CLAVES PARA SER UN BUEN ESCRITORUna de las falsas ideas que parecen estar extendidas en relación con la literatura y la tarea de escribir es que el lenguaje utilizado por los escritores ha de ser muy complejo, muy elaborado, muy especial… Sin embargo, aunque cada autor tenga su estilo propio y haya tantos gustos como lectores, existen unas características muy valoradas en la literatura, relacionadas con la brevedad, la pulcritud, la sencillez…

Y es que para abordar grandes realidades de una manera tan evocadora y sugerente como solo hacen los grandes de las letras, para plantear reflexiones que no dejen a nadie indiferentes, para demostrar el conocimiento del ser humano y sus pensamientos más profundos, para entretener, enseñar, transportar a otros mundos… no hace falta utilizar demasiadas florituras, ni perífrasis, ni circunloquios, ni palabras en exceso cultivadas, que pueden no decir nada y dejar un profundo vacío en la mente y el alma del lector.

Partiendo de esta reflexión, en nuestra opinión, las claves  fundamentales para escribir bien serían:

1) La brevedad. Utilizar las palabras justas es esencial. Se trata de un gran reto para los escritores, ya que para sintetizar y quedarnos con lo realmente imprescindible se requiere un ejercicio intenso de lectura y relectura minuciosas para encontrar y eliminar lo accesorio. Ya decía Anton Chejov que “El arte de escribir consiste en decir mucho con pocas palabras”.

2) La limpieza y la pulcritud de una prosa. Hemos de perseguir el texto más puro que seamos capaces de crear, sin ornamentos innecesarios, con lo justo y necesario para condensar una idea con la máxima expresividad.

3) El orden. Esta característica es importante para conseguir un buen texto  final y para  facilitar la lectura. Nuestra sugerencia es tratar de fragmentar las ideas en párrafos de dimensión equilibrada (ni muy extensos ni excesivamente breves).

4) La claridad y la sencillez. Decía el autor W. Somerset Maugham: “Escribir con sencillez es tan difícil como escribir bien”. Poco que añadir por nuestra parte, pues es todo un reto que se supera leyendo y practicando incansablemente, con la férrea voluntad de convertirnos en mejores escritores cada día.

5) La elegancia. Y es que la sencillez no está reñida con la elegancia, en la cual influirá el mimo con el que tratemos a nuestras palabras, la delicadeza con la que construyamos las frases, la riqueza de vocabulario que poseamos…

6) El estilo propio. También es muy importante mantenerse fiel al estilo propio, tratar de ser uno mismo, aprendiendo de cuantos modelos se deseen, pero sin caer en imitaciones, pues estas solo esconden un complejo de inferioridad de aquel que aspira a ser quien no es. Hay que ser natural, aunque como decía Oscar Wilde, la naturalidad sea la más difícil de las poses.

En definitiva, lo importante es saber llegar al lector, tocarlo, pulsar sus emociones… y el verdadero mérito reside en conseguirlo con las palabras justas, de una manera sencilla y natural, con un lenguaje ágil que lo lleve en volandas línea tras línea. Parafraseando a Truman Capote, hay que conseguir música a través del roce de unas palabras con otras. Aquí reside la verdadera complejidad de una buena escritura.

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