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Ignacio tiene once años cuando descubre que el cura al que sirve como monaguillo ha asesinado a su madre. Sin pensárselo dos veces decide vengar su muerte.

Tras más de cuatro décadas, los remordimientos siguen escondidos en su apagada y triste existencia. Sin trabajo, separado y con un hijo al que apenas ve el destino le tiene preparada una jugarreta y le pone de nuevo frente a todo lo que ha intentado olvidar y que aún no ha cicatrizado.

Mercedes Sáenz nos presenta en Estricnina una novela apasionante desde la primera a la última línea.

La historia nos sitúa en el Logroño de los años 70 con la infancia del protagonista y el trágico suceso que marca su existencia. Continúa en Mérida donde este ha pasado su edad adulta y finaliza en el momento actual con la vuelta a la ciudad donde todo empieza.

La trama no es lineal, sino que va dando continuos saltos al pasado, necesarios para conocer lo que mueve a cada personaje y recomponer todas las piezas del puzle.

La intriga crece con cada capítulo manteniendo al lector expectante y con ganas de conocer el desenlace.

El protagonista está muy bien dibujado, la autora nos aporta detalles del “Nachete“de once años que nos permiten conocer y comprender al Ignacio adulto.

Los escenarios tanto en Mérida como en Logroño están descritos con sumo cuidado, se nota que para la autora son del todo conocidos.

El lenguaje es sencillo y claro pero muy cuidado.  Las expresiones se acomodan a las diferentes épocas en las que se sitúa la historia y en todos los casos logran sacarnos una sonrisa.

Una historia dura, llena de sentimientos y con un final que nadie espera, ni siquiera su protagonista.