Acorralado
En aquel sector estaría a salvo por algún tiempo, sabía que no podía confiarse pero el patrón que seguía era relativamente similar a lo largo de los días, lo cual le daba cierta calma. Sabía que allí podría descansar, pero nunca profundamente. Solo por un rato, hasta que debiera reubicarse.
Algunas veces se sentía terriblemente hastiado por la necesidad de moverse continuamente buscando estar a salvo, pero en otros casos, ni siquiera recordaba su fatiga, dado que no podía darse el lujo de dejar de prestar atención.
Solía sentir cómo el temor brotaba como lava hirviendo desde el fondo de su ser, pero con el tiempo se fue acostumbrando, y el volcán se calmó, aunque de vez en cuando el volcán entraba nuevamente en erupción, y sentía el calor que lo invadía, desde lo profundo de su alma, hasta brotar por su boca, orejas y nariz. Luego se daba cuenta de que esto sucedía cuando recordaba el miedo que había sufrido alguna vez. En realidad, lo que vivía era una reacción a aquel temor que alguna vez hubiera sentido, y esto reavivaba el volcán, hasta que la lava brotaba, y se derramaba por su cuerpo hasta llegar al suelo. Nunca la había visto, pero no era necesario verla.
De pronto se dio cuenta de que se acercaba, sabía que acurrucándose un poco más estaría a salvo por un rato, pero no demasiado. Existía la posibilidad de que quedara encerrado, y si eso sucedía no habría escapatoria. Es por ello que no podía confiarse, debía esperar a último momento, y luego, cuando el espacio de al lado fuera suficientemente seguro, entonces pasar a la nueva posición, en donde se resguardaría por completo.
Mientras tanto volvió a pensar en su pasado, en aquel temor que sintió la primera vez, aunque en realidad no estaba seguro de estar recordando aquella sensación primera de temor, sino el recuerdo de aquella sensación, o mejor aún el recuerdo del recuerdo, de aquella sensación. Sí, se autoconvencía de que así debía funcionar. La memoria se abastecía de recuerdos, que no eran verdaderos, ya que uno cree que está recordando aquello que le viene a la mente, como una imagen de lo que sucedió, sin embargo lo que en realidad sucede muchas más veces de las que uno creé, es que lo que recuerda, no es aquella primera imagen, original y pura, sino una imagen tomada de aquella primera experiencia. Más aún, estaba convencido de que aquella era una manera de ahorrar espacio en la mente, en la memoria. La mente solo guardaba la idea, el concepto del recuerdo, y luego cuando uno lo quiere traer a la luz, recordarlo, lo que la mente hace es reconstruir una escena que satisfaga lo que uno creé haber vivido, sí, así debía ser, se decía.
De pronto se exaltó, nuevamente casi lo alcanza, no podía darse el lujo de distraerse de aquella manera. Ya faltaba poco para tener el descanso largo, aquel que más esperaba, que más disfrutaba. Para el cual vivía.
Se preparó, y cuando estaba por ser alcanzado, entonces se corrió al nuevo espacio en el que se encontraría seguro. Luego se relajó nuevamente, por suerte había logrado realizar un movimiento eficaz y así continuar a salvo.
En la nueva posición, se acomodó, esta vez de pié, era diferente a las anteriores, cada espacio al que se movía tenía sus particularidades, en este caso, lo que más odiaba era tener que permanecer de pie, ya que si se sentaba, podía ser alcanzado fácilmente. Al estar de pie, la parte baja de su pierna, la que está entre el pie y la rodilla, permitía utilizar aquel pequeño espacio, sin ser alcanzado. Podía mover sus brazos, incluso su torso, pero nunca sus piernas, nunca si pretendía permanecer a salvo. Inclusive había un momento en el que quedaba literalmente atrapado, era imposible salir, era como si tuviese una cadena en los tobillos. Porque en aquella posición, quedaba un espacio, que pasaba justo entre sus tobillos y la pared, en el cual él debía colocarse para permanecer a salvo. Sabía que un pequeño movimiento podría ser el fin. No era fácil, debía concentrarse, seguir adelante, mantenerse quieto.
