Calor intenso

Sintió en su pecho un calor intenso.

Él pensó que fue instantáneo que todo se había dado de una manera muy violenta. No escuchó ninguna detonación pero desde ese instante sentía que se quemaba por dentro.

De pronto, notó que sobre su piel un líquido ardiente comenzaba a bajar bañándolo del pecho para abajo.

No sentía dolor aunque la sensación le indicaba que algo malo estaba sucediendo.

Los demás todavía no estaban enterados de lo que sucedía porque no se escuchó exclamación de dolor o grito o al menos advertencia que debían cuidarse que ellos también podrían experimentar el impacto. Todos mantenían el orden, uno detrás de otro esperando su turno y dispuestos a salir y enfrentar la cruel realidad.

El calor era tremendo pero peor era sentir como si estuviera desangrándose. Su cuerpo ya no era el mismo, su color había cambiado y las posibilidades de volver a lo que antes fue se habían esfumado como el humo negro que veía subir de aquel transitorio claustro donde lo acomodaron.

Su suerte estaba echada. Una lápida blanca, lisa, brillante y circular estaba acomodada para recibir su cuerpo ya tieso y lo peor es que cinco o seis más seguirían ese horrible destino.

Pobre pan, ahora tostada con mantequilla. Su tumba sólo dice: buen provecho.

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Comentarios:


NEUROMANTE
Hace 291 días

No pude evitar sonreir con el final. Así debe ser un cuento, con un final que nunca se espera. Bien. Saludos.


Maruja Rufes
Hace 176 días

Luis, bravo!!!!! me estaba metiendo en una historia, con imágenes incluídas, y al llegar al final, casi con avidez, lo reconozco…sorpresa!!!!! y risa!!!! por supuesto. Muy bien, la imaginación poder, sí señor. Un besito

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