De Alas y de Abismos

Escrito por LetrasDelLoco

  

Para Ariella,
la de las Bellas Alas
y para Ana Karen,
quien se atrevió a volar…

 

 

Las tenías guardadas en un rincón oscuro y cómodo de tu armario. Ahí, en lo profundo, arrumbadas junto con todos los sueños y tus escritos y las leyendas y la poesía y todo eso que no sirve para nada, que no paga tus cuentas, que no es real, ni sensato, ni práctico, ni útil.

 
El polvo las cubría con una suave capa de olvido; perdían poco a poco su brillo, pero por las noches, cuando estabas sola, el reflejo mortecino que se colaba por la rendija debajo de la puerta iluminaba tus sueños.
Aún así, siempre fue preferible cerrar los ojos, callar las ansias, apagar el fuego.
Siempre fue más cómodo hacerle caso a todos aquellos que te dicen que sólo sirven para romperte el alma.
 
Siempre fue deseable caminar al ras del suelo, junto con los otros, y consolarte diciendo que al fin y al cabo así eran mejor las cosas: pequeñitas, manejables, previsibles… mezquinas.
 
¿Para qué sirven las Alas, sino para trastocarlo todo? ¿De qué sirven?, Si al desplegarlas, tiran la lámpara y los libros de la sala; rompen la ventana y asustan a tus gatos; arruinan las plantas de la vecina, quien piensa que esa idea exótica de tener alas es sólo un gran estorbo, otra más de tus locuras.
 
¿En qué momento las arrancaste de tu espalda y las guardaste, perfectamente bien dobladas? Es mejor olvidarlo, como llegaste a olvidar tras largos años, el terrible escozor que su recuerdo te provocaba. Mejor no usarlas, no sobresalir, no emprender el vuelo para el cual fueron hechas.
 
La solución fue cargar con el peso de lo cotidiano, llenarte de obligaciones y compromisos que nadie como tú cumplía. Tus pies fueron echando raíces y con ello conseguiste hacer como que no te importaba todo aquello a lo que habías renunciado: tus sueños; la libertad; El viento sosteniéndote en las alturas; la vista lejana; el vértigo de quien siempre está apunto de caer a pique y sólo en el último momento recupera el control.
Pero no importa cuánto lo niegues. Naciste con Alas y eso tarde o temprano se paga. Con sangre.
Y entonces llegué yo.
 
 
De tanto que me lo dije, un buen día me convencí que la felicidad y yo éramos extraños. Enemigos irreconciliables.
 
El dolor anidó en mí y se convirtió en mi amante. Ya no busqué la paz, sino la resignación; ya no más sentir; acaso, entender.
El peso del naufragio. La culpa del superviviente. La incomprensión del Para Qué de todo esto. La inconsolable pena por la pérdida. El horizonte nublado, reducido, sin color. La impotencia y el desánimo. La virilidad perdida. El sentido extraviado. La desesperanza. El deseo de volver atrás, siempre presente.
Los tentáculos traslúcidos, invisibles, fuertes como una telaraña, se enrollaron largo tiempo en mi cuerpo, sofocándolo. Penetraron por mis ojos, mis oídos, mi boca, mi sexo. Y yo lo permití.
 
Pero sin saberlo, sin apenas sentirlo, la Vida realizó la metamorfosis. Eliminó todo sobrante, todo lastre inútil. Desbastó la dura capa de conformismo y letargo. Incendió mi interior adormecido. Abrió a la intemperie mi entraña entumida.
 
Y luego el dolor. Ola sobre ola de sufrimiento sin pausa, viaje interminable al Abismo insondable. Desasosiego. Desesperación. Vacío. Cerrar por fin el ciclo…
 
Y entonces llegaste tú.
 
