida, avanza muy lentamente por escasez de tiempo. Tras haber escrito la primera, en todo caso, ahora todo ha surgido de forma más directa; la idea, los personajes, los escenarios, el estilo, la estructura, el narrador… Me ayuda mucho todo lo que aprendí con la primera.

Últimamente nos gusta cerrar nuestras entrevistas con una pequeña batería de frases que requieren una respuesta muy breve, ¡vamos a ello!

Tu principal fuente de inspiración es…

Mi vida, la de otros y la literatura. No habría desarrollado mi escritura sin haber leído a grandes escritores. Cuando me retiro a escribir, además, procuro llevarme siempre una gran novela. Leyendo a grandes escritores siempre surge una avalancha de ideas.

Para llamar a las musas nada como…

Estar descansado y sentarse a escribir.

Tu lugar preferido para escribir…

Un pueblo donde me retiro en la costa vizcaína.

¿Prefieres el día o la noche?, ¿el silencio o algún sonido de fondo?

Escribo de día. A veces, madrugo y avanzo antes del amanecer, pero si tengo que ir a trabajar se me acumula un cansancio que más tarde perturba mi trabajo como periodista y como escritor y, sobre todo, el tiempo que estoy con mis hijos.

¿Alguna superstición?

Ninguna.

Un sueño como escritor…

Ya lo he cumplido. Ahora sigo soñando con avanzar por este camino.

Tu escritor/a favorito/a…

Estuve un tiempo, hace mucho, obsesionado con William Faulkner; en otro momento con Jim Thompson y Chester Himes; cuando descubrí a Orhan Pamuk, leí de él todo lo que se me puso a tiro; Jonathan Franzen es un contemporáneo del cual espero leer grandes cosas… Además, me atrae mucho América Latina: Vargas Llosa, Carlos Fuentes, García Márquez, Jorge Ibargüengoitia, Gioconda Belli… Y españoles a los que regreso de vez en cuando: Cela, Baroja, Delibes, Unamuno…

Un personaje literario que te cautivara especialmente…

Julian Sorel, el protagonista de Rojo y negro, de Stendhal. Conoces los planes del personaje y lo que hace para llevarlos a cabo, sin importarle nada ni nadie. Es completamente inmoral y, sin embargo, ahí estás, a su lado todo el rato, preguntándote qué demonios hará a continuación. No sé… Devoré aquel libro siendo adolescente.

La novela que te hizo llorar…

No hace mucho, La hondonada, de Jhumpa Lahiri. En un momento dado, muy avanzada la novela, de forma inesperada, sentí la angustia y la soledad profundas de Subhash, uno de los hermanos protagonistas y me dije: «Dios, ¡qué maravilla, cómo ha conseguido llevarme esta mujer hasta aquí!».

Y un nuevo apartado, “muy personal”, para poder conocer un poquito mejor a los autores que pasan por mundopalabra.es:

Tu comida favorita es…

Chipirones en su tinta.

Serías capaz de insultar si…

Uy, soy de insulto fácil. Y después me quedo fatal. No me compensa, la verdad.

Tu ciudad favorita es…

Río de Janeiro.

Lo que te hace más feliz…

Mis dos hijos.

Lo que más odias de este mundo…

A la gente que odia.

Una manía personal…

Limpiarlo todo mientras cocino.

¿De qué te disfrazarías en una fiesta de disfraces?…

No sé, soy peligroso cuando me disfrazo, me dejo arrastrar por el personaje…

Ahora mismo estás leyendo…

Ando con tres: Patria, de Fernando Aramburu; American Noir, relatos de David Goodies, Jim Thompson, James Ellroy, Patricia Highsmith, Mickey Spillane, James M. Cain, Elmore Leonard… y Mujeres, de John Updike.

Muchísimas gracias, Fernando, por haber “charlado” este ratito con nosotros y habernos aportado tanto.

Fotografía: ©Rafael Trobat

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