foto mundopalabrasEn el mes de octubre os presentamos la primera colaboración de nuestros escritores estrella, un nuevo apartado de mundopalabras.es en el que queremos hablar, intercambiar opiniones, enriquecernos… con autores que consideramos que tienen una trayectoria interesante de la que todos podemos aprender. Empezamos con Isabel Martínez Barquero y hoy, tras un retraso motivado por diversas circunstancias, continuamos con el escritor Benjamín Recacha, quien nos dará su visión sobre la promoción de los escritores. Pasamos a presentar a este autor…

Benjamín Recacha es un escritor y periodista catalán, con dos novelas (auto)publicadas: El viaje de Pau y Con la vida a cuestas; coautor, junto al también escritor Toni Cifuentes, de Cartas a un escritor. ¿Cómo se escribe un best-seller?, que recoge un año de intercambio epistolar; y autor de la novela breve La cooperante, publicada por entregas en el blog cultural ‘Salto al reverso’, en el que colabora desde su creación. Actualmente prepara la publicación de Memorias de Lázaro Hunter, novela breve en cuya adaptación gráfica trabaja su hermano, el pintor e ilustrador Fran Recacha, y está escribiendo su tercera novela larga, una historia policíaca que espera completar a lo largo de este año.

‘La recacha’ es su ventana al mundo, un blog que cumple ya tres años, donde reflexiona sobre la aventura literaria y el mundo editorial, y en el que expone sus opiniones personales sobre temas de actualidad. También escribe en ‘Un paseo por la vida’, el blog de los personajes de Con la vida a cuestas.

En estos tres años de incursión editorial ha tenido la oportunidad de participar en importantes foros del sector, como Liber y Kosmopolis, para explicar su experiencia como autor independiente.

Y, ya sí, os dejamos con su extraordinaria aportación.

 

Antes de las vacaciones recibí un email de Berta en el que me proponía participar en una nueva sección de mundopalabras que iban a titular ‘Escritores estrella’… Escritor “estrella”, yo… Se agradece el piropazo, aunque “estrellado, más bien”. No, ni una cosa ni la otra.

En verdad, no creo que nunca pueda regodearme en mi desgracia (como autor, se entiende), en mi mala suerte, en la incomprensión del mundo hacia mi trabajo (como parece ser signo de distinción entre cierto tipo de escritores que hacen gala de su sufrimiento creativo), pues ya he (auto)publicado tres libros y me siento un privilegiado (a pequeña escala, pero privilegiado al fin y al cabo) porque algunos cientos de personas, incluso puede que un par de miles, los han leído. Además, he tenido la oportunidad de participar como invitado en acontecimientos literarios muy interesantes, algo inimaginable hace tan solo un par de años.

Mi trabajo, que me encanta, es reconocido y esa, admitámoslo, es una de las principales aspiraciones de quienes escribimos para ser leídos. De vez en cuando necesitamos que nos digan lo bien que lo hacemos para rellenar el depósito del amor propio y afrontar a tope el proyecto que tengamos entre manos: sin duda, nuestra mejor obra, la que despertará por fin el interés de todas las editoriales, la que caerá en manos de miles, qué digo, millones de ávidos lectores.

¿Que no fantaseáis con cosas así? Vale, yo tampoco; ya, no. Con mi primera novela, El viaje de Pau, cuando no tenía ni idea de qué iba el negocio, sí que dejaba volar la imaginación, pero no tardé en asumir lo que un autor novel e independiente puede esperar de sus libros. Venderlos como churros y convertirse en estrella mediática, desde luego, no entra en las posibilidades. “Jo, qué rollo”. Lo sé, es descorazonador, pero cuanto antes nos tomemos los chutes de realidad, antes nos pondremos a hacer lo que toca, es decir, crear, guardando las fantasías en un confortable rinconcito de nuestra mente.

Berta me sugería que escribiera sobre la promoción de los autores noveles. Me halaga que en mundopalabras opinen que hago una buena promoción de mis obras, aunque, siendo honesto, y aun reconociendo que la promoción es imprescindible, no es algo en lo que últimamente invierta demasiado tiempo. “Entonces, ¿qué narices se supone que haces escribiendo esto?” Voy a tratar de explicarme.

Antes de embarcarse en la aventura literaria hay que tener muy claras dos cosas: 1) No hacerlo pensando en (soñando con) ganar dinero, y 2) En el mercado hay miles de autores que creen publicar cosas que vale la pena leer, así que las redes sociales están saturadísimas de publicidad y acciones de marketing diversas, con lo que el hueco que dejan libre es… La verdad es que no queda hueco alguno.

“Vale, hasta luego. Me voy a ver si tengo más futuro como canguro de mascotas.”

Tampoco es eso. Si tu pasión es escribir, lo haces bien y tienes buenas historias que contar no está todo perdido, pero es importante saber dónde te metes.

Hay escritores noveles que han logrado el éxito comercial con su primera novela, hay quienes viven de la literatura yendo por libre, y quienes trabajan realmente bien la autopromoción, invirtiendo tiempo y dinero.

El factor suerte también influye, si no ¿cómo explicar que novelas buenísimas pasen desapercibidas y otras no tan buenas se conviertan en pelotazos? Pero como no es algo que podamos controlar, no lo consideraremos.

Hay dos ingredientes fundamentales para pretender hacer carrera literaria: honestidad y pasión. Doy por hecho que quien se pone a escribir sabe hacerlo, pero eso no es suficiente para lanzarse al mercado, no si se quiere hacer con unas mínimas garantías de éxito, y con éxito me refiero a que el libro rebase el ámbito de la familia y las amistades.