Nos encontramos como por accidente, como por no dejar, como quien, cansado de buscar, hace tiempo que ha renunciado y sólo entonces, encuentra.
Me llevaste a tu guarida, y yo, impertinente, abrí la puerta de tu armario, hurgué sin recato alguno entre tus ropas, abrí cajas y cajones; me guié por el instinto y las vi, ahí colgadas.
Tú te colaste sin permiso en mi oscura madriguera; abriste ventanas nuevas sin mi permiso, sin importarte en nada mi luto apolillado, mi rancia soledad.
En tanto yo sacaba de su encierro tus alas, tú barrías mis escombros, y encontrabas, enterrado, el valor que ni yo mismo conocía. Ambos compartimos la sorpresa del hallazgo.
Nos vimos a los ojos y supimos que todo el tiempo transcurrido, todas las llamadas sin respuesta, todo el dolor, toda la noche fría en el alma, habían sido el camino necesario para encontrarnos frente a frente, desnudos, sin defensa ante el reto inesperado, ante este capricho de la Vida, que nos tomó como piezas de un ajedrez indescifrable, y nos colocó a ambos en jaque, lanzándonos la pregunta ineludible:
¿Para qué sirven las Alas?
¿Qué hay más allá del Abismo?
 
Aún es tiempo, te dije. Puedes cerrar tu puerta de nuevo, lanzarme de tu casa, barrerlo todo para que no quede una sola huella de mis pasos. Puedes rasgar tus sábanas manchadas de mi semen y desterrar el recuerdo de nuestros cuerpos incendiados. Puedes hacer como yo, contarte la mentira una y otra y otra vez, hasta creer que mi tránsito por tu cuerpo fue tan sólo un espejismo, que las marcas de mis labios y mis dientes en tu piel son sólo una alucinación táctil. Puedes convencerte que aunque me hayas encontrado, no era yo a quien buscabas.
Y yo puedo aún refugiarme en mis recuerdos más doloridos. Puedo volverme a excavar aún más en mi cómodo agujero. O puedo salir corriendo, negar que mis sueños tienen tu rostro y tu cuerpo, decirme que los sueños eso son, retazos de inconciencia sin sentido. Puedo poner en mis bolsillos rotos tu recuerdo y dejar que la lluvia nocturna borre la huella de tus senos en la palma de mis manos, cerradas en un puño, volverme a decir que no existes. Que no te merezco, que así es mejor.
Porque si no lo hacemos, si desoímos la voz de la razón, alimentarás de nuevo mi locura, seguiré tocando tu fibra más sensible. No dejaré que vuelvas a guardar tus alas, y tú no permitirás que me hunda de nuevo en mi Abismo… Nunca más.
Aún es tiempo, huyamos de nosotros mismos, sin demasiadas heridas; seamos por una vez sensatos… O enfrentemos lo inevitable, con el corazón abierto.
 

Olivarito,
Città del Messico
Octubre 2005

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categoriaRelato commento6 Comentarios data25/02/2012 pdfPDF

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Comentarios:


VMONTEMAYOR
Hace 449 días

Muy buen relato, Alejandro, dramatico y muy sentido. Solamente, tal vez un poco largo para micro. Un abrazo


Sindel
Hace 448 días

Tengo que confesarte que acabo de leerte y me caen las lágrimas.
De principio a fin este texto es maravilloso, poético, y tan plagado de realidad…
Será que me siento bastante identificada, por la búsqueda, por el encuentro, porque sé que tengo que volver a colgar las alas antes que se me desgarren en el vuelo, pero no puedo… Sencillamente no me resigno a volver al suelo, prefiero caer, y que la caída duela, seguramente no va a ser tan dolorosa como el renunciamiento.
Gracias por escribir así.
Un beso.


Pablo Vázquez Pérez
Hace 448 días

ezs un buen relato, descarnado y lleno de metáforas, pero me parece un relato, no un microrrelato por extensión demasiado larga, por esta razón no lo voto. Saludos.


Mercedes Ridocci
Hace 447 días

literario y profundo relato
Un abrazo.
Mercedes.


Muriel Dean
Hace 447 días

Muy buen relato. Lo lei mientras escuchaba Requiem por un sueño y aun me gustó más.


LetrasDelLoco
Hace 447 días

Gulp.
me quedo sin habla ante sus comentarios, Vicente, Querida Sindel, Pablo, Mercedes, Muriel… me siento muy halagado y honrado por lo que pude mover de fibras sensibles con estas palabras puestas a la venta y tan bien recompensadas…
Por cierto, no sé si es legal, lo moveré al apartado de relatos, yo mismo coincido en que es largo para ser micro, pero bueno, logró captar sus atenciones, así que bien valió la pena el dislate…
saludos y abrazos… Con alas que sobrevuelen el abismo

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