Me quiero ir
La música va a guiaros en las rutas de carretera y con la canción justa para cada momento de la historia. Asistiréis a conversaciones no demasiado convencionales, de las que sólo se dan en circunstancias especiales como las que crea el autor describiéndonos con precisión desde el paisaje hermoso de los escenarios en los que se encuentran, hasta la distribución en la que se sientan a la mesa y la comida que degustan. La descriptiva nos enseña en cada párrafo una realidad del espacio en el que están situados los protagonistas. Un cuadro perfecto.
Para comprender mejor lo que el autor intenta transmitir tendremos que fijarnos en que cada personaje nos va a aportar las claves necesarias en sus diálogos internos narrados desde su sí más profundo para que, con todas esas caras, construyamos el poliedro perfecto que va formando la polifonía de sus voces para la comprensión de la novela. Todos los personajes son importantes, hasta los más insignificantes.
Un añadido, las líneas que nos brinda Asier Triguero están impregnadas de amor, amor del bueno, que es un valor raramente desechable. Disfrutarla.
Reseña cedida por Javier Arnaiz
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4/06/2012
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