Soy un convencido de que lo que ponemos al alcance del público debe ser resultado del mejor de nuestros esfuerzos. No vale con intentarlo, con contar una historia que consideramos interesante; el producto final debe ser el mejor posible; profesional, honesto, un trabajo apasionado, que lleve nuestro sello inconfundible.

Sé que la realidad es mucho menos romántica, que los primeros lugares de las listas de ventas están a menudo copados por obras no demasiado bien editadas, que no esconden sospechosas similitudes con títulos que fueron éxitos comerciales, a veces escritas por encargo o aprovechando el tirón de determinados temas.

Pero como no debemos preocuparnos por las ventas, de momento vamos a pasar de esos rankings. Yo no me preocupo, de verdad que no. Mentiría si dijera que nunca los miro. Lo hago, y cuando alguna de mis obras ha escalado algunos miles de puestos en Amazon o en Kobo me alegro mucho, por supuesto. Ahora bien, una cosa es consultar el panel de ventas y otra estar obsesionado por encontrar la manera de posicionarse en el top 100 a perpetuidad.

Esa energía empleada en lo que no es escribir la vamos a echar de menos. Yo al principio también me llegaba a obsesionar porque mi libro se vendía muy poco, no comprendía que la gente no se lanzara a por él, con lo bien que lo promocionaba, con los artículos tan chulos que escribía en mi blog y las ideas tan originales que tenía. Pero es que, y esto hay que tenerlo grabado a cincel en el cerebro, la gente no tiene por qué interesarse por lo que tú haces. En el mundo actual recibimos millones de estímulos a diario, un porcentaje altísimo de los cuales tienen una pretensión comercial. El nuestro es sólo uno más.

Sí, ya, muy optimista no me está quedando la cosa…

Va, ha llegado el momento de las propuestas. Hemos quedado que lo primero e imprescindible es escribir, con pasión, honestidad y con la mayor profesionalidad, para crear algo que realmente valga la pena. Para que el mundo sepa que existimos hay que tener presencia en las redes sociales, así que todo escritor que se precie necesita un blog, en el que a ser posible ofrezca contenidos originales e interesantes, que no sean un corta y pega de otros blogs. Mi experiencia me dice que la mejor manera de conseguir lectores, personas que se interesen por nuestro trabajo, es mostrarnos tal y como somos (honestidad, ¿recordáis?), y, sobre todo, bajo ningún concepto, usar el blog para bombardear con las excelencias de nuestros libros.

Yo escribo sobre lo que me apetece: mi aventura literaria, cuestiones de actualidad, mis viajes… Sé que hay métodos mucho más directos y agresivos, que probablemente funcionen a corto plazo, pero he llegado a la conclusión de que prefiero labrarme un “nombre” poco a poco. Definitivamente, el boca-oreja es el mejor método para consolidar una carrera literaria, y estoy convencido de que quienes lleguen a leer mis libros porque antes se han sentido a gusto leyendo lo que escribo en ‘la recacha’, se convertirán en seguidores fieles.

Probablemente, una de las cosas más complicadas en la jungla en que se ha convertido el mercado editorial es la fidelización. Tengo la sensación de que muchos lectores de esos bombazos comerciales que encabezan las listas no recuerdan a sus autores. Y uno de los mayores placeres que puede llegar a experimentar un escritor es que un lector le diga que está esperando su próxima obra. Cuando uno autopublica sus novelas cada lector fiel es un tesoro al que mimar. Pero, claro, para fidelizarlos hay que poner a su disposición obras que puedan leer. Por eso digo que la herramienta fundamental de promoción es escribir.

Con una sola novela en el mercado es prácticamente imposible lograr una mínima visibilidad, pero si lo hacemos bien, si conseguimos que guste, aunque sea a lo que un principio nos pueda parecer una cantidad ridícula de personas, a medida que vayamos publicando ese número irá en aumento.

A mí me ha funcionado implicar a la gente en mis proyectos, no quizás para lograr ventas inmediatas, pero sí para establecer lazos con personas dispuestas a ayudar en la medida de sus posibilidades. Creo que es una buena idea escribir sobre la propia experiencia, sobre la manera como afrontamos el proceso creativo, las dificultades que encontramos, hablar de los proyectos en que estamos trabajando. La clave, insisto, es ser honesto. La falsa modestia y la ostentación son muy malas compañeras.

Una de las cosas de la que me siento más orgulloso es el haber podido presentar mis novelas, El viaje de Pau y Con la vida a cuestas, en los lugares donde se desarrolla buena parte de la trama, Bielsa, en el Pirineo Aragonés, y Babia, en León. Si los emplazamientos de vuestras historias son importantes en el desarrollo de las mismas, una buena táctica de promoción es gestionar la posibilidad de organizar presentaciones y buscar puntos de venta en la zona.

Estoy llegando al final y me queda la sensación de que no he arrojado demasiada luz sobre el asunto de la promoción. En verdad, en Internet encontraréis montones de artículos sobre el tema repletos de claves y recetas “infalibles”. En varios de ellos deben asegurar que llenar Facebook y Twitter de spam sobre tus novelas es una gran idea, y que lo primero que tienes que hacer cuando te abres una cuenta en cualquier red social es lanzar solicitudes de amistad a diestro y siniestro con enlaces a tus ebooks en Amazon. Si no, no me explico semejante plaga de best-sellers en potencia, que, dicho sea de paso, a mí me pone de los nervios. Promoción, sí, pero sin ser plasta.

Y ahora, venga, a escribir.