El polaco y la geisha
Emi Abbott no llegó a disfrutar del sexo durante su largo matrimonio. Con su esposo siempre hacía la postura del misionero y confundía con un orgasmo el placer relativo que dicho acto le producía. Tampoco practicaban juegos de alcoba. Ella no permitía que la agasajara con un cunnilingus, aunque tenía la costumbre de regalar a su marido una corta felación el día de su cumpleaños, aplicándose el refrán de que “una vez al año no hace daño”.
Todo cambió cuando obtuvo el divorcio y conoció al polaco. La primera noche que estuvo con él y sintió dentro de su cuerpo la inmensa herramienta de su flamante pareja tocó el cielo en cada una de las arrancadas de sus movimientos rítmicos. Entonces supo lo que era un orgasmo con todas sus letras y fue consciente de que lo que sentía con su ex marido no merecía tal calificativo.
La generosidad era una de las cualidades de Emi y, precisamente por eso, se propuso ofrecer al polaco, como mínimo, el mismo placer que ella recibía. Además, le preocupaba el hecho de que él no llegara a correrse después de horas interminables practicando el sexo. Aunque el hombre le aseguraba que gozaba y le insistía en que olvidara el asunto, decidió convertirse en su alumna y mejorar sus artes amatorias. Un período en el que Emi se propuso convertirse en geisha para complacer a su hombre y eliminar cualquier atisbo de tabú o inexperiencia en el momento en que sus cuerpos se fundían en el lecho.
“Un hombre siempre te recordará por el placer que le proporciones cuando tengas su arma en tu boca”, aseguraba el maestro con insistencia durante aquel proceso de aprendizaje en el que ella, como su alumna más aplicada, se esforzaba por introducir al completo el gran pene en su boca sin que un solo amago de arcada apareciera para entorpecer su quehacer. Los músculos de su garganta, acostumbrados a ejercitarse con semejante herramienta, se dilataban de tal forma que eran capaces de acogerla sin sobresaltos. Asumió su papel con tal veracidad que convirtió en suyo propio el placer ajeno. Sonreía orgullosa y convencida de que solo una auténtica geisha como ella era capaz de semejante proeza. En sucesivos encuentros llegó a hacerlo tanto y con tan buenos resultados que consiguió que la verga inconmensurable de su compañero le alcanzara la garganta una y otra vez. Triunfar con semejante gesta le costó una infinidad de ejercicios de relajación; de técnicas de control de la respiración; de pruebas en diversas posturas… Y no dio por superado el reto hasta que sintió el líquido blanco y pegajoso recorriendo con sigilo toda la extensión de su rostro…
En resumidas cuentas: Emi seguía a rajatabla las explicaciones de su pareja y ensayaba con grandes dosis de paciencia cada una de sus lecciones. No le importaba el tiempo porque se paraba durante sus citas con el polaco. Los móviles se quedaban mudos, el timbre se convertía en piedra, el sueño se esfumaba y los estómagos aguantaban el hambre. El sexo los absorbía tanto que llegaron a conformarse con un solo caramelo en el cuerpo desde un viernes por la tarde hasta la mañana del siguiente lunes. La cantidad y la calidad de lo que había entre ellos era tan alta que los adioses resultaban cada vez más difíciles. Emi empezó a faltar al trabajo con excusas más o menos hábiles y a solicitar a su madre con demasiada frecuencia que se hiciera cargo de sus hijas adolescentes. Y el polaco perdió tantos aviones que tuvo que pedir a su compañera dinero prestado para hacer frente a los gastos cotidianos. La vorágine sexual y vital que los envolvió les duró mucho y regaló a sus cuerpos las fantasías más audaces que la mente de cualquiera pueda imaginar.
RoCastrillo
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Comentarios:
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22/02/2012
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Pablo Vázquez Pérez
Hace 85 días
Buenas. Me gustó el título y la expresividad y manera de ir al grano, sin rodeos. Está bien escrito pero creo que pierde fuelle en las últimas líneas, no es un desenlace a la altura del resto del relato. Suerte.
Juan Ignacio
Hace 85 días
A mi me parece un relato meramente porno.
RoCastrillo
Hace 85 días
Gracias por vuestros comentarios!
Todas las opiniones son respetables, pero considero que el relato es erótico, no porno. Respecto al final, no te falta razón en lo de que pierde fuelle. Os invito a leer más relatos en mi blog http://abremeloya.over-blog.es
Montse Acevedo
Hace 85 días
Distinto a lo que estamos acostumbrados, pero no por ello menos bueno. Estoy de acuerdo con Pablo. El final llega demasiado acelerado.
Un saludo
RoCastrillo
Hace 85 días
Gracias por tu aportación y tu comentario, Montse. Saludos cordiales,
RoCastrillo
VMONTEMAYOR
Hace 85 días
Altamente erotico, pero muy bueno. Coincido con que le falto un buen remate al final.
RoCastrillo
Hace 84 días
Reconozco que el final es flojo. En fin, estas cosas pasan… Gracias por el comentario
Puedes encontrar más relatos en mi blog http://abremeloya.over-blog.es
Muriel Dean
Hace 83 días
Me gustó esta frase: “Un hombre siempre te recordará por el placer que le proporciones cuando tengas su arma en tu boca” y no pq la vea como algo positivo, mas bien al contrario. Pero me hizo pensar. El relato me gustó, sobre todo pq es bastante explícito y eso me gusta, además la literatura sexual, erótica y romántica es de las más difíciles de escribir para mí.
Me falto, eso sí, como dijeron arriba, un buen final.
Un saludo
RoCastrillo
Hace 81 días
Gracias por tu comentario. Respecto a la frase, por si te interesa, la he escuchado en la realidad y la he utilizado en este relato de ficción. Siempre he pensado que no hay ninguna ficción que supere a la realidad, y las vivencias propias y ajenas se han encargado de confirmármelo. De acuerdo contigo en que la literatura erótica es difícil de escribir, pero si te gusta y te pones a ello resulta, como todo, cuestión de práctica. Yo escribo relatos eróticos a diario. Puedes leerlos en mi blog http://abremeloya.over-blog.es. ¡Te animo a visitarlo!
Saludos cordiales,
RoCastrillo