CADA COSA EN SU LUGAR

Escrito por NEZTOR

 
 
Regresaba de un paseo nocturno, cuando sobre el umbral de su puerta angustiada hallé a Matilde. La anciana lloraba secándose los ojos con un estrujado pañuelito bordado que apretaba con ambas manos. Intuí que algo malo había pasado. Aligeré entonces el paso. - Es Benjamín… – dijo y entendí sin que mediara una palabra más, lo grave  de aquello. Recorrí el pasillo hasta que al llegar a la entornada puerta de su apartamento. La abrí y allí estaba el viejo. Sentado en su sillón preferido, aun con el diario extendido en su falda. Con los ojos cerrados para siempre. Regresé a la calle y le ofrecí a Matilde encargarme de todo. Asintió agradecida y luego la acompañé a la casa de un vecino. Al otro día, cuando regresábamos del cementerio me confesó que no volvería por el momento a su casa y que la acompañara, como último favor, a lo de una amiga. –En la casa todavía está él. No voy a poder evitar verlo “vivo” en todas partes. Prefiero esperar a que se vaya definitivamente para volver-. Luego dándome las llaves, me suplicó que le cuidara las plantas y a su gato. Así lo hice y descubrí que tenía razón: Benjamín no se había ido. Sentía su calidez en todas partes. En su sillón, en sus gafas, en sus pantuflas, en la manguera de regar… En el silencio de la casa vacía lo podía escuchar. Su gato se cruzaba por mis piernas ronroneando y en cada maullido se me hacía que era él el que me hablaba. Pasadas las semanas una mañana Matilde regresó. Tras llamar a mi puerta me alegro verla sonriéndome.   -Ya está… seguro que ya se fue, ahora puedo entrar. Tengo mucho trabajo que hacer- Me ofrecí para ayudarla. –No no … Es un trabajo que tengo que hacer sola. Ya lo entenderás cuando llegues a mi edad. Ahora debo colocar cada cosa en su lugar “para cuando vuelva.” -     No me esforcé en entenderla. Sabía que si dejaba pasar el tiempo, ya lo averiguaría. Y así fue.  Llegadas las fiestas de fin de año  fui una tarde a saludarla. Me invitó un trozo de su pan dulce casero y café y allí descubrí que Benjamín, tal como ella lo tenía previsto, había regresado. Su retrato estaba en varios lugares de la casa. Siempre sonriendo, jugando con sus nietos, abrazado a ella, de vacaciones con sus hijos, de joven en la milicia. Feliz como siempre se mostró ante la vida. Había vuelto en los recuerdos gratos ¿y saben qué…? “encontró todo en su lugar, tal como siempre pugnó que estuvieran a pesar de los pesares.”

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Comentarios:


Juan Ignacio
Hace 374 días

Excelente micro, Neztor. Y Matilde tiene razon: los muertos a veces no se van. Felicitaciones y estrellas.


Esperanza
Hace 374 días

Muy buen escrito Neztor y es cierto que no se van mientras los mantengamos en nuestros recuerdos.
Enhorabuena.


Tomicar
Hace 374 días

Me ha gustado tu micro, Neztor. Saludos.


NEUROMANTE
Hace 373 días

Un texto con una gran carga emocional, y muy humano. Me gustó bastante. Perfecto y estrellas.

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