Cada vez que se hallaba en aquella posición pensaba que mantenerse quieto, estático, lo desgastaba más que moverse. Si bien, desde que debía cuidarse de ser alcanzado no podía moverse demasiado, aquella situación lo desgastaba en demasía.
Había calculado anteriormente que si saltaba, podría alcanzar una posición en la que tal vez se encontraría seguro por algún tiempo más. Pero era arriesgado. Tan solo de pensarlo, comenzaba a transpirar, sabía que el riesgo era inmenso, y que podría ser el final, así que terminaba por desestimarlo.
Poco a poco la amenaza comenzó a alejarse, y entonces él pudo respirar tranquilo. La nueva posición que debía adoptar, para seguir a salvo no era tan incómoda, solo debía levantar una pierna bien alto, pasar sobre la amenaza, y luego pasar la otra. Entonces se tendía en el piso, y allí debía permanecer por un buen rato.
Era increíble que no fuera detectado, en aquel momento pasaba sobre él, la podía ver claramente, sin embargo, por algún motivo, él no era percibido. Si bien era perseguido, continuamente, sin descanso, desde hacía mucho más tiempo del que cualquiera creyera posible sobrevivir a una persecución tal, nunca había sido alcanzado.
De pronto notó una sensación extraña en la punta del pie, cuando se dio cuenta de que podría haber sido alcanzado, dirigió su mirada temerosa violentamente hacia su pie, y vio que estaba prácticamente en el límite, a punto de ser alcanzado. Bruscamente, como dando un salto y con una expresión de pánico dibujada en el rostro, se reubicó en la última posición. Sentado, hecho una bolita, con los glúteos apoyados en el piso, los muslos pegados al pecho, y los brazos abrazándose las piernas para tenerlas bien cerca de su cuerpo, y ocupar así menos espacio, adoptando una posición más segura.
No podía tranquilizarse, su respiración estaba acelerada, y el volcán se activó como lo hacía mucho tiempo atrás, la lava brotaba y lo quemaba por dentro. No se atrevía a mirar su pie, temía dejar de prestar atención, quería estar seguro de que a pesar de haberlo rozado no lo había detectado. Parecía que no, que nada sucedería, pero temía que fuera una estrategia, que estuviera disimulando para que él bajara la guardia y alcanzarlo entonces por completo, sin dar lugar a que se escape.
Ahora temía por su pie, no sabía que podría sucederle, la sensación que le había quedado en la punta del dedo era muy extraña, era similar a la de la lava, pero esta vez de afuera hacia adentro, creyó que se prendería fuego, y que poco a poco lo consumiría por completo. Pero se tranquilizó cuando la sensación de calor comenzó a desaparecer, poco a poco fue sintiendo su dedo igual que los demás. Recién entonces pudo tranquilizarse.
Por suerte se había salvado, pero aquello no podía volver a suceder, la suerte había estado de su lado, y no siempre sería así. No podía confiar en la suerte.
Poco a poco comenzó a extender las piernas y quedó sentado, con la espalda apoyada en la pared, y las piernas extendidas apoyadas en el piso.
Los párpados le pesaban, pero aún faltaba un poco para poder dormir, debía aguantar un poco más.
Cuando llegó el momento se tendió en el piso y se durmió. Si bien aquel era el momento en que podría manejarse con mayor libertad, también era el único momento en que podía descansar, y no podía darse el lujo de quedarse dormido mientras la amenaza estuviera allí. Así que cuando llegaba el momento, aprovechaba para dormirse lo antes posible. Sabía que aquello era vital para sobrevivir aunque sea, un poco más.
Por fin había llegado la noche, y él pudo dejar de escapar de la amenaza, de la luz del sol que entraba por la ventana, y que lo perseguía lentamente, a lo largo del día. Hasta que amaneciera nuevamente y continuara su fuga a través de los rincones más remotos de su mundo, de su habitación.
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18/08/2012
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